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El chivo expiatorio de Obama ahora es S&P – Jorge Valín

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El Gobierno americano ha presentado una demanda judicial contra S&P y su matriz, McGraw Hill, por las calificaciones de bonos hipotecarios realizadas en el tiempo anterior a la crisis. Según fuentes del propio Gobierno:

“Consideraciones sobre cuotas, cuota de mercado, ganancias, y relaciones con los emisores influyeron indebidamente en los criterios y modelos de calificación de S&P”.

La demanda se debe a que se equivocaron y porque, según el Gobierno, las recomendaciones sobre tales activos eran interesadas, esto es, estaban motivadas por el propio lucro. ¿Realmente creemos que la crisis mundial se produjo por los informes de S&P? Hemos de recordar que:

  • S&P funciona bajo una licencia del propio Gobierno americano. Si una década después se han dado cuenta que la empresa ha “manipulado” información para su propio interés es que los propios órganos reguladores estaban igual de untados o simplemente son una panda de inútiles.
  • La única organización con capacidad real para manipular el mercado no es más que el propio Gobierno y sus bancos centrales con la emisión desproporcionada de dinero que ha durado décadas.
  • Las empresas subprime fueron una invención del propio Gobierno que se unieron a empresas privadas para multiplicar su efecto expansivo. Y ambas las que crearon la crisis, no las recomendaciones de S&P.
  • La discrecionalidad del Gobierno oculta intereses partidistas. ¿Por qué no denuncian a Moody’s o Fitch que hacían los mismos informes? La respuesta la podemos en una reacción similar ocurrida el año pasado. El 6 de abril de 2012, la empresa de calificación Edgan-Jones rebajó el rating de Estados Unidos. Apenas tres semanas después, la Security Exchange Comission (SEC) presentó cargos contra Egan-Jones y su presidente por presuntas mentiras. Solo fue una represalia contra la empresa privada por la rebaja de rating. La denuncia del Gobierno contra S&P solo es una operación de maquillaje para exculpar la responsabilidad del Gobierno americano.
  • El Gobierno no tiene forma de demostrar que S&P mintió en sus informes. Si S&P es culpable, no solo lo son el resto de empresas de rating, sino miles de periodistas, analistas y propios burócratas del Gobierno que avalaron este tipo de activos financieros, entre ellos, el antiguo Presidente de la FED, Alan Greenspan.
  • La estupidez humana no se cura mediante pleitos. Sin duda, S&P se equivocó con sus recomendaciones, se dejó llevar por la euforia del momento; como todo el mundo hizo. La denuncia no es más que una muestra de fuerza para limitar la libertad de expresión y aumentar el Estado Policial sobre el mercado.
  • No se va a arreglar nada. En el caso poco probable que gane el Gobierno, el dinero será transferido a la propia administración para reforzar el bienestar de los políticos.

Tan absurda es esta demanda como que el mayor asesino del Planeta también sea un Premio Nobel de Paz y esté liderando el mayor y más letal ejército del mundo. El único culpable del terrorismo financiero no es S&P, ni los bancos, ni los incautos que contrataron subprimes, ni los analistas que fueron incapaces de ver el desastre que se nos venía encima; es una política de gasto  gubernamental desbordado, de dinero barato emitido por los bancos centrales y de una manipulación constante del Gobierno sobre el mercado. S&P no fue más que uno de los brazos involuntarios de la propaganda estatal que prometía una “sociedad de propietarios” a costa de hipotecar nuestro bienestar futuro. Si quieren acabar con este problema de verdad, que envíen al paro a todos los miembros de la FED, la cierren para siempre, apliquen lo mismo a los otros órganos reguladores y cierren todos los costosos, absurdos y dañinos programas del Estado que solo sirven para los intereses de los políticos y ganar votos.

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David Hume y la teoría monetaria – Murray Rothbard

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

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David Hume (1711–1776), el famoso filósofo escocés, era un amigo cercano de Adam Smith  que fue llamado el ejecutor de Smith, cercano a Turgot y a los partidarios franceses de laissez faire y miembro de la élite moderada de la ilustración escocesa.

Nacido en Edimburgo e hijo de un lord escocés, Hume estudio en el continente, donde publico su notable trabajo filosófico, Tratado de la Naturaleza Humana (1739-1740), a la edad de 28 años. El Tratado de Hume fue crucial en su escepticismo corrosivo y destructivo, logrando desacreditar injustamente la filosofía de la ley natural, para crear una división artificial entre hecho y valor y así debilitar el concepto de derechos naturales en nombre del utilitarismo y degradar el análisis clásico-realista de causa y efecto.

No hay una figura más importante en la desafortunada desacreditación de la tradición filosófica clásica de realismo de ley natural, una tradición que había permanecido desde Platón y Aristóteles por lo menos hasta Aquino y los últimos escolásticos. En cierta forma, Hume completó el efecto corrosivo de la idea del  filósofo francés del siglo XVII René Descartes de que solo las matemáticas y la analítica precisas  pueden proveer conocimiento real. El  empirismo escéptico e inestable de Hume fue la otra cara de la moneda cartesiana.

Altamente influyente en las siguientes décadas, el Tratado de Hume fue ignorado en su tiempo y después de escribirlo lo convirtió en breves ensayos sobre temas políticos y económicos, y eventualmente en su entonces famosa Historia de Inglaterra en diez volúmenes, que presentaba desde el punto de vista tory.

Excluido de la academia por su escepticismo y supuesta irreligiosidad, Hume se unió al cuerpo diplomático y sirvió como secretario a Lord Hertford , el embajador británico en Francia. En 1765 Hume se convirtió en encargado de asuntos británicos en Paris, y dos años más tarde ascendió al puesto de subsecretario de estado. Finalmente, en 1769 se retiró a Edimburgo.

La aportación de Hume a la economía es fragmentaria, y consta de aproximadamente 100 páginas de ensayos en sus Discursos Politicos (1752). Los discursos se distinguen por su lúcido e incluso brillante estilo, un estilo que brillaba en comparación con sus eruditos pero monótonos contemporáneos.

La aportación más importante de Hume fue su elucidación de la teoría monetaria, en particular su clara exposición del mecanismo de flujo metálico-dinero que equilibra la balanza de pagos nacionales y los niveles de precios internacionales. Estrictamente, en teoría monetaria, Hume vivifica la teoría cuantitativa del dinero de Locke con un maravilloso ejemplo, remarcando el hecho de que no importa qué cantidad de dinero exista en un país concreto: cualquier cantidad, pequeña o grande, es suficiente para hacer el trabajo del dinero de facilitar el intercambio. Hume señaló esta importante verdad postulando lo que pasaría si cada individuo encontrara que de la noche a la mañana su dinero se hubiera duplicado milagrosamente.

Supongamos que, milagrosamente, a cada hombre en Gran Bretaña se le pusieran cinco libras en su bolsillo por la noche: esto superaría en  más del doble la cantidad de dinero que existe actualmente en el reino; sin embargo no habría, ni al día siguiente ni durante algún tiempo, más prestamistas ni variación alguna en los intereses.

Los precios por lo tanto, siguiendo la teoría cuantitativa del dinero de Locke, aumentarán proporcionalmente.

El mecanismo del flujo metáliso-dinero es la teoría cuantitativa extrapolada en el caso de muchos países. El aumento en la oferta monetaria en el país A causará que suban los precios; pero entonces los bienes en el país A ya no son tan competitivos comparados con otros países. Las exportaciones por lo tanto caerán, y aumentarán las importaciones de países con bienes más baratos.

La balanza comercial en el país A por lo tanto se volverá desfavorable, y el metálico saldrá del país A para pagar el déficit. Pero esta salida de metálico acabará causando una contracción aguda en la oferta monetaria en el país A, una caída proporcional en los precios, finalmente revirtiendo en el balance desfavorable.

Mientras los precios en A regresan a niveles previos, el metálico seguirá un flujo de regreso hasta que la balanza comercial se equilibre y hasta que el nivel de los precios en términos de metálico sea igual en cada país. Por lo tanto en el libre mercado hay actuando fuerza rápidamente autocorrectiva, que equilibra las balanzas de pagos y niveles de precios e impide que la inflación se incremente demasiado en cualquier país.

Mientras que la explicación de Hume es lúcida y cautivadora, supone un considerable deterioro respecto de la de Richard Cantillon. Primero, Cantillon no creía en la proporcionalidad agregada del dinero y cambios en el nivel de precios, sino que se adentra en un sofisticado análisis de microproceso del dinero pasando de una persona a la siguiente. Como resultado, los precios y el dinero no se incrementan proporcionalmente aun en el eventual nuevo estado de equilibrio.

Segundo, Cantillon incluyó el “efecto renta” de más dinero en un país, mientras que Hume se limitó al efecto del precio agregado. Resumiendo, si la oferta monetaria incrementa en el país A, se equilibrará no solo subiendo los precios en A, sino también por el hecho de que los activos monetarios y las rentas son mayores en A, y por lo tanto se gastará más dinero en importaciones. El efecto de esta renta, o más precisamente el balance de efectivo, generalmente trabajara más rápido que el efecto de los precios.

Hay más problemas en el análisis de Hume, además de la omisión de verdades previamente descubiertas. Pues aunque Hume concedía que no importa para la producción o la prosperidad cuál sea el nivel de la oferta monetaria, sin embargo sí daba  gran importancia a los cambios en esa oferta. Es cierto que los cambios si tienen consecuencias importantes, algunas de las cuales ya había analizado Cantillon. Pero el punto crucial es que todos esos cambios son disruptivos y distorsionan la actividad del mercado y la asignación de recursos.

Pero David Hume, de manera prekeynesiana, alababa los supuestos efectos revitalizadores hacia la prosperidad de aumentar y disminuir la cantidad de dinero y exhortaba al gobierno a asegurarse de que la oferta monetaria siempre se incrementara  al menos moderadamente. Dos prescripciones contradictorias de Hume pueden encontrarse en dos enunciados sucesivos:

De la totalidad de este razonamiento podemos concluir que no es de ninguna manera consecuente, con respecto a la felicidad domestica del estado, que el dinero exista en mayor o en menor cantidad. La buena política del magistrado consiste en mantenerlo y si es posible aumentarlo, porque eso significa mantener vivo el espíritu de la industria en la nación.

Hume continúa, de manera proto-keynesiana, afirmando que los efectos vigorizantes de incrementar la oferta monetaria se daba porque el empleo de mano de obra y otros recursos aumentaba mucho antes de que los precios empezaran a subir. Pero Hume se detiene (al igual que Keynes) justo cuando el problema se pone interesante: porque entonces debe preguntarse por qué había recursos previamente subempleados, y qué hay en un incremento de la oferta monetaria que pueda ayudar su empleo.

Como iba a señalar W.H. Hutt en los años 30, un análisis más profundo  muestra que la única razón posible para un desempleo indeseado de recursos es que el dueño de los recurso exija un precio (o salario) demasiado alto por su uso. Y más dinero solo podría reducir este desempleo cuando los precios de venta suban antes que los salarios o los precios de los recursos, para que los trabajadores y otros dueños de recursos sean engañados para trabajar por un salario real más bajo, aunque no más bajo en dinero.

Además, ¿por qué deberían los recursos ociosos, como postula implícitamente Hume, reaparecer después de que los efectos del nuevo dinero hayan sido totalmente digeridos por la economía  en forma de precios más altos? La respuesta solo puede ser que después de que se logre el incremento de los precios y se obtenga un nuevo equilibrio, los salarios y los precios de otros recursos se ponen al corriente y la “ilusión del dinero” se ha evaporado. Los precios reales de los recursos vuelven a ser extremadamente altos para que haya un empleo total de recursos.#

Las contradicciones internas de Hume sobre la cantidad de dinero e inflación permean sus escasos escritos sobre economía. Por un lado, la inflación continua durante siglos se describe como un catalizador del crecimiento económico, y por otro lado, Hume favorecía firmemente el uso de moneda ultra fuerte con relación al sistema bancario. Por tanto Hume realizaba un fuerte ataque a la propia existencia improductiva e inflacionista del sistema de reserva fraccional. Escribió

esas instituciones bancarias, fondos y créditos de papel con los que estamos tan fascinados en el reino. Este papel inútil equivalente a dinero, circulando por todo el estado, sustituye el lugar del oro y la plata, incrementa proporcionalmente el precio de la mano de obra y las materias primas, eliminando de esa forma una gran cantidad de esos metales preciosos, o impidiendo su incremento futuro. ¿Que podría ser más miope que nuestro razonamiento en esto? Nos gusta, porque un individuo sería mucho más rico, si su cantidad de dinero se duplica, el mismo efecto positivo que tendría cuando el dinero de todos se duplique; sin considerar que esto incrementaría del mismo modo el precio de todas las materias primas, reduciendo a cada hombre, con el tiempo, a las mismas condiciones previas.

Hume notó constantemente los inconvenientes que genera incrementar el dinero genuino (metálico), pero por lo menos se ve “compensado por las ventajas que obtenemos por la posesión de estos metales preciosos”, incluyendo poder de negociación con otras naciones. Pero agregaba “no hay razón aparente para incrementar ese inconveniente con dinero falsificado, que los extranjeros no aceptarán como pago y al que cualquier gran desorden en el estado reduciría a la nada”. Por tanto “procurar incrementar” el crédito de papel “artificialmente”, meramente incrementa el dinero “más allá de su proporción natural con el  trabajo y a las materias primas” aumentando así sus precios.

Hume concluía su penetrante análisis con una propuesta de política de dinero ultra-fuerte: una banca con reserva en metálico al 100%: “no debe permitirse que a ningún banco le pueda ser más ventajoso al guardar todo el dinero que recibe y nunca aumentar la moneda circulante”  Hume agregaba que ésta era la practica de 100% de reserva en metálico del famoso Banco de Ámsterdam.

Otra falla importante en el análisis del dinero de Hume fue su propensión, señalada y magnificada por Smith, Ricardo y la escuela clásica, de saltar de un equilibrio a largo plazo a otro, sin preocuparse por el proceso dinámico a través del tiempo por el cual el mundo se mueve realmente de un estado a otro. Es esta brusca negligencia (o “estática comparativa”) la que lleva a Hume a omitir el análisis de Cantillon de micro cambios en balances de efectivo y rentas y provoca que ignore los efectos de la renta en el mecanismo de flujo metálico-dinero de ajuste monetario internacional.# Irónicamente, al hacer esto, y por tanto ignorar los “efectos de distribución” de los activos y rentas cambiantes durante el proceso, Hume (al igual que incontables economistas después de él) distorsiona lo que sucede con el propio equilibrio. Pues no pueden ver que el nuevo equilibrio será muy diferente del anterior. Por lo tanto, cuando cambia la oferta monetaria, no habrá un incremento igualmente proporcional en todos los precios.

El profesor Salerno plantea muy bien este punto:

hay algo de verdad en la afirmación de Keynes de que (…) “Hume comenzó la practica entre los economistas de subrayar la importancia de la posición de equilibrio comparada con la siempre cambiante transición hacia ella”. Ya que, al leer a Hume, uno tiene la inconfundible sensación, si no la total, de que es en el estado equilibrio a largo plazo en el que reside la economía la mayor parte del tiempo. Hume concibe la transición entre estos estados como algo que se producía rápidamente y termina antes de que otro cambio en los datos económicos pueda intervenir e impulsar a la economía hacia un nuevo equilibrio. Esta noción lleva a veces a Hume a truncar un análisis completo paso a paso de los datos cambiantes, aligerando u omitiendo completamente así los efectos a corto plazo para enfocarse en un análisis estático comparativo de sus últimas consecuencias.#

En realidad, como han enfatizado los austriacos, la situación es precisamente la opuesta a supuesta por Hume y los clásicos británicos. En lugar de que el estado de equilibrio a largo plazo sea la realidad fundamental, éste nunca existe siquiera. El equilibrio a largo plazo provee la tendencia hacia la que el mercado se mueve siempre, pero nunca se alcanza porque siempre están cambiando los datos subyacente de oferta y demanda (y por lo tanto el punto definitivo de equilibrio).

Por lo tanto un análisis completo paso a paso de un cambo especifico en los datos es precisamente lo que se necesita para explicar el proceso sucesivo de estados de corto plazo el cual tiende a no alcanzar nunca el equilibrio. En el mundo real el “largo plazo” no es un equilibrio en absoluto, sino una serie de estados a corto plazo, que seguirá cambiando de dirección mientras los datos subyacentes se alteren.

Un último problema con las opiniones monetarias de Hume es que, en contraste con la escuela francesa del laissez faire, creía que el dinero no necesitaba ser un activo útil y comercializable sino una mera convención. En un escrito al Abad Andre Morellet (1727-1819), discípulo de Gournay y amigo de Turgot de toda la vida, Hume opina que el dinero funciona como tal por la creencia de que otros lo aceptarán. Muy cierto, pero esto no significa que el dinero sea una mera convención. Y Hume reconoce que debe ser hecho de materiales “que tengan valor intrínseco” porque “de otra forma se multiplicaría sin fin y sería reducido a la nada”

Las ideas de Hume sobre intereses son iluminadoras, aunque solo sea en contraste con la brillantez de la exposición de Turgot 20 años más tarde. Ya que el impacto del dinero se produce en definitiva solo en los precios, Hume demuestra que el interés solo puede ser un fenómeno de capital real y no monetario. Explica la relación entre tipo de interés y tasa de beneficio (es decir, las tasas básicas de retorno de una inversión). Aquí  señala correctamente que “nadie aceptará bajas rentabilidades cuando puede obtener intereses altos, y nadie aceptará intereses bajos cuando puede obtener rentabilidades altas” En resume, los intereses y las tasas de rendimientos tienden a ser iguales en el mercado.

Muy cierto ¿pero cuál causa a cual, o cuál es la causa subyacente de ambas? Hume característicamente abandona la búsqueda de causas, y dice que “ambas surgen del comercio extensivo, y se impulsan mutuamente”. Böhm-Bawerk tiene sin duda razón cuando dice que esta idea es “algo superficial”.# Pero, más que esto, es incorrecta e invierte causa y efecto declarando que “el comercio extensivo, al producir grandes existencias (capital), disminuye tanto intereses como rendimientos”. Ya que no hay razón por la que mayores existencias de capital deban disminuir los tipos de interés o rendimiento, lo que sí hacen es disminuir los precios de los bienes de capital y de consumo.

La cadena causal va al revés: Tasas de preferencias temporales más bajas, que generalmente pero no siempre son producto de estándares de vida más altos y mayor prosperidad, causarán que el capital se acumule y que el rendimiento y las tasas de interés caigan. Las dos, como señalaría más tarde la escuela austriaca, son caras opuestas de la misma moneda.#

Volviéndonos hacia otras áreas de la economía, es posible que algunos de los profundos fallos en la teoría del valor de Adam Smith sean resultado de la influencia de David Hume. Ya que Hume no tenía una teoría sistemática del valor ni idea alguna de la utilidad como determinante del valor. Más bien señalaba continuamente que la mano de obra era la fuente de todo valor.

En economía política, David Hume puede ser considerado como un librecambista y opositor al mercantilismo. Amigo y mentor de Adam Smith desde su primer encuentro en 1752, Hume llegó a conocer a los partidarios del laissez faire franceses durante sus años en ese país, y el propio Turgot tradujo sus Discursos Políticos al francés.

 Traducido del inglés Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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El lado más aterrador del dólar “blue”: el Gobierno entra en zona de turbulencia y las palancas del tablero ya no responden

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Pocos creen que la escapada del paralelo sea sólo estacional. Podrá bajar un poco, pero ahora tiene otro piso. Su cotización es importante ya no por el turismo, sino por su impacto en las expectativas. ¿El Ejecutivo no quiere domarlo? ¿O no puede porque una parte del instrumental ya no responde?

 

 

 
Muchos empiezan a extrañar aquellos tiempos en los que se le criticaba al Gobierno mantener la economía en “piloto automático”, limitándose a disfrutar de los beneficios de la renta sojera y sin tomar medidas de fondo que mejorasen la capacidad de crecimiento del país a largo plazo.

Porque, hay que reconocer, aquella crítica tenía al menos un reconocimiento implícito: si se mantenía en piloto automático era, antes que nada, porque podía hacerse.

Con cierta holgura fiscal, un tipo de cambio que todavía se consideraba competitivo, buenos precios para las exportaciones agrícolas, alta demanda brasileña para la industria argentina y sin problemas energéticos, todo parecía ir “sobre ruedas”.

Era como una suerte de feliz inercia, donde no había que hacer nada extraordinario para lograr un crecimiento a tasas chinas.
Qué diferente parece el panorama de hoy, apenas dos años después.

Ahora no sólo resultaría impensado un estilo de gobierno con piloto automático sino que, además, empieza a preocupar algo más grave: que muchos botones o palancas del tablero de comando estén gastados o no funcionen del modo que uno lo requiere en situaciones de turbulencia como la actual.

Esta sospecha comenzó a cobrar vuelo con la disparada del dólar blue y con la revisión de las posibles medidas para resolver el problema.
Fue en ese momento en el que aparecieron las señales de advertencia, en el sentido de que ya era tarde para ensayar las soluciones tradicionales.

Una de ellas, por ejemplo, era premiar a los argentinos que vuelquen su dinero a los bancos. ¿Cómo? dándoles una tasa de interés mayor por sus plazos fijos, como forma de quitarles las palabras “dólar blue” de sus mentes.
Pero, tal como señalan los analistas, esta palanca del instrumental se ve un poco averiada.

“Ya se pasó el cuarto de hora para que la tasa pueda defender al peso, con este nivel de suba del dólar y aceleración”, advierte Eduardo Levy Yeyati, ex economista jefe del Banco Central y docente de la Universidad Di Tella.

Peor aun, este experto señala que la tasa de interés de las colocaciones bancarias terminó siendo un incentivo para generar la corrida, “porque la gente se cansó de los rendimientos negativos” y ahora es difícil que se de la causalidad inversa. Es decir, nada asegura que una suba de las tasas revierta la brecha del blue.

Su argumento es que ahora juegan otros factores y que, si no se los resuelve primero, cualquier otra medida será ineficaz.

En el mismo sentido opina el economista Federico Muñoz, para quien un intento de “domar” al blue con una suba de tasas sería una solución “meramente temporaria, si no se ataca a la verdadera raíz del problema: la elevada inflación”.

Y, para colmo, la medida de subir los tipos de interés viene asociada a un enfriamiento de la economía, dado que encarece el crédito para empresas y consumidores.

Así lo advierte el consultor financiero Salvador Di Stefano, quien destaca cómo la titular del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, lejos de manejarse con piloto automático ha estado “trabajando a destajo” en las últimas semanas retirando más de $16.000 millones del mercado y estimulando, indirectamente, una suba en las tasas de interés.

Su pronóstico es que ahora domar al blue implica un alto costo. Y mientras más se tarde en hacerlo mayor lo será, en términos de freno en la actividad económica.

¿No devalúes que es peor?
La mayoría de los economistas apuntan a que una solución para calmar la turbulencia que trae el blue es, por ejemplo, atenuar la vocación oficialista por inyectar pesos en la economía.
El razonamiento es que, al haber menos cantidad de dinero dando vueltas, menor será la presión sobre el dólar paralelo.

Pero también aquí aparece otra palanca del tablero de control que ya no funciona del todo bien. Es como si estuviese trabada en la posición “full” sin que se pueda pasar a “intermediate” y menos a “slow”.

Para Economía & Regiones, la consultora de Rogelio Frigerio, no disminuirá la tendencia del Gobierno a financiarse con emisión del Banco Central.

“Todo redunda en que la política monetaria tiene cada vez menos grados de libertad y su objetivo principal es monetizar los déficits fiscales. Por ende, todo indica que debemos esperar una aceleración inflacionaria para los próximos períodos”, es su pesimista conclusión.

La otra medida clásica en situaciones de turbulencia consiste en hacer subir al dólar oficial más de prisa.

El razonamiento es simple y parece no tener cuestionamiento posible: si lo que alimenta la brecha es el atraso cambiario, entonces una mayor velocidad en el deslizamiento del oficial debería diluir esa percepción y tendría que quitarle presión al “blue”.

Sin embargo, también en este caso los expertos señalan que la palanca que permitiría acelerar la tasa de devaluación ya no resulta tan fácil de usar.

Pablo Rojo, ex presidente del Banco Hipotecario, considera que “más devaluación oficial, a un ritmo como el de finales de 2012, empujará al blue aún más para arriba”.

Y arriesga que si se cede a la tentación de acelerar la suba del billete verde “tendremos más brecha, no menos, porque una medida aislada sólo empeora las cosas”.

“Es claro que la cotización del blue es una muestra cabal del desequilibrio de los precios relativos, el exceso del gasto y los desajustes de la política económica”, agrega.

En la misma línea opina el economista Carlos Melconian, al describir cómo, en vez de atacar las causas de fondo, el Gobierno “empezó con una tasa de devaluación equivalente al 8% anual y terminó haciéndolo al 20%, corriendo de atrás a la inflación, con lo cual terminó ampliando la brecha entre ambos dólares en lugar de reducirla”.

De todas formas, los analistas le asignan bajas probabilidades a que esto ocurra. En parte por convicción, en parte por razones de conveniencia política.

“En un año electoral el oficialismo no va a hacer grandes correcciones, porque ajustar el tipo de cambio sin antes frenar la inflación es suicida; eso sí es un pasaporte al ‘Rodrigazo’”, es la gráfica advertencia de Javier González Fraga, ex titular del Banco Central.

De hecho, el propio Gobierno, por intermedio de Guillermo Moreno, dio una pista clara en este sentido: la tasa devaluatoria para 2013 será del orden del 20%, para llegar a finales de año con un valor de $6 para el billete verde.

Algunos analistas interpretaron esa declaración como un intento de descomprimir la brecha cambiaria.

Así lo explica Di Stefano: “Moreno le habló al blue. Si el oficial está a $6, una brecha del 40% nos daría un precio de $8,40. Entonces para qué comprar en enero a $7,52. Lo ideal sería vender, colocar ese dinero a plazo fijo y cuando baje la brecha volver a comprar”.

Pero si ese era el objetivo oficial, no dio resultado. O al menos no en el corto plazo: a los pocos días de la declaración de Moreno, el dólar paralelo volvió a batir récords, ya cotizando en el terreno de los $8.
La solución que no puede ser
Parece el peor de los mundos. Lo que causó el surgimiento y la disparada del blue ha sido la sensación de atraso cambiario, agravado por las tasas de interés poco atractivas.
Pero si ahora se busca eliminar ambos problemas (haciendo subir más rápido tasa y billete verde oficial) puede que no sólo no se corrijan las cosas sino que empeoren.

Porque el dólar en la Argentina tiene características peculiares: no solamente es un activo de refugio sino que, además, funciona como termómetro del humor social.

Es por eso que se dice que desafía la ley de oferta y demanda, ya que cuando sube de precio el apetito por tenerlos se exacerba, porque es visto como síntoma de que podría haber mayores problemas en la economía.

 

¿Qué hacer, entonces?

Habría una forma efectiva y obvia de resolver de cuajo la brecha del blue: levantar el “cepo” cambiario, de forma de que el mercado paralelo simplemente pierda su razón de ser.

Es claro que esto hoy es imposible, no sólo desde el punto de vista político sino también desde el económico. Y esto lo admiten hasta los más críticos del “modelo”.

Como el polémico y controvertido ex ministro Domingo Cavallo, quien hace dos años había sido el primero en alertar sobre la inexorable llegada de un mercado paralelo con una gran brecha respecto del tipo de cambio oficial, al estilo de lo que en ese entonces ocurría en Venezuela.

Ante la consulta de iProfesional.com argumenta la imposibilidad de desarmar el “cepo”.

“Si esta decisión se adopta sin un esquema claro de organización para toda la economía, si no se corrigen de cuajo los muchos desequilibrios que se acumularon durante la última década, el resultado probable es un ‘Rodrigazo’”, afirma.

Y agrega: “Sólo un gobierno creíble y con ideas muy claras puede remover ese riesgo”.

En tanto, algunos analistas creen que lo que la Presidenta debería hacer es “blanquear” la existencia de un mercado desdoblado, en el cual quienes quieran comprar para atesorar o hacer turismo deban pagar un sobreprecio.

No resolvería la brecha, aunque sí le quitaría presión, porque el mercado funcionaría con más transparencia y se liberaría de su pátina de ilegalidad.

 

La madre de las batallas: las expectativas

No obstante, otros apuntan a otra solución menos drástica: que el Gobierno intervenga indirectamente en el mercado paralelo, vendiendo dólares cada vez que exista un pico de demanda.

De hecho, se presume que algo de esto ocurrió en los días en que la cotización se planchó, tras haber alcanzado el nivel de $7,55.

“Por lo menos se destrabarían inversiones. Y no sería inflacionario porque ese precio ya se pagó”, argumenta González Fraga.

Claro que esta política tiene un costo, porque implica sacrificar dinero del Banco Central.

Y esta es otra de las trabas que se observa en el tablero instrumental. La palanca “quemar reservas” ya no puede usarse para calmar la turbulencia que trae el blue.
“La volatilidad de este precio es muy alta y a mediano plazo su valor dependerá directamente de la obsesión de los compradores potenciales y la propia de las autoridades frente al manejo de las reservas”, señala el economista Miguel Bein.

En definitiva, el concepto que sobrevuela todo el análisis sobre la brecha entre el dólar oficial y el blue es el de la confianza del público.

“La brecha y la tendencia del dólar no oficial se convierten en una caja de resonancia del cómo vamos y de las expectativas. Si mejoran, el precio cae. Si empeoran, sube”, resume Melconian.

Es por ello que todos los analistas recomiendan a la administración kirchnerista poner el foco en mejorar las expectativas. Algo fácil de decir y extremadamente complejo de hacer en las actuales circunstancias.

Tanto que para algunos no se puede hacer sin un retorno a los mercados internacionales crédito. Otros plantean un cambio drástico de nombres en el equipo económico. Y están quienes, directamente, afirman que no se podrán revertir las expectativas en este período de gobierno.

Más allá de estos debates, hay algo que parece claro.

Se extrañan aquellas “viejas épocas” en las que se hablaba de piloto automático. Aunque se dé la paradoja de que por haber abusado de él (sin aprovechar para resolver problemas de fondo) se haya entrado en zona de turbulencia.

Justo ahora cuando las palancas del panel de control lucen averiadas y muchas ya no responden.

 

Fuente

 

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Alemania repatria su oro – Mark Thornton

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El miércoles 16 de enero, el banco central alemán (es decir, el Bundesbank) anunciaba que iba a repatriar parte de sus reservas de oro que se encuentran actualmente en la Fed de Nueva York y todas sus reservas de oro que tenía el Banque de France. Había repatriado previamente 940 de las 1385 toneladas de sus reservas en el Bank of England, alegando altas tasas de almacenamiento como razón (la Fed de Nueva York y el Banque de France no cobran esas tasas). Trescientas setenta y cuatro toneladas métricas se llevarán de París a Frankfurt en camiones, lo que representa un 11% de sus reservas, y 300 toneladas se enviarán desde Nueva York. Para 2020, el plan es tener el 50% de sus reservas en Frankfurt. Alemania tiene la segunda existencia más grande de oro después de EEUU y no ha comprado ni vendido oro desde 1973.

Como parte de la estrategia de la Guerra Fría, Alemania almacenó muchas de sus reservas de oro “tan al oeste como fuera posible”. Los funcionarios del Bundesbank afirman ahora que esa estrategia está anticuada. También dicen que el movimiento de vuelta del oro a Alemania pretende crear confianza en caso de una crisis de divisa en el euro. El movimiento, tal y como los reporta el Wall Street Journal, era una respuesta a “presiones desde Berlín y de una notable campaña entre la gente corriente por parte de la prensa populista, que juega con el miedo a que la crisis del euro plantee un riesgo al bienestar financiero de Alemania”.

El tema de la repatriación del oro de Alemania fue explicado en Mises.org en octubre y diciembre de 2012. Patrick Barron y Godfrey Bloom concluían que repatriar el oro es un primer paso importante y necesario para una reforma monetaria.

Esa opinión no es compartida por los economistas ortodoxos. El Journal informa: “Los economistas han visto el debate (sobre la situación del oro de Alemania) con perplejidad, considerándolo completamente alejado de la realidad, dado que el oro no ha desempeñado ningún papel oficial en la política monetaria internacional desde el colapso del acuerdo de Bretton Woods en 1973”. El Journalcita luego a Holger Schmieding, economista jefe del Berenberg Bank en Londres”. “El debate del año pasado fue absolutamente ridículo (…) movido por miedos completamente irracionales (…) No veo ninguna justificación económica o financiera para que el Bundesbank haga esto”.

Sin embargo, John P. Cochran, decano emérito de la Escuela de Negocios en la Metropolitan State University de Denver, contesta que “no todos los economistas ven esto como ridículo, particularmente los economistas austriacos. El movimiento puede ser un paso parcial hacia la restauración de una moneda fuerte, un paso que protegería potencialmente (…) a los alemanes ante riesgos para sus bienestar financiero”.

Cochran continúa: “El movimiento es quizá una razón para el optimismo de que los argumentos para una vuelta a una moneda fuerte estén empezando a tener algún impacto mínimo en llevar la discusión en una dirección positiva, pero la clave del éxito de cualquier eventual divisa respaldada por oro está en la idea de que la entrega de oro respecto de la demanda (del público en general) es esencial”. Proporciona advertencias adicionales en su artículo “Patrones ‘oro de los tontos’”.

El profesor Guido Hülsmann, alemán que enseña en la Universidad de Angers, en Francia, cuestiona el significado de las notas de prensa: “¿Por qué entonces el Bundesbank emite de repente dos notas de prensa en cuatro meses? ¿Para restregar por la cara del mundo que quiere su oro de vuelta? No creo que esto sirva para calmar a la opinión pública interna. Más bien, este es uno de los últimos resortes a los que acudir antes de quedarse completamente marginalizado dentro del consejo de gobierno del BCE. Lo están empleando de verdad, aunque traten de no ser demasiado atrevidos. En un mundo inundado por deuda, el oro es el último refugio seguro. Los banqueros centrales saben esto mejor que la mayoría de la gente, aunque tengan que simular en su trabajo diario que esas preocupaciones son irrelevantes. ¿Significa esto que la Eurozona se acerca a su final? No lo creo, pero los protagonistas ya no están jugando flojo”.

Peter Klein, de la Universidad de Missouri, apunta que “El oro es la cobertura definitiva de la inflación a largo plazo y tener oro físico es más seguro que tener un derecho legal sobre oro almacenado en otro lugar. No sabemos si el movimiento del Bundesbank es puramente simbólico o refleja preocupaciones reales, pero en todo caso es una señal importante”. Klein también apunta: “Igualmente interesante es por qué el gobierno de EEUU no está devolviendo todo el oro de una vez, sino por pasos. ¿Tiene EEUU reservas fraccionarias?”

El profesor Philipp Bagus, alemán que enseña en la Universidad Rey Juan Carlos en España y autor deLa tragedia del euro, tiene también curiosidad: “Es sorprendente que (los envíos de oro) vayan a durar hasta 2020 para recuperar el oro. Esto refuerza la sospecha de que la Fed y otros bancos centrales han prestado oro para bancos de lingotes que a su vez lo han vendido rebajando su precio. Rescindir estos contratos llevará algún tiempo para no afectar al mercado del oro. La Fed necesita tiempo para recuperar su oro. Por lo que sabemos, puede que no esté allí físicamente. Probablemente esta sea la razón por la que se tardará hasta 2020”.

Sobre un punto más fundamental, Bagus apuntaba: “Por supuesto, es una buena noticia ya que, al repatriar el oro alemán, se destaca la importancia del oro para fines monetarios y se hace posible cualquier reforma monetaria que pueda querer Alemania durante la crisis del euro”.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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Introducción a la segunda edición de Hombre, economía y estado – Joseph Salerno

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Murray Rothbard comenzó a trabajar este magnum opus el primero de enero de 1952.[1] El 5 de mayo de 1959 Rothbard escribió a su mentor, Ludwig von Mises, informándole, “È Finito!”[2] Los más de siete años que tomó a Rothbard completar Hombre, Economía y Estado transcurrieron durante, lo que hasta ese momento fue, una de las décadas más estériles y regresivas en la historia de la economía científica, remontándose hasta su nacimiento como ciencia en el tratado sistemático de Richard Cantillon publicado en 1755.[3] En vista de la degeneración progresiva del pensamiento económico a lo largo de la década de 1950, la eventual publicación del tratado de Rothbard en 1962 fue un hito en el desarrollo de la teoría económica sólida y un evento que rescató a la ciencia de su auto-destrucción.

La era de la economía moderna surgió con la publicación del trabajo seminal de Carl Menger, Principios de Economía, en 1871. En ese pequeño libro, Menger estableció el enfoque correcto para la investigación teórica en economía y elaboró algunas de sus implicaciones inmediatas. En particular, Menger trató de identificar la leyes causales que determinaban los precios que él observaba estaban siendo pagando todos los días en mercados reales.[4] Su objetivo declarado era formular una teoría de precios realista que ofreciera una explicación integrada de la formación de los fenómenos de mercado válida para todos los tiempos y lugares.[5] Sus investigaciones lo llevaron al descubrimiento de que todos los precios de mercado, los salarios, las rentas y tasas de interés podían en última instancia ser rastreados a las decisiones y acciones de los consumidores tratando de satisfacer sus necesidades más importante “economizando” recursos escasos o “bienes económicos.” Así, para Menger, todos los precios, rentas, salarios y tasas de interés fueron el resultado de los juicios de valor de los consumidores individuales que eligieron entre unidades concretas de los diferentes bienes de acuerdo con sus valores subjetivos o “utilidades marginales” para usar el término acuñado por su alumno Friedrich Wieser. Con esta idea nació la economía moderna.

La aproximación causal-realista de Menger a la teorización económica rápidamente comenzó a atraer importantes seguidores tanto en Austria y, más tarde, a lo largo de Europa Continental y los países de habla inglesa. Lo que llegó a ser conocida como la “Escuela Austriaca” creció rápidamente en prestigio y en número, y al rededor de la Primera Guerra Mundial la investigación teórica basada en el enfoque causal-realista era considerada la vanguardia de la ciencia económica. Por diversas razones, la escuela sufrió un descenso sorprendentemente rápido, especialmente en Gran Gran Bretaña y Estados Unidos, pero también en Austria, después de la guerra. En la década de 1920, el enfoque causal-realista había sido eclipsado por el enfoque de equilibrio parcial de Alfred Marshall en Gran Bretaña, los EE.UU., e incluso partes de Europa continental. Su suerte se redujo aún más con la importación del enfoque matemático de equilibrio general de Léon Walras en el mundo de habla inglesa a principios de 1930. Un poco más tarde el enfoque de Menger fue casi sepultado por la revolución keynesiana. Y a la llegada de la Segunda Guerra Mundial ya no existía una red consciente de sí misma, institucionalmente integrada de economistas comprometidos activamente con la enseñanza e investigación en la tradición mengeriana.[6]

Después de la Segunda Guerra Mundial, una nueva y sofocante ortodoxia conocida como “síntesis neoclásica” se estableció sobre la economía, especialmente en los Estados Unidos. Esta denominada “síntesis” era en realidad una mezcla confusa de los tres enfoques diferentes que eclipsaron el enfoque causal-realista mengeriano en la período entre las guerras. Mezclaba los enfoques marshalliano y walrasiano sobre determinación de precios con macroeconomía keynesiana. Los dos primeros enfoques centrados estrechamente en el análisis de determinación de precios de equilibrio irreales en mercados individuales (equilibrio parcial) o en todos los mercados de forma simultanea (equilibrio general). La macroeconomía keynesiana negaba la eficacia del sistema de precios en la coordinación de diversos sectores de la economía frente a una “falla de demanda agregada.” Esta última condición se suponía causó la Gran Depresión y fue además señalada por Keynes y sus seguidores como una característica endémica de la economía de mercado. La síntesis neoclásica entonces proclamó que el sistema de precios funcionaba de manera eficiente para asignar recursos escasos sólo si el gobierno empleaba la política fiscal y monetaria para mantener un nivel de demanda agregada o gasto total en la economía que fuese suficiente para absorber un nivel de producción de pleno empleo.

Esta nueva ortodoxia también promovió la hiper-especialización y desintegración correspondiente de la ciencia económica en una colección desordenada de subdisciplinas compartimentadas. Incluso el centro teórico de la economía fue dividido en “microeconomía” y “Macroeconomía,” pues estaban aparentemente muy poco relacionadas. Proliferaron revistas especializadas y eso resultó en un cambio radical en la cultura de la investigación, con un premio a la escritura y lectura de los últimos artículos de las revistas. Los pocos libros que eran publicados eran monografías técnicas o libros de texto para tontos; la era del gran tratado sistemático de teoría económica había terminado.[7]

Casi el único bastión contra esta revolución intelectual fue Ludwig von Mises. Con la publicación en 1940 de Nationalökonomie, precursora en alemán de La Acción Humana, Mises por sí mismo recuperó y avanzó en gran medida el sistema causal-realista de teoría económica.[8] En particular, integró la teoría mengeriana del valor y precios con su propia reformulación temprana de teoría monetaria. Además, proporcionó un fundamento riguroso para todo el sistema de la teoría económica en una ciencia más amplica de acción humana que él mismo había expuesto en trabajos anteriores y que ahora había elaborado más. Esta ciencia de la acción humana él ahora llamaba “praxeología.” Desafortunadamente, el gran tratado de Mises fue casi totalmente ignorado por la profesión económica después de la guerra.[9] Sin embargo, aunque no pudo inspirar una renovación inmediata del movimiento científico mengeriano, La Acción Humana sentó las bases para su posterior renacimiento. Este renacimiento fue iniciado con la publicación de Hombre, Economía y Estado en 1962.[10]

Cuando Rothbard comenzó a trabajar en lo que se convertiría en un tratado completo, concibió el proyecto como un libro adecuado para lectores no especializados y para la instrucción universitaria que traería “a la superficie y [aclararía] la naturaleza paso-a-paso del edificio que Mises había construido pero que más o menos había dado por sentado que sus lectores entenderían.”[11] Esto era necesario debido a que La Acción Humana fue dirigida a un público académico, y por eso Mises suponía una gran familiaridad entre sus lectores con muchos de los conceptos y teoremas de lo que él llamaba “moderna economía subjetivista.” Así Rothbard quería “hacer por Mises lo que McCulloch hizo por Ricardo,” es decir, hacer su trabajo comprensible para un lector inteligente común.[12]

Pero Rothbard rápidamente se dio cuenta que su plan original estaba equivocado y tenía que ser abandonado por tres razones. En primer lugar el tradicional formato de libro texto estaba muy desorganizado en su disposición y tratamiento de diversos temas para acomodar el desarrollo de la teoría económica en la manera lógica paso-a-paso que Rothbard había imaginado. Como tal, era inadecuada para transmitir un “sentido de gran alcance, de sistema coherente de integración y que impregna todos los aspectos de la doctrina económica fuerte.”[13] En segundo lugar, Rothbard descubrió que existían “muchas lagunas” en el “sistema económico” de Mises que tendría que “llenar” él mismo.[14] Además, las deducciones paso-a-paso de Rothbard lo llevaron a la conclusión de que la teoría de monopolio de Mises, que era seguida por la mayoría de los economistas en la tradición mengeriana, estaba irreparablemente equivocada y tenía que ser completamente revisada. El libro entonces estaba “involucrando una gran cantidad de contribuciones originales” de Rothbard. En tercer lugar, a medida que avanzaba escribiendo el libro, Rothbard fue al mismo tiempo investigando la literatura y leyendo ampliamente, y empezó a darse cuenta de que La Acción Humanasurgió de una tradición muy amplia que incluía muchos economistas además de Mises y sus famosos predecesores y protégés directos (por ejemplo, Friedrich A. Hayek) en la Escuela Austriaca nativa. También, a medida que Rothbard leía y  escribía se hizo cada vez más claro para él que las diversas ramas de esta tradición teórica, que incluía varias importantes contribuciones estadounidenses y británicas, además de las grandes obras austriacas, aún no habían sido completamente integradas y sus principios completamente delineados en un tratado sistemático. En consecuencia, Rothbard concluyó, “muchos puntos esenciales deben deducirse originalmente o con la ayuda de otras obras” y por lo tanto, “el libro no puede simplemente parafrasear La Acción Humana.”[15] El libro de Rothbard se transformó así, en el proceso mismo de su escritura, de una exposición directa de los principios de la doctrina recibida de la Escuela Escuela estrechamente concebida en un tratado elaborando un sistema completo de teoría económica, presentando muchas deducciones y teoremas originales, e incluso radicalmente nuevos.

Mises se reconoció de inmediato la profunda originalidad y significancia de la contribución de Rothbard. En su review de Hombre, Economía y Estado, Mises escribió que Rothbard

se une a las filas de los economistas eminentes con la publicación de una obra voluminosa, un tratado sistemático sobre la economía. . . . En cada capítulo de su tratado, Rothbard . . . adopta las mejores enseñanzas de sus predecesores . . . y agrega a ellas observaciones muy importantes. . . .[16]

Mises llegó a caracterizar la obra de Rothbard como

. . . un aporte trascendental a la ciencia general de la acción humana, la praxeología, y a su prácticamente más importante y hasta ahora mejor elaborada parte, la economía. En adelante, todos los estudios esenciales en estas ramas del conocimiento tendrán que tomar plenamente en cuenta las teorías y críticas expuestas por el Dr. Rothbard.[17]

Dados los exigentes estándares académicos de Mises y su bien conocida parsimonia para dar elogios a contribuciones científicas, este es de hecho un gran elogio, para un libro publicado por un economista de treinta y seis años de edad.[18] De forma más importante, Mises evidentemente vio el trabajo de Rothbard como el comienzo de una nueva época en la ciencia económica moderna.

Rothbard mismo no se mostró reacio a indicar los aspectos en los que su tratado se había separado, o avanzado, del trabajo de Mises. Entre las innovaciones teóricas más resaltantes de Rothbard se encuentran la formulación de una teoría completa e integrada de la producción. Anteriormente, la teoría de producción en el análisis causal-realista estaba en desorden y consistía en una serie de ideas independientes y contradictorias que trataban el capital y el interés, la teoría de la productividad marginal, la teoría de la renta, la empresarialidad, etc. de forma aislada. Un tanto sorprendido por esta enorme brecha en teoría de la producción, Rothbard comentó:

Mises tiene muy pocos detalles sobre la teoría de la producción, y a consecuencia de ello me tomó varios intentos fallidos y mucho de lo que resultó ser esfuerzo en vano, antes de llegar a lo que me satisfizo como una buena teoría de producción. (Ha implicado una emancipación del 90 por ciento de los libros texto actuales.)[19]

En Hombre, Economía y Estado, Rothbard elabora un tratamiento unificado y sistemático de la estructura de la producción, la teoría del capital y el interés, los precios de los factores, la teoría de la renta, y el papel de la iniciativa empresarial en la producción. Además, la teoría de la producción se presenta como parte del núcleo del análisis económico y cubre cinco de los doce capítulos del libro y aproximadamente el 30 por ciento del texto. Uno de los mayores logros de Rothbard en la teoría de la producción fue el desarrollo de una teoría de capital y el interés que integraba el análisis temporal de estructura de producción de Knut Wicksell y Hayek con la teoría de preferencia intertemporal pura expuesta por Frank A. Fetter y Ludwig von Mises. Aunque las raíces de estas dos ramas de pensamiento se remontan al trabajo de Böhm-Bawerk, su exposición estaba confundida y dio lugar a contradicciones aparentemente insalvables entre las dos.[20] Ellas fueron posteriormente desarrollándose por separado hasta que Rothbard reveló su conexión lógica inherente.

A pesar de los elogios de Mises para el libro como un avance trascendental en la ciencia económica, así como el reconocimiento general entre muchos adherentes, observadores y críticos del movimiento austriaco contemporáneo de que Hombre, Economía y Estado es de hecho el fundamento del renacimiento de la economía austriaca moderna, hay dos cuestiones cruciales sobre el libro que, sorprendentemente, nunca han sido tratadas, y menos resueltas. La primera pregunta se relaciona con el sentido preciso en el que el tratado de Rothbard puede describirse como un trabajo de “economía austriaca” y cómo Rothbard mismo concibió la conexión entre su tratado y ese cuerpo de doctrina recibida. La segunda cuestión se refiere a la percepción de Rothbard de la relación entre el sistema teórico expuesto en su tratado y la síntesis neoclásica de los años 1950. Como veremos, la respuestas a estas preguntas no son sólo sorprendentes, sino que están llenas de implicancias para la interpretación de la evolución reciente de la economía austriaca y la evaluación de sus posibilidades futuras y perspectivas.

Antes de abordar la cuestión de la filiación doctrinal entre Hombre, Economía y Estado, y la economía austriaca, es instructivo examinar la actitud de Mises hacia la Escuela Austriaca, porque no es tan sencillo como generalmente se supone y claramente influenció la opinión de Rothbard. Tan temprano como en 1932, Mises argumentaba que todas las ideas esenciales de la Escuela Austriaca de Economía habían sido absorbidas en la corriente principal de lo que él llamaba “economía subjetivista moderna.”[21] De acuerdo a Mises,

la Escuela Austriaca, la Escuela Anglo-americana y la Escuela de Lausana . . . sólo difieren en su modo de expresar la misma idea fundamental y . . . están divididas más por su terminología y peculiaridades de presentación que por la sustancia de sus enseñanzas.[22]

Ahora, ciertamente esa opinión fue pronunciada en una conferencia de economía en Alemania, que contó con mucha presencia de los aún muy influyentes seguidores de la escuela histórica alemana que era antagónica a la teoría económica de todo tipo. Ciertamente, puede ser razonablemente argumentado que, dado ese escenario, los comentarios de Mises pretendían ser una defensa genérica de la investigación teórica en economía. De hecho, un año antes Mises había escrito,

Dentro del campo de la economía moderna, la Escuela Austriaca ha demostrado su superioridad frente a la Escuela de Lausana y las escuelas relacionadas a ella, que favorecen formulaciones matemáticas, clarificando la relación causal entre valor y costo, y al mismo tiempo evitando el concepto de función, que en nuestra ciencia es algo engañoso.[23]

A pesar de la advertencia anterior, Mises siguió sosteniendo que la etiqueta “Escuela Austriaca” era un anacronismo, argumentando en la última publicación de su carrera en 1969, que la Escuela Austriaca era un capítulo cerrado en la historia del pensamiento económico para el tiempo de la muerte de Menger en 1921. Para ese tiempo, según Mises,

todas las ideas esenciales de la escuela austriaca fueron aceptadas ampliamente como parte integral de la teoría económica . . . [Y] uno ya no distingue entre Escuela Austriaca y otra economía. La denominación “Escuela Austriaca” fue el nombre dado a un capítulo importante de la historia del pensamiento económico; ya no era el nombre de un grupo específico con doctrinas diferentes a las sostenidas por otros economistas.[24]

Como se ha señalado, Mises usó el término “moderna economía subjetivista” para describir la nueva síntesis de enfoques teóricos que él creía había empezado a surgir en la década de 1920. Hay dos problemas con esta denominación, lo que puede explicar la actitud ambivalente de Mises sobre la inclusión de la escuela marshalliana y de Lausana bajo esa denominación. En primer lugar, alrededor de la Primera Guerra Mundial la mayoría de los economistas teóricos seguían, por lo menos de palabra, alguna versión de la teoría subjetiva del valor, por lo que el subjetivismo ya no era una característica distintiva de un enfoque único para investigación teórica. En segundo lugar, como hemos visto en nuestro propio tiempo, el término subjetivismo es un término notoriamente elástico que se puede expandir para denotar incluso el enfoque nihilista a la teoría económica propuesto por George Shackle, el tardío Ludwig Lachmann, y una serie de economistas post-modernistas y hermenéuticos.[25]

Rothbard evidentemente seguía a Mises al interpretar el término “Escuela Austriaca” como designación de un importante movimiento en la historia del pensamiento económico. En el texto deHombre, Economía y Estado, Rothbard utiliza los términos “Austriaco” o “Escuela Austriaca” al menos diez veces entre comillas, como naturalmente él hubiera hecho refiriéndose a un movimiento que tenía sólo una importancia histórica para el lector contemporáneo. Las pocas veces que utiliza estos términos sin comillas, se refiere claramente a doctrinas históricas o controversias tales como “la teoría de precios Austro-Wicksteediana” o la Escuela Austriaca versus Alfred Marshall sobre la relación entre los precios y los costos. La única vez que Rothbard menciona “austriaco” en su Prólogo a la primera edición, lo hace en la frase “los economistas ‘austriacos,’” colocando la palabra entre comillas y usándola en una oración con los verbos en tiempo pasado.[26]

Esta exégesis textual no significa que Rothbard no consideraba su trabajo como continuando la gran tradición originada por los economistas austriacos tempranos. De hecho Rothbard escribió

el mito entre los economistas de que la Escuela Austriaca está muerta y no tiene nada más que aportar, y que todo lo de valor duradero que tenía para ofrecer fue recogido e integrado en los Principios de Alfred Marshall.[27]

En lugar de eso, el punto es que el objetivo de Rothbard era recuperar y avanzar una tradición doctrinal más amplia, de la cual los trabajos de Menger y Böhm-Bawerk eran indiscutiblemente la raíz principal. Así en su prefacio, Rothbard afirmó: “Este libro es, entonces, un intento de llenar parte de la enorme brecha de 40 años.”[28] La “brecha” a la que Rothbard se refiere aquí es la publicación separa de Hombre, Economía y Estado y la de los tres últimos tratados sistemáticos de economía que aparecieron en Inglés, de Philip Wicksteed (1910), Frank Fetter (1910), y Frank Taussig (1911).[29] Los tratados de Wicksteed y Fetter, en particular, estaban en lo que Rothbard llamaba “la tradición praxeológica.” Su proceder, igual que el de Rothbard, era “lenta y lógicamente construir sobre unos axiomas básicos un edificio integrado y coherente de verdad económica.”[30] La razón principal por la que su tratado contiene numerosas referencias a la Escuela Austriaca histórica fue que Rothbard consideró a los miembros de esta escuela como los que “mejor percibieron ese método y lo utilizaron de la forma más completa y convincente. Eran los empleadores clásicos, dicho de forma breve, del método ‘praxeológico.’”[31]

En contraste con la “moderna economía subjetivista” de Mises, la referencia de Rothbard al “método praxeológico” delineó un línea entre los que empleaban procedimiento de Menger para deducir de forma lógica las leyes económicas de algunos hechos básicos de la realidad y esos que no lo hacían así. La “Praxeología” era la elaboración explícita y consciente de Mises de este venerable procedimiento para el descubrimiento de las leyes causales que rigen los fenómenos del mercado. La Escuela Austriaca temprana y sus seguidores, e incluso algunos de los mejores economistas clásicos, habían utilizado ese método de investigación sin ser plenamente conscientes de ello. El método praxeológico comienza con la realidad auto-evidente de la acción humana y sus implicaciones inmediatas. A continuación, se introducen otros postulados empíricos que reflejan las condiciones concretas de la acción de la que surgen los fenómenos del mercado históricamente específicos que el economista pretende analizar. Es, por tanto, necesariamente acerca de cosas reales. Es por esta razón que no tiene uso para ficciones como la “firma representativa,” “el mercado perfectamente competitivo,” o “la función de bienestar social”; ni tampoco que se preocupa por la existencia, unicidad y estabilidad del equilibrio general.

El uso altamente selectivo que el método praxeológico hace de construcciones imaginarias tiene un único objetivo: la elaboración sistemática de un cuerpo unificado de teoría que contenga proposiciones significativa acerca de las causas de los fenómenos económicos en el mundo tal como es, ha sido, o probablemente sea. Como Mises dijo, el método praxeológico,

. . . estudia la acción bajo condiciones no realizadas y no realizables sólo desde dos puntos de vista. Trata con situaciones que, aunque no reales en el presente y el pasado, podrían llegar a ser reales en un futuro. Y analiza las condiciones irreales e irrealizables si tal investigación es necesaria para una comprensión satisfactoria de lo que está pasando bajo las condiciones presentes en la realidad.[32]

Mises concluyó: “El método específico de la economía es el método de construcciones imaginarias. . . . es el único método de investigación praxeológica y económica.”[33]

Rothbard tomó seriamente el dictum de Mises y durante siete años se sumergió en el uso y perfeccionamiento de este método elaborando un sistema integrado de la teoría económica. Esto explica por qué Rothbard identificó el uso del método praxeológico, en lugar de una orientación subjetivista relajada, como la marca y la prueba de fuego de la ciencia económica. Durante el largo período de esfuerzo sostenido en la escritura del presente volumen, Rothbard por tanto se convirtió en un practicante maestro del método de investigación praxeológico. No sólo utilizó hábilmente varias construcciones imaginarias cuya naturaleza y usos específicos Mise había explícitamente formulado en La Acción Humana, sino que también diseñó otras nuevas como necesarias para ayudar en la deducción de nuevos teoremas para dilucidar características inexplicadas de la realidad económica.[34]

Tomemos un ejemplo detallado para ilustrar el procedimiento de Rothbard. Al enfrentarse a la difícil tarea de desenredar y sistematizar la teoría causal-realista de la producción, Rothbard postuló un mundo imaginario de factores específicos, en los que todo trabajador individual, parcela de tierra, y bien de capital está irrevocablemente asignado en la producción de un solo producto y no puede ser convertido para usar en otro proceso de producción.[35] Rothbard imaginó también dos variaciones a ese mundo. En el primero, los factores que cooperaron en cada etapa de un proceso de producción dado conjuntamente son dueños del producto (es decir, bienes de capital) de esa etapa y, dado que los servicios de todos los bienes de capital están incorporados en el producto final, por tanto, todos los factores poseen conjuntamente el bien final que se vende a los consumidores a cambio de dinero. Los recibos de dinero se distribuyen entonces de acuerdo a los términos de un contrato voluntario entre todos los propietarios de los factores comunes. En la segunda variación, un solo capitalista o un consorcio de capitalistas paga a los diversos factores que participan en el proceso amalgamado por adelanto antes de la venta del producto final en el mercado y en intercambio recibe la propiedad de los bienes de capital de cada etapa, así como el stock de bienes de consumo final y el ingreso de dinero obtenido de su venta a los consumidores.[36] En ambas variaciones de la construcción, se asume una economía de rotación constante para abstraer los problemas de la empresarialidad.

Con la ayuda de esta construcción, Rothbard deduce un número de teoremas y principios importantes de la producción. Primero, en el caso de propiedad conjunta del producto por la colaboración de los factores tierra y trabajo, no hay dueños primordiales, independientes de los bienes de capital, que son los bienes intermedios en el proceso de producción y, por tanto son reducibles a la mano de obra y los insumos de la tierra que colaboraron en la producción de los mismos. Segundo, y, en consecuencia, todos los ingresos en la producción consisten en salarios y rentas de la tierra—los bienes de capital, que son simplemente estaciones de paso en el camino hacia el producto final, no ganan ninguna renta neta para sus propietarios. Tercero, todos los trabajadores y propietarios de tierras que cooperan deben esperar por sus ingresos desde el inicio del proceso de producción hasta la finalizacón y posterior venta del producto final a los consumidores. Por lo tanto, cuarto, el tamaño de la ingreso agregado de los propietarios de los factores cooperantes depende exclusiva y completamente de la demanda de los consumidores por su producto. Un cambio relativo en la demanda de consumo relativa entre bienes finales caerán única y completamente sobre los factores específicos que están involucrados en la producción de los productos afectados.

Una vez que se introduce al capitalista en este mundo ficticio, un quinto principio se hace inmediatamente evidente: la función del capitalista es aliviar a los propietarios de los factores de la carga de esperar los ingresos, en la medida que él les avanza pagos de dinero de sus ahorros acumulados por el producto conjunto de sus servicios laborales y de tierra. A cambio de estos salarios y rentas presentes, el capitalista recibe un retorno de interés sobre sus fondos invertidos, que se basa en la preferencia temporal y refleja el valor descontado de los ingresos monetarios futurosanticipados que él recibirá en relación con los pagos presentes de dinero que gasta en los servicios de los factores. De forma contraria, los propietarios de los factores aceptan esa reducción del ingreso completo por la venta de su producto que se manifiesta en sus salarios y rentas descontados que les da el capitalista, porque esos pagos presentes les permiten liberarse de la dimensión temporal del proceso de producción. Un sexto principio es que, incluso en un mundo de propiedad capitalista de todo el proceso de producción, los bienes de capital aún no generan ingreso monetario neto para sus propietarios, ya que el interés neto de retorno obtenido por los propietarios capitalistas es completamente derivado del descuento incorporado en los salarios y las rentas presentes pagadas a los propietarios de los factores trabajo y tierra, que son los únicos recipientes netos de los ingresos en un mundo sin capitalistas. Así, los salarios, la renta, y los ingresos por intereses lógicamente agotan la totalidad de las ventas del producto final, sin dejar nada para pagos netos a los bienes de capital.[37]

Este análisis del mundo hipotético de Rothbard de factores puramente específicos también está lleno de implicaciones sobre el rol de los costos subjetivos en la producción y fijación de precios. Dado que factores específicos de la tierra y los bienes de capital no tienen usos alternativos en ese mundo imaginado, una inferencia inmediata es que su uso en la producción “no tiene costo” y sus respectivas curvas de oferta son perfectamente inelásticas. Pero el trabajo, específico para un proceso de producción particular puede, en cambio, tener un costo de uso debido a que tiene un uso alternativo en la producción de “tiempo para disfrutar—ocio,” que es un bien de consumo instantáneamente producible. Así, en un mundo sin capitalistas, el trabajo envuelve la desutilidad de renunciar tanto al tiempo de ocio y a los bienes presentes. La llegada de los capitalistas en el escena reduce, pero no erradica, la desutilidad del trabajo. Estas inferencias crudamente demuestran el principio de que todos los costos de producción son en última instancia y esencialmente subjetivos. Las preferencias por ocio y las preferencias intertemporales entonces determinan últimamente los costos de producción y esos costos son puramente subjetivos, y consisten de la evaluación de los beneficios a los que renuncian los productores contra los ingresos monetarias anticipados que reciben de los consumidores. Una vez que esos costos (subjetivos) de los productores han sido efectuados, los stocks de los distintos tipos de bienes de consumo emergen del proceso de producción listo para la venta a los consumidores. A menos que los productores tengan un uso directo para los bienes, su venta a los consumidores no tiene costo alguno y sus precios relativos son determinados únicamente por la estructura de la escala de valores de los consumidores. Por tanto, salvo por especulación sobre las variaciones de precios en el futuro, las curvas de oferta de los distintos stocks de bienes de consumo también son perfectamente inelásticas. En suma, “los costos de producción”—esto es, la desutilidad del trabajo y de la espera en los que ya se ha incurrido, o  la utilidad del ocio y disfrute inmediato a los que se han renunciado los productores—no tienen ningún rol en la determinación de los precios de los stocks existentes de los bienes de consumido.

Rothbard también usa la construcción ficticia que formuló para demoler la teoría de precios marshalliana, según el cual los precios se determinan por dos hojas de una tijera: los valores subjetivos de los consumidores que componen una hoja, y los costos de producción reales u objetivos que componen la otra hoja. Mientras Marshall y sus seguidores contemporáneos admiten que, en el corto plazo predomina la hoja del valor subjetivo en la determinación de los precios, ellos sostienen que en el equilibrio de largo plazo, donde las tendencias permanentes de la economía se revelan, la cuchilla de costos de producción es la que domina debido a que el precio de cada producto se ajusta a su coste medio de producción. Así los  marshallianos superficialmente concluyen que los costos deben por tanto determinar los precios. Sin embargo, Rothbard fácilmente demuestra que esta conformidad entre precio y costo promedio en equilibrio de largo plazo o en ERU, que en sí no es real sino una útil construcción imaginaria, es el resultado de los mismos principios que rigen la determinación de los precios reales que momentáneamente prevalecen y a los cuales los intercambios tienen lugar en los mercados del mundo real. En un mundo donde todos los factores son puramente específicos a un solo proceso de producción, Rothbard muestra que en el largo plazo, donde los errores empresariales están ausentes y las ganancias y pérdidas han sido totalmente eliminadas, los pagos agregados a todos los factores que cooperan en un proceso de producción dado son rígidamente gobernados por, y tienen perfectamente que corresponder a, la suma de ingresos gastados en el producto final por los consumidores menos el interés de retorno a los capitalistas. Aceptando esa deducción y dividiendo, ambos, los ingresos agregados y los pagos agregados a los factores por la cantidad de producto implica que la dirección de causalidad de la igualdad entre precio y costo promedio, especialmente en el largo plazo, va desde la primera a la segunda.

La formulación de Rothbard y el despliegue de ese mundo imaginario de factores puramente específicos ejemplifica la aplicación del método praxeológico en la investigación teórica. Como Mises señaló,

La fórmula principal para el diseño de construcciones imaginarias es abstraer las operaciones de algunas condiciones presentes en la acción real. Entonces estamos en condición de comprender las consecuencias hipotéticas de la ausencia de esas condiciones y de concebir la efectos de su existence.[38]

Así Rothbard imagina primero que en ese mundo todos procesos productivos son propiedad de los factores que habían cooperado, que tienen que aguantar sin ingreso hasta que el producto final haya surgido y sea vendido a los consumidores. Al analizar la situación abstrayendo la existencia del capitalista, somos capaces de comprender su función de adelantar sus ahorros acumulados a los factores antes de la venta del producto final, y somos capaces de comprender la naturaleza de su ingreso como un retorno a la preferencia temporal, que ha sido previamente establecido mucho antes en la cadena de las deducciones praxeológicas como una inferencia inmediata del Axioma de la Acción. Al asumir la no-existencia de capitalista también hemos asumido la no-existencia de costos monetarios de producción, ya que los únicos pagos de dinero son directamente de los consumidores a los dueños de los factores conjuntos del producto final. Esto nos permite ver que los costos monetarios totales son determinados esencialmente por, e iguales a, esos gastos totales de dinero de los consumidores como mediados a través de los capitalistas que han previamente avanzado salarios y rentas a los propietarios de los factores.

En capítulos posteriores, Rothbard procede a eliminar el supuesto de factores puramente específicos y admite diversos grados de especificidad entre los factores en su análisis. Los efectos de factores relativamente no específicos en el proceso de producción pueden ser identificados ahora mediante la investigación de cómo su presencia modifica los resultados de un mundo hipotético de factores puramente específicos. Dado que los factores no específicos pueden convertidos para utilizarse en una amplia gama de procesos productivos, un cambio relativo en la demanda de los consumidores,ceteris paribus, alterará su asignación, mientras que sólo temporalmente afectará sus precios. Pero los principios ya deducidos respecto a los factores específicos seguirán siendo válidos en este mundo más complejo y por lo tanto estamos en condiciones de concluir que los precios de los factores relativamente específicos en cualquier proceso llevarán la peor parte del cambio en los gastos agregados de consumo sobre un determinado producto final. Así, por ejemplo, en el caso de una disminución relativa de la demanda de diamantes, todas las otras cosas iguales, el valor de capital de las minas de diamantes y los salarios de los joyeros altamente cualificados disminuyen mientras que los salarios de los mineros de diamantes y las rentas de los generadores eléctricos sufrirán un cambio pequeño dado que esos factores no específicos cambian a otros empleos. Además, la introducción de factores no específicos en el análisis hará que una gran parte de los costos monetarios de producción sean dados al capitalista-empleador de factores independientemente de la demanda por su bien particular. Como resultado, el capitalista reaccionará a un cambio en sus costos mediante el ajuste de su nivel de producción, así como lo haría en el caso de un cambio en la demanda de su producto. Por tanto, en ausencia de una larga cadena de razonamiento deductivo utilizando construcciones imaginarias, à la Rothbard y de austríacos tempranos, una visión superficial del asunto hará que la metáfora de Marshall de las dos hojas de la tijera parezca una representación posible de la realidad. Sin el uso diligente del método praxeológico, sería imposible concebir que las demandas de los consumidores por los productos de una amplia gama de procesos productivos, intermediadas a través de las negociaciones de los capitalistas-empresarios, determinan exclusivamente y en última instancia los precios de todos los factores, relativamente no específicos así como puramente específicos.

Este método praxeológico tan magistralmente desplegado por Rothbard había sido utilizado, aunque implícitamente y burdamente, como la principal herramienta de investigación teórica en economía en la década de 1930. Sin embargo, como Rothbard señala, fue precisamente “desconfianza de Marshall de las ‘largas cadenas deductivas,’” además del “ímpetu completo de Cambridge” de hacer supuestos-atajos diseñados a hacer que su teoría más comprobable uno de los factores que llevaron al abandono gradual del método praxeológico y su sustitución por el positivismo.[39] A principios de la década de 1950 el método praxeológico y la lógica verbal habían sido eclipsados por el positivismo y los modelos matemáticos. Por ejemplo, el principal economista de la postguerra, Paul Samuelson ahora sostenía que la tarea de la teoría económica era la de “organizar los hechos en útiles y significativos” patrones y, al hacerlo, proporcionar descripciones económicas de la realidad compleja.[40] Los teoremas económicos tenían, entonces, que ser enmarcados en una forma que fuese “operacionalmente significativa.” Según Samuelson, un teorema significativo era “simplemente una hipótesis sobre los datos empíricos que podía posiblemente ser refutada, aunque sólo sea en condiciones ideales.” Si tal teorema era “falso” o “de importancia trivial” o incluso de validez “indeterminada” no era tan importante para Samuelson, ya que estaba diseñado como una proposición capaz, en principio, de refutación empírica.[41] Para Samuelson, los teoremas debían, entonces, ser diseñados y expresados en modelos matemáticos muy simplificados que podían ser sometidos a pruebas empíricas si los datos estaban disponibles. Dado que, sin duda, los datos requeridos son raramente accesibles lo más que se puede esperar de tales modelos abstractos es que “a menudo señalen un camino hacia un elemento de verdad presente en una situación compleja” y que “permita tolerablemente buenas extrapolaciones e interpolaciones.”[42] Sin embargo, en retrospectiva, Samuelson lamentó la falta de éxito del método positivista burdo en economía escribiendo:

Cuando tenía 20 años . . . yo creía que la econometría nos permitiría reducir la incertidumbre de nuestras teorías económicas. Seríamos capaces de probar y rechazar las teorías falsas. Seríamos capaces de inferir nuevas buenas teorías. . . Ha resultado que no es posible llegar a la aproximación cercana de una verdad  indiscutible [y] objetivamente parece ser que no se acumula un cuerpo convergente de resultados econométricos, convergentes a una verdad comprobable.[43]

Por supuesto, esto no significa que la fé de Samuelson en el método positivista disminuyó. En vez de eso, confirmó su previa creencia de que la verdad era multifacética y por tanto “la precisión en hechos determinísticos o en leyes de probabilidad puede en  el mejor de los casos ser sólo parcial y aproximada.”[44]

Si Samuelson restó importancia a la consecución de verdad como meta de la investigación teórica en favor de la formulación de  teoremas operacionalmente significativos, el otro avatar del positivismo en la economía de la postguerra, Milton Friedman, desechó toda referencia a la verdad y el realismo en la evaluación de la validez de los teoremas económicos. Rechazando el burdo positivismo lógico de Samuelson, Friedman celebraba la falsedad o la “falta de realismo” de los supuestos de un teorema y ofreció la aparentemente más sofisticada alternativa de “falsacionismo,” que supuestamente se basaba en la filosofía de ciencia de Karl Popper.[45] La posición de Friedman fue resumida sucintamente en la declaración de Mark Blaug, “Ningún supuesto sobre la conducta económica es absolutamente cierto y no hay conclusiones teóricas que sean válidas para todos los tiempos y lugares. . . .”[46]

A pesar de la adhesión formal de la mayoría de la profesión a los métodos positivistas durante la década de 1950, la búsqueda de Rothbard por recuperar y reconstruir el edificio de la teoría económica sólida lo llevó a investigar la literatura contemporánea por nuevas ideas y puntos de vista con tanto cuidado como hizo con los escritos de sus predecesores en la tradición causal-realista. El tratado de Rothbard contiene más de 150 citas de libros, artículos de revistas, conferencias, actas, documentos gubernamentales, disertaciones y monografías de política e investigación de institutos publicadas entre la aparición de La Acción Humana en el año 1949 y Hombre, Economía y Estado en 1962.[47] El profundo compromiso de Rothbard con la literatura contemporánea dio sus frutos al descubrir Rothbard que muchos de esos trabajos contenían investigaciones que clarificaban, refinaban o avanzaban la teoría causal-realista y con entusiasmo él integró esas contribuciones a su propio trabajo.

Por ejemplo, en su notable desarrollo de una explicación de los costos de la empresa y el retorno de la inversión que se desvía marcadamente de la teoría marshalliana de la empresa, Rothbard estaba fuertemente influenciado por dos artículos olvidados de coautoría de André Gabor y I.F. Pierce sobre la teoría de la empresa “Austro-wickselliana.”[48] Rothbard cita una discusión del economista de Cambridge Roy Harrod, además de una discusión de Böhm-Bawerk, como fuente de su propia novedosa identificación de un cuarto componente del ingreso bruto del negocio del capitalista-empresario. Esta “propiedad” o renta de “toma de decisiones” es distinta, además de adicional a los salarios implícitos de administración, del interés de retorno del capital invertido, y la ganancia pura.[49] En su profunda crítica a las teorías de competencia perfecta y  monopolistica y su formulación original de una teoría positiva de competencia como un proceso dinámico, Rothbard favorablemente cita las contribuciones de varios de sus contemporáneos en la corriente principal de economía como: G. Warren Nutter; Wayne Leeman; Marshall I. Goldman; y Reuben Kessel. Rothbard señala un libro de Lawrence Abbott publicado en 1952 titulado Calidad y Competencia con elogio especial, caracterizándolo como “uno de las obras teóricas más destacadas de los últimos años.”[50][51] De hecho, la teoría de competencia de rivalidad que Rothbard expone está claramente influenciada por los argumentos de Abbott sobre la importancia central de las dimensiones de calidad de la competencia.

El hecho de que la investigación teórica empleando lógica verbal y el método praxeológico seguía siendo relativamente influyente entre los economistas académicos, incluso tan tarde como en los 1950’s remarca las raíces profundas y fuertes de la tradición causal-realista. Eso también explica por qué Rothbard todavía no percibía ninguna ventaja en el uso de la etiqueta “austriaco” para diferenciar su tratado de la economía contemporánea. De hecho, en correspondencia privada en febrero de 1954, Rothbard expresó su confianza de que los teóricos de la corriente dominante de economía todavía podían ser traídos hacia el programa de investigación causal-realista y que su trabajo—el de Rothbard—en curso

llamará, a mi juicio, la atención de la profesión como tratado por sus considerables elaboraciones en esas áreas no desarrolladas por Mises, sus diferencias con Mises en áreas como monopolio, la éticade la banca y el gobierno . . . y sus refutaciones de la teoría económica actual.[52]

Mientras en retrospectiva podemos tener la tentación de desechar la predicción de Rothbard como una ráfaga de optimismo juvenil, difícilmente refleja la actitud del intento de alguien en romper completamente con la doctrina imperante y la fundación de una escuela heterodoxa de pensamiento.

A comienzos de 1970, sin embargo, la teoría económica de la corriente principal de economía se había hundido en profundidades casi abismales, degenerando en una serie de modelos matemáticos vagamente relacionados  que tenían poco contacto con la realidad. Siguiendo la metodología friedmaniana-positivista predominante, la “validez” tentativa—nunca la verdad—de estos modelos fue hipotéticamente establecida empíricamente poniendo a prueba su capacidad de predecir o, más exactamente, “retro-decir” usando métodos de la econometría. Los últimos vestigios del enfoque mengeriano desaparecieron así de los planes de estudio de los programas de postgrado de economía y la investigación teórica causal-realista fue completamente desterrada de las revistas académicas, que se convirtieron en el principal, si no el único, producto de la investigación en la corriente dominante de economía.

Alrededor del mismo tiempo de este cambio radical en teoría económica y método, comenzó a fundirse fuera de la institución formal de la economía académica un nuevo movimiento intelectual que se inspiró directamente en la reconstrucción de Rothbard del sistema teórico causal-realista enHombre, Economía y Estado. Este movimiento estaba compuesto principalmente por estudiantes de posgrado y jóvenes profesores asociados a instituciones académicas de Estados Unidos que estaban descontentos con la síntesis neoclásica ortodoxa, que había empezado a caerse tras el fracaso de las políticas Kennedy-Johnson de “Nueva Economía” de para frenar la inflación de la guerra en Vietnam y la posterior estanflación a comienzos de la década de 1970.

A mediados de la década de 1970 el nuevo movimiento había crecido de tal medida que se presentó la oportunidad de institucionalizar y promover su existencia por medio de una conferencia académica formal sobre economía austriaca, que se celebró en el South Royalton, Vermont, en junio de 1974. La denominación “austriaca” fue elegida para esta nueva tendencia intelectual principalmente por razones estratégicas. Dado que el movimiento rothbardiano adoptó un método y el cuerpo de doctrinas que ahora tenía muy poco común con la ortodoxia positivista atrincherada, la etiqueta por lo menos proporcionaba al movimiento con una afiliación reconocible a una de las grandes corrientes de pensamiento marginalista temprano que había alimentado la corriente principal de economía. El nombre también al instante dotó al movimiento con el gran prestigio asociado con los nombres bien conocidos de los miembros fundadores de la Escuela Austriaca, tales como Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk, y Friedrich von Wieser y sus posteriores representantes Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek. El prestigio del nombre “austríaco” fue reforzado aún más cuando Hayek se convirtió en un corecipiente del Premio Nobel de Economía a finales de año. El término tenía la virtud adicional de identificar la orientación teórica general del movimiento.

Rothbard y sus seguidores abrazaron con entusiasmo la nueva designación y empezaron a referirse a sí mismos como miembros o seguidores de la Escuela Austriaca moderna, que ahora estaba posicionada como el retador heterodoxo de “la economía dominante.” A pesar de las significativos virtudes estratégicas de corto plazo, sin embargo, nombrar a la escuela de pensamiento que se reunió en la conferencia del South Royalton como “austriaca” ha generado problemas serios en el largo plazo. En primer lugar, se ha oscurecido la medida en que la Escuela Austriaca moderna fue inspirada directamente por Rothbard. De hecho, no es exagerado decir que la gran mayoría de los aproximadamente treintena participantes de la conferencia en South Royalton se adherían al cuerpo de teoría causal-realista elaborada en Hombre, Economía y Estado. En segundo lugar, se ha oscurecido el hecho, señalado anteriormente, que al escribir este tratado, Rothbard se apoyó en una amplia gama de literatura distinta de la derivada de la Escuela Austriaca original y sus descendientes intelectuales directos. En tercer lugar, la etiqueta desvía la atención de la misión principal de Rothbard al escribir su tratado, que es purgar a la ciencia económica moderna de sus elementos formalistas positivistas ajenos y matemáticos, y reconstruirla consistentemente a lo largo de líneas causal-realistas. No se puede dejar de repetir enfáticamente que crear una ruptura radical con la teoría económica y establecer una escuela heterodoxa de pensamiento que rechaza toda forma de análisis de equilibrio y el uso de construcciones imaginarias no era el propósito de Rothbard al escribir Hombre, Economía y Estado. De hecho, como hemos visto, una de las contribuciones más importantes de Rothbard en su tratado es la explicación minuciosa del contenido y uso adecuado de las construcciones ficticias y estados imaginarios del mundo para derivar proposiciones significativas sobre los determinantes causales de los fenómenos económicos observables.

La última y tal vez más importante desventaja de la aplicación del término no calificado “austriaco” al movimiento de economía posterior al South Royalton es el hecho de que fomente la fusión de programas de investigación muy diferentes y contradictorios que han crecido bajo este opaco velo semántico. Rothbard reconoce y lamenta esa situación en el Prefacio de la edición revisada deHombre, Economía y Estado publicada en 1993:

De hecho, el número de austriacos ha crecido tanto, y la discusión se ha hecho tan amplia, que han surgido diferencias de opinión y  ramas de pensamiento, en algunos casos, desarrollando genuinos enfrentamientos de pensamiento. Sin embargo, todos han sido fusionados por no-austriacos e incluso por algunos dentro de la escuela, dando lugar a una gran confusión intelectual, falta de claridad, y error absoluto. El lado bueno de estas disputas desarrollándose es que cada lado ha aclarado y afinado sus premisas subyacentes y visión del mundo. Se ha hecho evidente en los últimos años que hay tres paradigmas enfrentados dentro de la economía austriaca: el paradigma original de Mises o praxeológico, al que se adhiere el presente autor; el paradigma de Hayek, haciendo hincapié en el “conocimiento” y “descubrimiento” en lugar de “acción” y “elección” praxeológica, cuyo máximo exponente es el profesor Israel Kirzner; y la visión nihilista del tardío Ludwig Lachmann, un enfoque institucionalista anti-teoría tomado del keynesiano “subjetivista” inglés G.L.S Shackle. (P. xiv)

Si bien esto describe con precisión el estado de la economía austriaca a principios de 1990, la situación se ha vuelto aún más polémica y confusa desde entonces. Mientras que la rama lachmanniana ha disminuido un poco en influencia, un nueva tendencia ecléctica se ha desarrollado, que propone a aglomerar indiscriminadamente elementos seleccionados de Menger, Mises, Hayek, Lachmann, Kirzner, Rothbard y con ideas sueltas de la economía de Adam Smith, Teoría de la Elección Pública, la Nueva Economía Institucional, economía de costos de transacción,  modelos de teoría de juegos, economía hermenéutica, y casos de estudio etnográficos e históricos, todos bajo la rúbrica de economía austriaca o “buena economía.” No hace falta decir que la situación ahora es aún menos satisfactoria de que lo que era cuando Rothbard escribió el pasaje anterior. Los interesados en investigación teórica en la tradición mengeriana causal-realista son vistos ahora por la profesión, gracias a la etiqueta de Austriacos, como parte de un movimiento heterodoxo áspero y pendeciero más interesado en discurrir sobre meta-economía esotérica o la elaboración de explicaciones de “orden espontáneo” para oscuros episodios históricos que en el análisis de asuntos “mundanos” al corazón de la corriente principal de economía—teoría del valor, teoría de precios, teoría de capital, teoría monetaria y los ciclos económicos.

Afortunadamente, Hombre, Economía y Estado señala el camino de salida de ese pantano de confusión, que permanentemente amenaza la marginalización completa de todas las ramas de la economía austriaca. Cada página del tratado de Rothbard está impregnada de una profunda conciencia de que el sistema teórico causal-realista que estaba exponiendo era parte de la económica dominante de una tradición económica internacional que se originó en la revolución marginalista. Su tratado, entonces, no fue concebido como un programa para un nuevo movimiento heterodoxo o para revivir uno viejo; en vez de eso, representa un esfuerzo para reconstruir la economía ortodoxa sobre los sólidos fundamentos del método praxeológico y para usar este método con el fin de avanzar sustantivamente la teoría. En un sentido crucial, la ciencia económica había temporalmente perdido su rumbo y estaba empezando a distanciarse de su rica herencia, y Rothbard quería regresarla a su camino. Consecuentemente, Rothbard nunca cedió la corriente principal de la ciencia económica a los discípulos de los modelos matemáticos y el método positivista, a los que él consideraba un culto irracional que había secuestrado la economía y cuyas doctrinas absurdas tarde o temprano terminarían en el basurero de la historia intelectual.

Rothbard ha sido demostrado correcto. Los modelos matemáticos se han revelado a sí mismos como un ejercicios vanos y formalistas incapaces de explicar la crisis monetaria internacional, las burbujas inmobiliarias y de valores, y las crisis financieras globales que han atormentado nuestro mundo en las dos últimas décadas. Es cada vez más evidente incluso para los economistas profesionales que el tortuoso desvío positivista ha llevado a un callejón intelectual sin salida. Por eso, extrañas sectas heterodoxas, como la economía del comportamiento, la economía experimental, literatura de la “felicidad”, la neuro-economía, etc, ahora abundan. Algunos economistas de mercado han incluso abandonado por completo la teoría económica moderna por la retórica menos rigurosa y las metáforas de la “mano invisible” de Adam Smith y el “orden espontáneo” de Hayek.[53]

La sentencia de muerte está sonando para los impostores matemáticos y positivistas en la corriente principal de economía. El tiempo es propicio para que los austriacos recuperen su posición legítima como los verdaderos representantes de la tendencia central de la teoría económica moderna afirmando el método praxeológico como el método de investigación de la economía. Los frutos prodigiosos de este método están frente nosotros en la estructura teorética integrada expuesta enHombre, Economía y Estado.

 

La Introducción se basa sustancialmente en la información y recursos que se encuentran en los Papers de Murray N. Rothbard. Los Papers de Rothbard se encuentran actualmente en el Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama, e incluyen, entre otros materiales, las Cartas de Murray Rothbard (1940-1994), notas y ensayos no publicados (1945-1994), y los borradores de obras publicadas.

[1]Rothbard a H. Cornuelle, 28 de junio de 1952; Rothbard Papers.

[2]Rothbard a Mises, 5 de mayo de 1959; Rothbard Papers. En español, “Está terminado.”

[3]Richard Cantillon, Essai sur la Nature du commerce en Général, ed. y trans. Henry Higgs (Nueva York: Augustus M. Kelley, 1964).

[4]Carl Menger, Principios de Economía, trad. James Dingwall y Bert E. Hoselitz (Nueva York: New York University Press, 1981). Menger había trabajado como periodista económico y analista de mercado para los diarios de noticias de forma intermitente durante más de una década. Para una revisón general de la vida y pensamiento de Menger ver José T. Salerno, “Carl Menger: La Fundación de la Escuela Austriaca,” en Randall G. Holcombe, ed., 15 Grandes Economistas Austriacos (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1999), pp 71-100 y el fuentes citadas en ella.

[5]Así en su prefacio al libro, Menger (Principios, p. 49) escribió:

He dedicado especial atención a la investigación de las conexiones causales entre los fenómenos económicos que envuelven productos y los correspondientes agentes de producción . . . con el propósito de establecer una teoría de precios basada en la realidad y la colocando de todos los fenómenos de precios (incluidos los intereses, salarios, renta de la tierra, etc.) bajo un punto de vista unificado. . . . (énfasis añadido)

[6]Para los factores que subyacen la subida y la caída de la temprana Escuela Austriaco, ver Joseph T. Salerno, “El Lugar de La Acción Humana de Mises en la Desarrollo del Pensamiento Económico Moderno,” Quarterly Journal of Austrian Economics 2, no. 1 (primavera 1999): 35-65.

[7]De hecho, en el prefacio de este tratado, Rothbard lamenta la desaparició del “tratado a la antigua sobre ‘principios’ de economía” después de Primera Guerra Mundial y la consiguiente desintegración progresiva de la economía, incluyendo la teoría económica, en sub-disciplinas compartimentadas. Sobre los factores que agravaron la fragmentación de la economía después de la Segunda Guerra Mundial, Véase Joseph T. Salerno, “Economía: Vocación o Profesión,” Ludwig von Mises Institute Daily Article (noviembre 17, 2004), disponible en http://mises.org/ story/1676.

[8]Ludwig von Mises, La Acción Humana: Tratado de Economía, Scholar’s Edition (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1998).

[9]Sobre las razones de esto, ver Salerno “El Lugar de la Acción Humana de Mises,” pp. 59-761. Los libros que moldearon la economía después de la guerra fueron hechos de una tela completamente diferente a la del tratado de Mises y se ocupan principalmente de técnicas formales, en lugar de la sustancia, de teoría económica. Estos incluyen, en particular: JR Hicks, Valor y Capital: Investigación Sobre Algunos Principios Fundamentales de Teoría Económica, 2ª ed. (Nueva York: Oxford University Press, 1946); Paul A. Samuelson, Fundamentos de Análisis Económico (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1947); y George J. Stigler, La Teoría de Precios (Nueva York: Macmillan, 1947).

[10]El papel central de Rothbard en el renacimiento moderno de la economía austriaca se detalla en Joseph T. Salerno, “El Renacimiento de la Economía Austriaca—a la Luz de la Economía Austriaca,”Quarterly Journal of Austrian Economics 5, no. 4 (invierno 2002): 111-28.

[11]Rothbard a H. Cornuelle, 28 de junio de 1952; Rothbard Papers.

[12]Rothbard a H. Cornuelle, 14 de marzo de 1951; Rothbard Papers. “Lo que hizo McCulloch por Ricardo” se refiere a los Principios de Economía Política de John Ramsay McCulloch (New York: Augustus M. Kelley, [1864] 1965).

[13]Ibid.

[14]Rothbard a R. Cornuelle, 9 de agosto de 1954; Rothbard Papers.

[15]Rothbard a H. Cornuelle, 28 de junio de 1952; Rothbard Papers.

[16]Ludwig von Mises: “Hombre, Economía y Estado: Un Nuevo Tratado Sobre Economía” en idem,Libertad Económica e Intervencionismo: Una Antología de Artículos y Ensayos, ed. Bettina Bien Greaves (Irvington-on-Hudson, N.Y.: Fundación para la Educación Económica, 1990), pp 155-56.

[17]Ibid., Pp 156-57.

[18]La siguiente declaración es indicativa de la actitud de Mises en este respecto: “Nunca ha vivido al mismo tiempo más de una veintena de hombres cuyo trabajo contribuyó en algo esencial a la economía” (Mises, La Acción Humana, p. 869).

[19]Rothbard a R. Cornuelle, memo: “¿Libro texto o tratado?”; Rothbard Papers.

[20]En La Acción Humana, Mises evitó un análisis profundo de la estructura de la producción para varios periodos, tal vez porque lo asociaba con la concepto de “periodo promedio de producción” mirando-hacia-atrás del trabajo de Böhm-Bawerk que él criticaba. (Mises, La acción humana, pp 485-86).

[21]Mises, La Acción Humana, p. 3.

[22]Ludwig von Mises, Problemas Epistemológicos de la Economía, 3ª ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2003), p. 228.

[23]Ibid., P. 175.

[24]Ludwig von Mises, El Marco Histórico de la Escuela Austriaca de Economía, 2ª ed. (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1984), p. 41.

[25]Para una revisión general y críticas a este giro nihilista en la economía, ver David Gordon,Hermenéutica Versus Economía Austriaca (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1986), disponible en http://mises.org/etexts/hermeneutics.asp; Hans-Hermann Hoppe, “En Defensa del Racionalismo Extremo: Pensamientos Sobre La Retórica de la Economía de Donald McCloskey,” Review of Austrian Economics 3 (1989): 179-214, disponible en http://mises.org/journals/rae/pdf/RAE3_1_16.pdf; y Murray N. Rothbard, “The Invasion hermenéutica en Filosofía y Economía,” en idem, La Lógica de la Acción Dos: Aplicaciones y Críticas Desde la Escuela Austriaca (Lyme, Nueva Hampshire: Edward Elgar, 1997), pp 275-93.

[26]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. xcii.

[27]Ibid., p. 357.

[28]Ibid., p. xciii.

[29]Philip H. Wicksteed, El Sentido Común de la Economía Política, Documentos Selectos y Comentarios Sobre Teoría Económica, ed. Lionel Robbins, 2 vols. (New York: Augustus M. Kelley, 1967); Frank A. Fetter, Principios de Economía con Aplicaciones a Problemas Prácticos (Nueva York: The Century Co., 1910); FW Taussig, Principios de Economía, 2 vols. (New York: The Macmillan Company, 1911). Rothbard no consideraba La Acción Humana un “libro a la antigua” porque “supone un considerable conocimiento económico previo e incluye en sus amplios confines numerosas ideas filosóficas e históricas” (Rothbard, Man, Economy, and State, p. xciii).

[30]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. xciii.

[31]Ibid., p. xcii.

[32]Mises, La Acción Humana, p. 65.

[33]Ibid., pp 237-38.

[34]Ibid., pp 237-57.

[35]Mientras esta construcción es muy poco realista, no es irrealizable como la Economía de Rotación Constante (ERC), que abstrae completamente el cambio e incertidumbre y se utiliza para aislar analíticamente el ingreso por intereses y la función capitalista que lo obtiene de la ganancia empresarial. Así, un mundo en el que cada factor es adecuado para una y sólo una tarea no es inconcebible o lógicamente contradictorio. En contraste, la ERC es de hecho una construcción irrealizable y contradictoria. Describe un mundo en el que, por ejemplo, el futuro se conoce con certeza perfecta pero la acción, que siempre está destinada a cambiar el futuro, ocurre; y los agentes mantienen balances de dinero a pesar de la ausencia de incertidumbre respecto el patrón temporal de sus facturas y gastos futuros. Esto no es implicar que la proximidad a la realidad hace que una construcción imaginaria sea mejor o más útil que el otra; la única prueba de la utilidad de una construcción es la ayuda que da para pensar en la deducción de las leyes causales que operan en los mercados reales.

[36]Para la explicación de esta construcción, sus variaciones y la elaboración de sus implicaciones, ver Rothbard, Hombre, Economía y Estado, pp 329-66.

[37]Esta conclusión del agotamiento del ingreso de la producción entre salarios, renta, e intereses es válida solamente bajo el supuesto de que las condiciones futuras del mercado se conocen con certeza. Una vez que se elimina ese supuesto y se admite la posibilidad de sobrevaluación o subvaloración de los complementos de factores específicos por los capitalistas inversionistas, los beneficios empresariales y las pérdidas entran en escena. Sin embargo, en un mundo de factores específicos puros tales ganancias y pérdidas no tienen función de asignación de recursos, ya que, por definición, los factores no pueden cambiar entre           procesos de producción. Más importante aún, se hace claro que esos ingresos se acumulan sólo para los capitalistas y que, por tanto, en el mundo real de incertidumbre, las funciones de capitalista y empresario están integradas en el mismo agente.

[38]Mises, La Acción Humana, p. 238.

[39]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. xcii. Si bien Marshall utilizaba el método de construcciones imaginarias, su aversión a las deducciones largas paso-a-paso no siguió la advertencia de Mises: es “un método muy difícil de manejar, ya que fácilmente puede resultar en silogismos falaces. Esto conduce sobre de un borde afilado, a ambos lados del abismo choca con lo absurdo y sin sentido” (Mises, La Acción Humana, p. 238).

[40]Paul Samuelson, “Mi Filosofía de Vida: Credos de Política y Formas de Trabajo,” en Michael Szenberg, ed, Economistas Notables: Sus Filosofías de Vida (Nueva York: Cambridge University Press, 1993), p. 241.

[41]Paul Samuelson, Fundamentos del Análisis Económico, 2ª ed. (Nueva York: Atheneum, 1976), p. 4.

[42]Paul Samuelson, “Igualación de los Precios de los Factores Internacionales Una Vez más,” en laAsociación Americana de Economía, Lecturas Sobre Economía Internacional (Homewood, Illinois: Richard D. Irwin, 1968), pp 58; y idem, “Mi filosofía de vidak” pág. 241.

[43]Samuelson: “Mi Filosofía de Vida,” pág. 243.

[44]Ibid., P. 244

[45]Milton Friedman, “La Metodología de la Economía Positiva,” en idem, Ensayos Sobre Economía Positiva (Chicago: University of Chicago Press, 1970), pp 1-43. Algunos metodólogos han argumentado que la medología de los friedmanianos-positivistas comparten poco más que el vocabulario con filosofía de ciencia de Popper. Por ejemplo, ver Lawrence A. Boland, Los Fundamentos del Método Económico (Boston: Allen & Unwin, 1982), pp 155-96.

[46]Mark Blaug, Teoría Económica en Retrospectiva, 4ª ed. (Nueva York: Cambridge University Press, 1986), p. 3.

[47]De hecho algunas de las referencias en la presente edición son obras publicadas después de 1962, ya que este volumen incluye Poder y Mercado que fue escrito originalmente como el tercer volumen de Hombre, Economía y Estado, pero fue publicado por separado ocho años después. Para la historia detrás la decisión editorial de truncar Hombre, Economía y Estado y publicarlo en dos volúmenes y la reacción de Rothbard sobre eso, ver Stromberg, pp lxv-lxxi.

[48]André Gabor y I.F. Pearce, “Un Nuevo Enfoque a la Teoría de la Empresa,” Oxford Economic Papers54 (octubre de 1952): 252-65; idem, “El Lugar del Dinero-Capital en la Teoría de la Producción,”Quarterly Journal of Economics 72 (noviembre de 1958): 537-57.

[49]Roy Harrod, “Teoría de Ganancias,” en idem, Ensayos Económicos (New York, Harcourt Brace & Co. y, 1952), pp 190-95. Para una discusión detallada del concepto de Rothbard de la renta de la toma de decisiones y su significado para las teorías de la iniciativa empresarial y la empresa, ver Joseph T. Salerno, “El Emprendedor: Real and Imaginado,” Quarterly Journal of Austrian Economics 11 (3).

[50]Lawrence Abbott, Calidad y Competencia: Un Ensayo Sobre Teoría Económica (Westport, Connecticut: Greenwood Press, 1973).

[51]Rothbard, Hombre, Economía y Estado, p. 666, fn. 28.

[52]Rothbard a R. Cornuelle, memo: “¿Libro texto o Tratado?”; Rothbard Papers.

[53]Por supuesto el concepto de “orden espontáneo” no es sino una de las muchas contribuciones de Hayek. La mayoría de esas contribuciones fueron directamente en la tradición mengeriana causal-realista y se ocuparon de los temas mundano de la economía, tales como la teoría del capital, la teoría del ciclo económicos, la teoría monetaria internacional, e instituciones monetarias comparadas. Para una colección de las obras más importantes de Hayek en estas áreas, ver Precios y producción y otras obras: F.A. Hayek Sobre el Dinero, el Ciclo Económico, y el Patrón Oro, ed. Joseph T. Salerno (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 2008). También ver Peter G. Klein, “La Economía Mundana de la Escuela Austriaca,” Quarterly Journal of Austrian Economics 11, no. 3 (Otoño de 2008), para el argumento de que la noción de orden espontáneo, correctamente entendida, tiene sus raíces en la economía causal-realista de Menger.

Traducido del inglés por Dante Bayona.

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El alegato de David Friedman – Robert P. Murphy

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En un artículo reciente, este autor demostraba que dos de los ‘sorprendentes’ resultados de Steven Landsburg se debían a sus falsas suposiciones y que el ‘ingenuo’ hombre medio era así exonerado de la crítica de Landsburg. En este artículo, intentaremos hacer lo mismo con un argumento presentado por el eminente David Friedman en su fascinante libro, Hidden Order (HarperCollins, 1996).

Al igual que con Landsburg, primero será necesario citar por extenso a Friedman. El siguiente análisis se presneta en su sección “Heads I Win, Tails I Win” [“Cara, yo gano; cruz, yo gano”]:

Acabas de comprar una casa. Un mes después, sube el precio de las casas. ¿Hemos ganado (nuestra casa vale más) o hemos perdido (los precios son más altos) como consecuencia del cambio de precio? La mayoría de la gente contestaría que hemos ganado: poseemos una casa y las casas son ahora más valiosas. Acabas de comprar una casa. Un mes después, baja el precio de las casas. ¿Hemos perdido (nuestra casa vale menos) o hemos ganado (los precios son más bajos)? La mayoría de la gente contestaría que hemos perdido. Las respuestas parecen consistentes. Parece evidente que si un aumento en el precio de la vivienda te hace ganar, entonces una bajada debe hacerte perder. Es evidente, pero erróneo. ¡La respuesta correcta es que tanto una subida como una bajada en el precio de la vivienda te hacen ganar! Podemos verlo haciendo [un sencillo análisis de curva de indiferencia]. [Friedman se refiere luego a su diagrama que tiene en el eje vertical la “cantidad de viviendas” y en el horizontal  “dólares gastados en todo lo demás”. Dibuja una línea inicial de presupuesto y encuentra el punto óptimo A (en el que la línea es tangente a una curva de indiferencia). Luego muestra que, hagamos más pendiente o más tendida la línea de presupuesto, como sigue teniendo que pasar por A (ya que el propietario siempre puede elegir mantener su combinación de consumo original después de que el precio cambie), el nuevo punto tangente resultante (en ambos casos) por simple geometría debe estar en una curva de indiferencia más alta]. Mirando el gráfico, deberíamos convencernos de que el resultado es general: suban o bajen los precios de la vivienda tras comprar la casa, has ganado más que si siguieran igual. El argumento puede explicarse con palabras como sigue: Lo que te importa es lo que consumes: cuanto en vivienda y cuánto en todo lo demás. Antes del cambio de precio, la combinación que habías elegido (tu casa más lo que vayas a comprar con el resto de tu renta) era lo mejor disponible: si los precios no han cambiado, habrías seguido consumiendo en la misma combinación. Después de que los precios cambian, sigues pudiendo elegir consumir en la misma combinación, ya que la casa ya te pertenece, así que no puedes perder como consecuencia del cambio de precio. Pero como la combinación óptima de vivienda y otros bienes depende del precio de la vivienda, es improbable que la combinación antigua siga siendo óptima. Si no lo es, eso significa que ahora hay una alternativa más atractiva, así que ganas: existe una nueva alternativa que prefieres a la mejor alternativa (la combinación antigua) que tenías antes. La ventaja de la aproximación geométrica al problema es que el dibujo nos da la respuesta. Todo lo que tenemos que hacer es mirar [el gráfico]. La línea inicial de presupuesto era tangente a su curva de indiferencia en el punto A, así que cualquier línea de presupuesto que atraviese A con una pendiente distinta debe cortar la curva de indiferencia. En un lugar u otro de la intersección, la nueva línea de presupuesto está por encima de la antigua curva de indiferencia, lo que significa que ahora tienes oportunidades que prefieres a la combinación A. Lo que la gráfica no nos dice es por qué. Cuando resolvemos el problema verbalmente, podemos llegar a una conclusión incorrecta (como al principio de esta sección, donde yo concluía que una caída en el precio debería hacerte perder). Pero una vez que encontramos la respuesta correcta, posiblemente con cierta ayuda del gráfico, no solo sabemos que es cierto, también sabemos por qué. (34-36).

El análisis de Friedman es evidente, pero erróneo. Su error más importante es una aplicación ilegítima al mundo real de los mercados de un problema de optimización estática sin cambios en el tiempo. En otras palabras, Friedman supone que puede ocuparse del fenómeno del cambio en los precios encontrando la combinación óptima A en un precio, dibujando luego una línea diferente a través de ese punto y encontrando la nueva combinación óptima B. Si B está n una curva de indiferencia más alta, Friedman lo interpreta como que el cambio en los precios ha beneficiado al sujeto.

El procedimiento está completamente injustificado. La determinación de una combinación óptima A solo tiene sentido si el precio es (y siempre será) el precio original. No podemos comparar las utilidades de dos puntos de equilibrio estáticos con el fin de decir algo acerca de un modelo que (más realistamente) permite la posibilidad de precios cambiantes.

Friedman piensa que su análisis geométrico puede “capturar” adecuadamente el fenómeno del mundo real de mantener activos en medio de cambios de precios. Pero este paso en su argumento no es tan evidente. Lo que realmente muestra el diagrama de Friedman es que el sujeto preferiría estar en la combinación A y afrontar la segunda (o tercera) relación de precios. Friedman supone que esto es lo mismo que la proposición de que el sujeto, usando inicialmente la combinación A, prefiera un cambio de precio. En muchos casos, esta equivalencia puede estar justificada. Pero no ciertamente en el ejemplo de  Friedman y su ‘refutación’ del razonamiento verbal al principio de su capítulo es por consiguiente errónea.

La vivienda es peculiar porque es un activo duradero que asimismo ofrece un flujo de servicios. Podemos comprobar el rigor del análisis de Friedman moviéndonos a los dos extremos del espectro. Primero, supongamos que el bien en cuestión fuera duradero, como la vivienda, sino extremadamente perecedero: Así, hagamos que el eje vertical represente la “Cantidad de comida”, mientras que el horizontal representa “Dólares gastados en todo lo demás”. Tenemos un precio original de la comida relativo a todo lo demás y nuestro agente compra la cantidad óptima. Ahora supongamos que una catátrofe mundial hace que muera toda la vegetación, (Nadie sabe por qué, ni siquiera los doctores en física). En consecuencia, el precio de una “unidad” de comida aumenta, digamos a 1.000 millones de dólares. Los tontos periodistas del Wall Street Journal e incluso periódicos menores concluyen que la humanidad está condenada y que todos han perdido muchísimo como consecuencia del aumento de precios. Si alguien había pensado que comprar más comida será deseable, ya lo habría hecho. De hecho, todos ganan muchísimo. Una persona puede vender solo una parte de una unidad de comida y con los resultados comprar todo tipo de bienes de lujo que estaban antes fuera de su alcance.

Ahora supongamos que el eje vertical representa “Número de monedas de oro”. Un hombre de ochenta años, a punto de morir, vende prácticamente todas sus posesiones y compra su equivalente en oro a cierto precio, tratando de legarlo a sus herederos. El día después de la compra un avance en la alquimia permite la fácil transformación del cobre en oro, de forma que el precio de este último cae hasta igual que el precio del primero. Al principio el hombre está terriblemente preocupado, pues sus herederos ya no podrán permitirse comprar la misma cantidad de bienes que bajo la estructura de precios anterior. Pero sus amigos el señalan lo erróneo de su opinión: Antes, el anciano tenía unos pocos cientos de dólares en efectivo, pensando que la moneda de oro marginal no merecía comprarse. Pero ahora el hombre puede permitirse dar a sus herederos 100 monedas de oro adicionales, sacrificando solo un dólar. En realidad, la caída de precios es un beneficio, no una maldición.

El defensor acérrimo del análisis de la curva de indiferencia sin duda no estará convencido de los ejemplos anteriores. Si queremos modelar el proceso más complicado de comprar (y vender) casas con el tiempo entonces nuestro eje vertical debe interpretarse para indicar no solamente el número de casas compradas hoy sino más bien el plan (de contingencia) especificando cuántas casas se comprarán y en qué fecha, para el resto de la eternidad, como una función de sus precios de mercado de compra inmediata. Una vez que ajustemos el modelo para reflejar los fenómenos del mundo real que estamos tratando de describir, los absurdos anteriores desaparecen.

Es indudablemente cierto, pero entonces, como hemos dicho mucho antes, ya no podemos permitir un ‘precio de cambio’ ya que esta posibilidad ya se ha incluido en el precio original (vector). No podemos hacerlo de ambas maneras: o el modelo incorpora el tiempo o no lo hace. Si no lo hace, entonces no podemos sacar ninguna conclusión respecto de los efectos de las condiciones cambiantes. El resultado de Friedman es tan completamente inesperado que debería haber probado su capacidad de generar incluso conclusiones más definitivas. Por ejemplo, su gráfico habría ‘probado’ la proposición realmente contraintuitiva de que un decreto gubernamental prohibiendo ventas futuras de viviendas no tuviera efectos para nadie, ni siquiera para parejas jóvenes que estén planeando comprarse mañana una casa.

 Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

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¿Porqué el anarcocapitalismo?

Market anarchism flag

Porque ha crecido en mí la merecida desconfianza del proceso político. Cada palabra es una cortina de humo, cada acción debe ser medida y recubierta de falsedades. No existe nada verdadero en la política, la acción firme escasea, toda meta es oblicua, toda condición es negociable, toda teoría es pisoteada por la visión nublada de la masa pública. Y la palabra social es la más prostituta de todas.

 Porque resulta ingenuo pensar en “estados mínimos” y planes de control seudocientíficos: el aparato político se expande cual desierto, erosionándolo todo. Es la política el opio de los científicos sociales. Se esfuerzan por adornarla con joyas institucionales, el candado, la representación, las fallas de mercado, la votación.. y así dibujan un mundo que cabe sólo en sus escritorios y en sus tertulias tan desencantadas como moderadas. No hay cómo controlar la expansión del desierto, es inútil pedirle frutos o esperar que llueva. 

 Porque los bomberos no tienen por qué ser un monopolio del Estado. El costo de las carreteras fuera el verdadero si no se las financiara con robos impositivos ni pistolas expropiadoras. ¡Que importa si las ciudades tuvieran menos museos o si un letrero de Coca Cola colgara de la Torre Eiffel!, no habría parásitos alimentándose del Fondo de Cultura ni burócratas hablando sin saber. La educación quizás no fuera cuartelizada y tan soberanamente desconectada. La salud mucho más barata y la generosidad despolitizada. Es el Estado el que al imponer la caridad destruye lo que una sociedad libre hubiera tejido. 

 Porque la ley antecede al Estado, es la sociedad en su devenir la que la siembra. Porque la legislación es la arrogancia de unos pocos que se han aprovechado de la muerte de Dios y de la democratización de los días y las noches. Quizás los arrogantes no lo sepan, pero la sociedad fuera más rica y pacífica si no escribieran una sola línea. Los filósofos que ciegos! al no ver que la cárcel la dibuja el positivismo jurídico (Si tan sólo Marx hubiera ido a la guerra), la constitución es una carta a Santa Claus y la asamblea tentaculiza la sociedad hasta sus esquinas más remotas. Sin Estado, la ley no tuviera que implorar respeto ni controlar quien entra o sale de su tierra.

 Porque el hombre que se mimetiza no es un héroe y la sociedad que mimetiza al hombre es perversa. Así, el Estado cual jardinero poda sus bonsais al estilo más social y el hombre pierde sus ramas. Es incluso incapaz de imaginar cómo dormir sin el manual oficial del Ministerio del Sueño, que pesadilla. 

 ¿Igualdad o libertad?. Por suerte el peor de todos los ideales, la igualdad, es lejano e imposible. Queda el respeto por un ideal un tanto poético pero sincero, humano y verdadero. Libertad.

 

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¿Nueva burbuja financiera en Wall Street?

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La burbuja actual sería hija de la euforia de Wall Strett (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras las políticas monetarias de los grandes bancos centrales mundiales que han inundado los mercados con centenares de miles de millones de dólares y euros con la esperanza de relanzar la economía, más aún cuando las colocaciones sin riesgo ( deuda de EEUU o de Alemania), no retribuyen nada a los inversionistas. Sin embargo, el nivel suelo (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se situaría en la horquilla de los 9.000 y 10.000 puntos en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, debido a la mayor virulencia y profundidad que presenta la crisis económica y muy lejos de los estratosféricos valores actuales ( rozando los 14.000 puntos y rememorando valores de 2007).

Génesis de la burbuja:

Racionalidad limitada: La desconexión con la realidad por parte de los inversores les llevaría a justificar la exuberancia irracional de los mercados ( creándose un mundo virtual de especulación financiera que nada tendría que ver con la economía real) y a extrapolar las rentabilidades actuales como un derecho vitalicio lo que unido a la pérdida de credibilidad de las agencias de calificación como Moody’s (al no haber predicho la actual crisis), coadyuva a que el mercado permanezca insensible al recorte de rating de las compañías que cotizan en la bolsa.

Especulación: El proceso especulativo impulsa a comprar con la esperanza de sustanciosas ganancias en el futuro, lo que provoca una espiral alcista alejada de toda base factual,Así, el precio del activo llega así a alcanzar niveles estratosféricos hasta que la burbuja acaba estallando (crash) debido a la venta masiva de activos y la ausencia de compradores, lo que provoca una caída repentina y brusca de los precios,( hasta límites inferiores a su nivel natural) dejando tras de sí un reguero de deudas ( crack bursátil)

Incertidumbre sobre el nivel suelo de los valores bursátiles: Un inversor está dispuesto a pagar un precio por una acción si le reporta dinero en el futuro, por lo que el valor de dicha acción es el total de flujos esperados. El nivel suelo de las Bolsas mundiales, (nivel en el que confluyen beneficios y multiplicadores mínimos), se situaría en la horquilla de los 9.000 y 10.000 puntos en Mercados Bursátiles como el Dow Jones, debido a la mayor virulencia y profundidad que presenta la crisis económica y muy lejos de los estratosféricos valores actuales ( rozando los 14.000 puntos y rememorando valores de 2007).

Por ello, los inversores empiezan ya a sentir el vértigo de la altura y se espera que a lo largo del 2013 baje el porcentaje de los resultados empresariales que se destinarán a dividendos así como el número de empresas que repartirán el mismo , pues el impacto del cambio impositivo dependerá de cómo se evite el precipicio fiscal ( recordar que Obama quiere subir la imposición máxima del 15 al 40%) y si los inversionistas comienzan a anticipar un freno a las políticas monetarias destinadas a reactivar la economía por parte de los Bancos Centrales, podrían verse tentados de exponerse menos al riesgo con el consecuente efecto bajista en las cotizaciones de las acciones.

Repunte de las commodities: En el repunte generalizado en los precios de los commodities en el 2012 no sólo influye la recuperación del petróleo, sino que también juegan algunos factores coyunturales, como las malas condiciones climáticas (sequías, falta de humedad y bajas temperaturas) que se registraron en las principales zonas productoras del mundo y el regreso de la especulación de la mano de los fondos de inversión. Así,según prensa.com, la amenaza de daños a las cosechas en amplias regiones de Estados Unidos por la ola de calor y la persistente sequía está teniendo un efecto inmediato en el alza del precio de los cereales y la soja alcanzó en la Bolsa de Futuros de Chicago (CBOT) un nuevo récord ( el maíz se situó en el precio más alto en cuatro años con subidas del 30% en el 2012).

Posible crack bursátil en el 2013: La euforia de Wall Strett (y por extrapolación del resto de bolsas mundiales) tras el goteo de datos económicos negativos inferiores a las más pesimistas previsiones, habrían ayudado a la sobreponderación de los brotes verdes de la economía norteamericana ( aumento del 2,2% del PIB de EEUU en el 2012 y notable mejora de resultados de la Banca y Wall Strett). Se habría así producido un cambio en las expectativas del mercado, existiendo ahora la convicción de que las políticas de rescate financiero ( Programa de Apoyo para activos con problemas (TARP) llevado a cabo por las Administraciones y las sucesivas bajadas de tipos de interés de la Fed habrían aliviado los problemas de liquidez de las entidades financieras, pero no impedirán que los bancos se sigan descapitalizando y necesiten más inyecciones de capital, debido a la existencia de emisiones del sector inmobiliario (cédulas hipotecarias) y de activos tóxicos (hipotecas subprime) que deberán ser comprados por los bad banks ( bancos malos) o continuar con el goteo de nacionalizaciones bancarias, prácticas que en ambos casos suponen una pérdida de la libre competitividad .

Ello unido al incesante aumento de la Deuda externa contribuirá a que la prima de riesgo aumente y el crédito siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés reales, lo que aunado con el hecho de que los diferenciales de rentabilidad entre las emisiones de deuda pública entre los diversos países del primer mundo han aumentado en los últimos meses, (lo que conlleva un encarecimiento y mayores dificultades para obtener financiación exterior), la adopción de medidas extraordinarias como implementar medidas cuantitativas (Quantitative Easing3 ) para incrementar la base monetaria y la reducción de las exportaciones debido a la severa constricción del comercio mundial, podría agudizar el riesgo evidente de estancamiento de la economía de EEUU.

Además, una posible subida de tipos de interés de la Fed en el segundo semestre del 2013 unido al repunte de los precios del crudo podría dar lugar a episodios de estanflación al conjugarse una alta inflación  con la posible entrada en recesión de su economía ( el PIB se contrajo un 0,1 % en el cuarto trimestre del 2012 y la tasa de paro escaló hasta el 7,9%), lo que aunado con el riesgo de un default controlado de Grecia, Irlanda , Portugal , Italia y España, las dudas sobre la capacidad de endeudamiento de EEUU, el estallido de la burbuja inmobiliaria en China (los expertos estiman que de producirse dicho crash causaría un impacto a nivel global 10 veces superior al que provocó el colapso del emirato petrolero de Dubai), el alza galopante del precio del crudo (rondando el Brent los 120 $ ) y el regreso de la especulación en las commodities agrícolas de la mano de los fondos de inversión podría producir un nuevo crack bursátil en el 2013 .

Dicho crack tendría como efectos benéficos el obligar a las compañías a redefinir estrategias, ajustar estructuras, restaurar sus finanzas y restablecer su crédito ante el mercado y como daños colaterales la ruina de millones de pequeños inversores todavía deslumbrados por las luces de la estratosfera, la inanición financiera de las empresas y el consecuente efecto dominó en la declaración de quiebras, frecuentes estallidos de conflictividad laboral, tasas de paro desconocidas desde la II Guerra mundial e incrementos espectaculares del déficit público y de la Deuda Externa.

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¡Feliz y egoísta Día de Ayn Rand!

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El 2 de febrero es el aniversario del nacimiento de Ayn Rand. En el futuro, este acontecimiento se celebrará en todo el mundo. Ahora es el momento de nombrarlo y definirlo.

Ayn Rand, filósofa y novelista, es la creadora de Objetivismo – la filosofía del egoísmo racional, una filosofía “para vivir en la Tierra” — y autora de best-sellers como La Rebelión de Atlas y El Manantial.

El significado del Día de Ayn Rand es egoísmo. Para celebrar el Día de Ayn Rand, haces algo que normalmente no haces en ningún otro día de fiesta: te das un regalo a ti mismo. El Día de Ayn Rand es para que obtengas ese objeto de lujo que anhelas pero que normalmente no compras, o para realizar esa actividad que siempre dejas para más adelante, esa actividad que te encantaría hacer y para la que nunca tienes tiempo.

El Día de Ayn Rand es para que recordemos que el placer es una necesidad real, una exigencia psicológica de una consciencia volitiva. Para el hombre, la motivación, la energía y el entusiasmo no son algo que podamos dar por hecho; la depresión patológica no sólo es posible, sino que está creciendo de forma alarmante en nuestra cultura, una cultura que predica el deber y la auto-denigración. La alternativa no es una diversión superficial de corto plazo, sino un placer real, profundo y auto-gratificante. En el Día de Ayn Rand, si haces algo que normalmente considerarías “divertido” o “entretenido”, hazlo bajo una premisa diferente y con un significado más profundo: aceptando el hecho que necesitas placer, que te lo mereces, y que el propósito y la justificación de tu existencia es conseguir lo que quieres – lo que realmente quieres – con plena consciencia y dedicación.

En El Manantial, Peter Keating llega a darse cuenta de esto:

“Katie, yo quería casarme contigo. Era la única cosa que realmente quería. Y ese es el pecado que no puede ser perdonado: que no hice lo que quería. La sensación que tengo es tan sucia, tan inútil y monstruosa, como lo que uno siente sobre la locura, porque no tiene ningún sentido ni dignidad, es sólo dolor, y dolor en vano. . . . Katie, ¿por qué siempre nos enseñan que es fácil y malo hacer lo que queremos, y que necesitamos disciplina para refrenarnos? Es la cosa más difícil del mundo, hacer lo que queremos. Y se necesita el mayor tipo de valor. Quiero decir, lo que realmente queremos. Como el que yo quisiera casarme contigo. No el que quiera acostarme con cualquier mujer, o emborracharme, o que mi nombre aparezca en los periódicos. Esas cosas… no son ni siquiera deseos… son cosas que la gente hace para escapar de los deseos, porque es una responsabilidad tan grande, el realmente querer algo”. [pp. 599-600]

Aprovechemos el Día de Ayn Rand para desafiar cualquier premisa basada en el “deber”, para reafirmar el amor por tus valores, y para honrar el principio de que la alegría de vivir es un fin en sí misma.

¡Feliz y egoísta Día de Ayn Rand!

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David Friedman: “El dinero no debe ser un monopolio del Estado” – Diego Sánchez de la Cruz

El economista estadounidense trata la reforma educativa, la tenencia de armas y el sistema monetario en una entrevista con Libre Mercado.

Dfriedman

 

Pregunta (P): Su hijo Patri Friedman promueve diferentes alternativas a los gobiernos tradicionales. Entre ellas, el Instituto Seasteding, que aspira a crear comunidades sin Estado en altamar, y el proyecto de las ciudades chárter, que quiere establecer ciudades libres dentro de la jurisdicción de Estados tradicionales.

Respuesta (R): Creo que hay que explorar estos caminos. Ya le he dicho a mi hijo que dudo que funcione el primero de esos dos proyectos, pero en cualquier caso se trata de una iniciativa muy deseable. Además, como su proyecto tiene una posibilidad pequeña de éxito, el retorno que podría generar sería notablemente alto.

En cualquier caso, creo que las ciudades chárter son más realistas, aunque el proyecto con el que Patria ha estado trabajando en Honduras empieza a complicarse. La última vez que hablé con él me dijo que cree que quizá no saldrá adelante. Pero también sería un avance en la dirección correcta.

P: ¿Entonces cree que hay un futuro interesante para las ciudades chárter?

R: Veamos, un gobierno bien informado se enfrenta a un conflicto de intereses contradictorios: por un lado, maximizar su poder, y por otro, maximizar el bienestar de la sociedad a la que gobierna. Estos dos objetivos son, en última instancia, incompatibles… Pero si un gobierno es realista y lo asume, entonces iniciativas como las ciudades chárter tienen más sentido.

Ésta es una posibilidad realista en el siglo XXI. Puede que hace décadas un burócrata indio creyese en la planificación económica, pero hoy es mucho más difícil que sea así. Por suerte, como hay muchos países en el mundo, sería difícil frenar la propagación de estas iniciativas.

P: Confía, por tanto, en que el establecimiento de una o varias ciudades chárter generaría un efecto arrastre en el resto del mundo…

R: En este tema entiendo que ocurre lo mismo que en la tecnología. Basta con que un solo país permita el desarrollo de un determinado proyecto tecnológico para que los demás acaben aceptándolo, tarde o temprano.

Por ejemplo, debido al gran progreso científico que hemos vivido, pienso que existe la posibilidad de alcanzar una tecnología que frene el envejecimiento. Evidentemente, algunos gobiernos se opondrían a esto, pues complicaría más aún la supervivencia de sus programas asistenciales. No obstante, bastaría con que algunos países estuviesen dispuestos a aceptar este desarrollo para que los demás terminasen por adoptarlo.

P: ¿Qué me dice de la educación? Tanto su padre Milton Friedman como Vd. han recomendado en incontables ocasiones que este ámbito no esté en manos del Estado.

R: Soy un radical, pero no un revolucionario. Por eso entiendo que podemos avanzar en esa dirección mediante soluciones graduales como el cheque educativo. Con un sistema así, el Estado pasa de proveer servicios de educación a simplemente financiarlos. Así, las escuelas ya no están manejadas ni controladas de forma centralizada, y se ven obligadas a competir entre sí por la asignación de los recursos. Un sistema de cheque educativo asegura que los centros que proporcionen un mejor servicio serán receptores de esos fondos. A largo plazo, lo ideal sería que el sistema fuese enteramente privado y libre, pero esta es una reforma apropiada para avanzar en la dirección correcta.

P: En España no es nada fácil defender que el Estado deba replegar su papel en el ámbito educativo.

R: Pues creo que este sector es uno de los que más lejos debería estar del Estado. Entiendo que se enmarca en la misma categoría que la prensa, la radio, la televisión… Tener una agencia estatal controlando y dirigiendo la educación permite que políticos y burócratas impongan sus ideas y valores en detrimento de otras sensibilidades. Por eso creo que todo paso que nos aleje del paradigma actual será recomendable. Afortunadamente, en Estados Unidos se están produciendo avances significativos en esta cuestión.

P: Otro aspecto impopular a este lado del Atlántico es la libertad de poseer armas que defienden muchos estadounidenses.

R: Hay dos razones muy fuertes por las que merece la pena reivindicar esto. La primera es que las armas permiten a la gente protegerse mejor del crimen. La segunda es que las armas ayudan a limitar también los excesos de la policía. En mi país, como en muchos otros, los abusos policiales no siempre son castigados como correspondería. Por eso es importante defender la libertad de poseer armas: no solamente nos protege del crimen sino también de los excesos estatales contra los derechos individuales.

En esta cuestión no podemos olvidar lo importantes que son los incentivos. El criminal que sabe que nadie más va armado tiene mucho que ganar y poco que perder, pero permitiendo la tenencia de armas esos incentivos cambian y dedicarse al crimen resulta mucho menos rentable que en el escenario anterior.

P: Cambiando de tema y centrándonos en asuntos europeos, habrá podido comprobar en su visita que existen muchas dudas sobre la moneda única. ¿Cuál es su opinión sobre los problemas monetarios de nuestro tiempo?

R: A menudo planteamos el debate entre dinero fiduciario o dinero respaldado por oro olvidando que, en primer lugar, ésta es una cuestión de incentivos. Si el Estado tiene el monopolio monetario, entonces se crean incentivos perversos que invitan a manipular la moneda para generar inflación y así crear una falsa ilusión de prosperidad. Por supuesto, otro problema derivado de ese monopolio es el aumento de la deuda pública.

Sería conveniente descentralizar esta cuestión, para que sean las personas y no un banco central quienes decidan sobre el dinero. La Escocia de Adam Smith nos da algunos ejemplos interesantes de lo que podemos hacer en este sentido. Entonces, la emisión de dinero estaba en manos del sector privado y las personas decidían día a día qué moneda empleaban. En dicho sistema se iría convergiendo hacia un panorama monetario libre, en el cual habría competencia real entre bancos más prudentes y responsables.

P: ¿Entonces Europa se equivocó creando una moneda “única” en vez de una moneda “común”?

R: No solo eso, sino que cuando se creó el euro, muchos de los problemas derivados de tener diferentes divisas nacionales ya estaban esfumándose. Al fin y al cabo, la tecnología ha hecho que manejar dos monedas diferentes ya no sea un problema significativo. Hoy en día, podemos acudir con nuestra tarjeta de crédito a cualquier país y un ordenador traducirá nuestro dinero a la divisa local de forma clara y sin problemas.

P: Y en lo tocante al sistema financiero, entiendo por sus palabras que un sistema de banca libre y dinero privado acabaría con los rescates que hemos vivido a ambos lados del Atlántico durante esta y otras crisis, ¿no?

R: Evidentemente, si retomamos el sistema de banca libre ya no existe una banca central, por lo que las entidades se verían obligadas a actuar de forma mucho más cautelosa. Un banco no podría extender la oferta de crédito de manera irresponsable, pues tendría que respaldar ese crédito. Aquí podemos debatir si ese respaldo debe ser con oro o sencillamente con capital.

En el ejemplo escocés, los bancos eran empresas de responsabilidad ilimitada, por lo que los dueños de las entidades respondían con su propio patrimonio. Esto llevaría a asumir comportamientos responsables y prudentes.

 

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© Alejandro Muyshondt