La batalla del agua en Nejapa – Enric Llopis

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El municipio salvadoreño de 30.000 habitantes planta cara a grandes empresas como Coca-Cola y Jumex

Emplazado a sólo 15 minutos en automóvil de San Salvador, en el municipio de Nejapa (“río de las cenizas”), de 30.000 habitantes y 83,3 kilómetros cuadrados de superficie, se cosecha café, caña de azúcar, maíz y frijol. Su alcaldía fue conquistada por
el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en 1994, de hecho, era la primera de la que se apoderaba el partido de la exguerrilla en el área metropolitana de San Salvador desde el final de la guerra, en 1992. Se trata de un pueblo “dormitorio”,
habitado en buena parte por gente que trabaja en la capital (el área metropolitana suma en torno a 1,5 millones de habitantes). Los autobuses que comunican Nejapa con San Salvador no lo hacen a través de una línea directa, sino que proceden de otros
municipios. El diagnóstico realizado con la participación ciudadana en las comunidades de Nejapa, actualizado hace sólo seis meses, apunta algunas de las principales demandas populares: la mejora de los caminos, las carreteras y del servicio de agua
potable. Los problemas de abastecimiento de agua afectan de modo muy directo a cerca del 30% de la población de Nejapa, aunque el resto de los habitantes tampoco dispone de suministro permanente. Tanto el Ministerio de Medio Ambiente de El Salvador como
la entidad gubernamental de aguas (ANDA) reconocen la situación de “estrés hídrico” en el municipio. Sergio Quijada, alcalde de Nejapa por el FMLN desde el año 2009, confirma estas dificultades pese a los ocho pozos de agua ubicados en Nejapa (que abastecen
al área metropolitana), y otros dos que suministran agua a la población de este municipio. La alcaldía y los vecinos han señalado, entre otros factores, la responsabilidad de las grandes empresas. Coca-Cola y el grupo Jumex son titulares de pozos de
agua en Nejapa que se utilizan como materia prima para las bebidas, sean jugos, refrescos o hidratantes. Según denuncia la alcaldía, Jumex ha realizado desde 2009 vertidos contaminantes que han llegado a colapsar la planta local de tratamiento y contaminado
“quebradas” (afluentes de escaso caudal) que pasan por este municipio metropolitano. “No tenemos un control municipal de las extracciones que realizan las empresas”, lamenta Sergio Quijada. “Están esquilmando los pozos”. “El agua no se vende y Nejapa
se defiende” ha sido una de las consignas que ha precipitado la movilización popular, desplegada incluso a través de una campaña internacional. En las ciudades de El Salvador se programaron conferencias a las que no asistió ningún medio de comunicación.
Sergio Quijada lo achaca a las inversiones publicitarias de Coca-Cola en los medios salvadoreños. Hace menos de un mes que la campaña global recogió miles de firmas que se entregaron en la delegación de la multinacional estadounidense en Nejapa. “Trabajaremos
adecuadamente y reduciremos el consumo”, fue la respuesta protocolaria de la compañía. En un vídeo reivindicativo los movimientos sociales han ironizado con el gran eslogan de Coca-Cola, “la chispa de la vida”, y una exposición fotográfica ha recorrido
diferentes municipios del país. “Coca-Cola pretende adquirir otros dos pozos para el embotellamiento de agua en el término municipal”, advierte el alcalde. De momento, el proyecto ha sido detenido gracias a la batalla popular: tres años de empoderamiento
y movilización constante. El caso de la explotación de acuíferos en Nejapa por parte de Coca-Cola ha llegado al Tribunal Latinoamericano del Agua. Aproximadamente el 75% del municipio de Nejapa se corresponde con áreas rurales, trabajadas en gran parte
por temporeros y colonos, aunque también están presentes cinco grandes cooperativas agrícolas. La alcaldía reconoce importantes tasas de pobreza, aunque “el fenómeno es general en El Salvador”, matiza Sergio Quijada. “Los ayuntamientos contamos con pocos
recursos y la tierra es privada, como mucho podemos hacer acompañamiento para que las cooperativas y los propietarios cedan tierras”. La actividad de las “maras”, que las clases dominantes invocan para exigir presencia policial y encender todas las alertas
por la falta de orden público, se aprecia nítidamente en la carretera Apopa-Nejapa-Quezaltepeque, que divide dos sectores controlados por diferentes bandas de “mareros”. La alcaldía vincula estas formas de crimen organizado a factores como la pobreza,
la exclusión social y los movimientos migratorios de padres que se han trasladado a México o Estados Unidos, y en algunos casos han dejado a los hijos, huérfanos, en El Salvador. Además de la batalla del agua, Nejapa ha de pechar con la cuestión de los
residuos, pues la contrata –el grupo Mides- cuya concesión vence dentro de dos años, no cumple con las condiciones acordadas en los pliegos. “La empresa no separa ni recicla los materiales, tampoco limpia las calles de la manera que establece el convenio”,
subraya Sergio Quijada. La actividad de este grupo empresarial, que empezó trabajando para diez municipios y ha terminado firmando contratos con otros 126 en el área metropolitana de San Salvador, ha generado un gran descontento popular. Teóricamente
la resolución del conflicto tendría que pasar por un acuerdo global, que integrara a los municipios del área metropolitana. Mientras, la alcaldía de Nejapa se carga de argumentos al señalar que la empresa descarga lixiviados y residuos sin control en
alguna de las “quebradas”, lo que ha causado enfermedades respiratorias y gastrointestinales entre la población. En ese contexto, uno de los principales objetivos de la alcaldía es convertir a Nejapa en “municipio sustentable”, recuerda el alcalde, quien
ha visitado en el estado español algunos de los municipios “hermanos” como Madrid, Tres Cantos, Coslada, Alcorcon, Bilbao, Vitoria y Logroño, además de otros como Valencia. El municipio está impulsando los “semilleros” para la capacitación de jóvenes
de manera que se pueda reducir el paro en esta franja de población (al menos el 50% de los habitantes de Nejapa son menores de 30 años). De esta localidad metropolitana también son bien conocidos los festejos populares. Cada 31 de agosto se celebra “la
recuerda” o “Bola de fuego” para conmemorar las erupciones del volcán de San Salvador (la última en 1917 y la anterior, en 1656), que obligó por los efectos de la lava y las piedras incandescentes a trasladar el pueblo al lugar donde se localiza actualmente.
Antes de las celebraciones del último día de agosto, la gente de Nejapa prepara tela de algodón, que amarra con alambre y deja macerando en gasolina durante un mes. El día feriado se le prende fuego al preparado y se lo arrojan, unos a otros, los bandos
previamente organizados. Tal vez la festividad avale el carácter combativo de los habitantes de Nejapa, lo que les ha permitido paralizar los proyectos de Coca-Cola. El primer edil, Sergio Vladimir Quijada Cortez, no exhibe particular interés en “vender”
una inmaculada gestión ni en su promoción política. Tiene familiares guerrilleros que murieron durante el conflicto civil y, además, alguno de sus familiares lejanos llegó a estar con Farabundo Martí. Como economista y máster en Finanzas en la Universidad
del País Vasco, sostiene que la prioridad debería ser “romper la hegemonía empresarial de las doce familias que gobiernan El Salvador y abrir el paso a las empresas dedicadas a la economía social”. Destaca algunos de los logros alcanzados a través del
ALBA, en concreto, la reducción de los precios del combustible gracias a los acuerdos con Venezuela. Para los municipios agrícolas, “también es muy importante que haya empresas que vendan los fertilizantes más baratos”, afirma. O potenciar las radios
comunitarias y televisiones públicas, pues los medios privados ocupan gran parte del espectro con licencias concedidas por muchos años. Resalta el avance que ha experimentado El Salvador –en las dos últimas legislaturas, gracias al FMLN- en el capítulo
de exportaciones, sobre todo en los productos tradicionales del país y los textiles. ¿Debido a las maquilas? “No estoy de acuerdo con la actividad de las maquilas: explotan a las mujeres, les pagan una mierda y no contribuyen con impuestos”.

Enric Llopis

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