Chile. ¿Cómo fortalecer la lucha contra las AFP desde los territorios? / Análisis – Ivo Sandoval

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Como parte del movimiento opositor a las AFP, es necesario también realizar nuestras propias reflexiones. El punto de partida tiene relación con el escenario al que nos enfrentamos: se ha iniciado una ofensiva de parte de los dueños de las AFP y sus beneficiarios (grandes grupos económicos y partidos políticos del duopolio), luego de tres movilizaciones masivas a lo largo de todo el país y una jornada de paro nacional con carácter de movilización y protesta social del 4 de noviembre. Movilizaciones que han visibilizado el papel activo de las masas trabajadoras y la posibilidad de articulación de un sujeto que impugne el dominio capitalista. Se han prendido las alarmas del poder. Se ha modificado, producto de la irrupción masiva y articulada de nuestro movimiento, las piezas del tablero político y social. Y es que el bloque de fuerzas económicas y políticas que ha dominado Chile los últimos 40 años no tenía previsto que en su agenda irrumpiera el profundo cuestionamiento a uno de los principales pilares para la acumulación capitalista. Ya no había vuelta atrás, debían actuar.

Esta ofensiva se caracteriza por dos componentes: uno ideológico y otro comunicacional, complementarios entre sí. El primero es la categórica defensa al actual modelo de capitalización individual, desestimando de plano algún cambio parcial al modelo y el absoluto rechazo a la alternativa de reparto. En segundo término, la ofensiva comunicacional consistió en la censura al movimiento social, el constante descrédito a sus voceros, el ataque y demonización de las campañas de desafiliación de CUPRUM y PROVIDA y el cambio al fondo E impulsadas desde la CNT NO+AFP. Por el contrario, se han atrincherado en la promoción del actual modelo de ahorro forzoso, acompañado de un deliberado intento de lavado de imagen por parte del algunas AFPs, evidenciando su preocupación por los crecientes cuestionamientos y pérdida de afiliados. Todo este despliegue fue realizado para tener como punto de llegada una salida político-mediática, presentada con pirotecnia y ambigüedad: el “Gran Acuerdo Nacional” en materia de pensiones.

A fines de marzo del presente año, el gobierno y la Nueva Mayoría mostraban algunas luces del camino que seguirían: pomposidad discursiva pero escasa profundidad de su propuesta. Seguramente para evitar tensiones con el empresariado y al interior de su coalición. Sin embargo, los roces llegaron: arrastrados ya desde mediados de 2015, se expresaron, por ejemplo, en el encontrón entre la ministra del Trabajo (DC) y su par de Hacienda (PPD), cuando la primera anunciara públicamente que no se destinaría “ni un peso más para las AFP”, aludiendo a que el 5% de cotización adicional a cargo del empleador no iría a las cuentas individuales de los afiliados. Superado el impasse, el ministro Rodrigo Valdés se vio en la obligación de salir a ratificar el destino de aquel 5%. Además, agregando que sería administrado por un ente público, próximo a ser creado, pero sin determinar con exactitud las características del mismo, sus atribuciones y relación con las AFP, lo cual vendría a complicar aún más la confección y tramitación de las modificaciones al actual modelo de pensiones. Señales contradictorias y ambivalentes de un gobierno que opta por una salida de carácter político y no técnico al conflicto en un año marcado por las elecciones presidenciales y parlamentarias.

La salida política que plantea el gobierno al conflicto se ratifica con la escuálida cadena nacional realizada por la presidenta a mediados de abril. Sin dar mayores detalles, explicó a grandes rasgos de qué tratarán las modificaciones: creación de un ente público que administrará el 5% y determinar cómo se dividirá la cotización adicional a cargo del empleador. Se pueden interpretar dos elementos de lo anunciado: por un lado, nula claridad e improvisación, expresadas en la falta de consenso y tensiones que cruzarán la confección y el trámite de las modificaciones. Por otro lado, se revela que el tan bullado “Gran Acuerdo Nacional” finalmente no se logra.

Tras el anuncio de reforma por parte del gobierno, es factible diferenciar la apariencia del debate, es decir, la tensión superficial gobierno-empresarios acerca de la dirección, funciones, atribuciones y quiénes administrarían de mejor manera el 5% de cotización adicional. En resumen: ente público o AFP. No obstante, la esencia del debate es, en primer lugar, que ambas posiciones redundan en la legitimación irrestricta del actual modelo de capitalización individual y ahorro forzoso, desechando de plano, una vez más, la alternativa de reparto solidario. En segundo lugar, al no alcanzarse el “Gran Acuerdo Nacional”, el gobierno busca una salida política al conflicto, es decir, contener el descontento social por la vía institucional realizando cambios cosméticos al actual modelo. En tercer lugar, ante un cambio superficial y ambiguo que no beneficia directamente a los dueños y beneficiarios de las AFP, estos concentran sus fuerzas en tensionar el debate utilizando todas las tribunas mediáticas que tienen a su favor, dando un giro hacia posiciones mucho más críticas hacia las medidas tomadas por el gobierno, no cediendo ningún centímetro a la eventual modificación que trae consigo la propuesta de reforma. Reaparece con un poco más de notoriedad aquel empresariado con tintes confrontacionales, similar al que vimos durante el trámite de la reforma tributaria y laboral de la actual administración.

En la vereda de en frente estamos nosotros(as), el movimiento NO+AFP, a quienes deliberadamente se nos intenta dejar fuera del debate mediático, sin éxito, en tanto no logran marginarnos de la disputa real para avanzar hacia un sistema de seguridad social robusto y serio. El 26 de marzo, día de la primera movilización masiva del año, ratificó la voluntad activa de trabajadores y trabajadoras: dos millones de personas exigiendo el fin de las AFP a lo largo de todo Chile, volviendo a posicionar el debate sobre las pensiones de miseria. Un amargo recuerdo para los empresarios y el gobierno de que no podrán esconder el problema debajo de la alfombra. La denominada “Marcha Más Grande de la Historia” irrumpe en el escenario político y repercute en los posteriores anuncios del gobierno desde la cadena nacional hacia delante, incorporando en su reforma elementos de la propuesta elaborada por la CNT-NO+AFP como la solidaridad intergeneracional y el componente de reparto, pero distorsionando su significado y orientación original como propuesta de seguridad social en beneficio del pueblo trabajador.

En un escenario como el descrito hubiese sido óptimo hacer carne y trabajar desde las bases los acuerdos tomados en la Conferencia Nacional NO+AFP realizada el pasado 14 de enero. En la ocasión se fijó una hoja de ruta mínima para el año: (i) realización de un Congreso Nacional que defina y ratifique los lineamientos tácticos del movimiento; (ii) fijar fechas tentativas de movilización y; (iii) convocatoria a paro y protesta nacional como expresión de lucha que condense distintas formas de presión política y social y que a su vez sirva como horizonte para un plan de acumulación de fuerzas. No obstante, durante una sesión del Consejo Nacional acontecida el día 5 de abril, el Comité Ejecutivo de la Coordinadora promueve una lógica con efectos desmovilizadores, renunciando a fijar fechas de movilización, suspendiendo el Congreso Nacional para el próximo año y desechando la alternativa de paro y protesta nacional. De ahí en más, el único llamado ha sido a un plebiscito, el que si bien constituye una forma más de manifestación, carece de sentido movilizador cuando no se inscribe en un diseño de acumulación de fuerzas sociales y a un plan de presión política para realizar los cambios que promovemos. Creemos que no podemos evitar las discusiones al interior de la Coordinadora, la participación y deliberación democrática son esenciales para fortalecernos. Tampoco podemos renunciar a otras formas de lucha y acción directa, más aún cuando estas son una opción que nace desde el seno de los territorios y desde allí se impulsan.

Frente a este panorama, nos planteamos las siguientes tareas para dinamizar y fortalecer la lucha contra las AFP:

  1. Democracia interna: Debemos profundizar la democracia de la Coordinadora, multiplicar zonales y comunales en los territorios donde actualmente no existen, que se incorporen y sean parte activa de la vida orgánica del movimiento en el debate y toma de decisiones tanto a nivel local, regional y nacional. Que hagan suya la propuesta de Sistema de Reparto Solidario y Tripartito, y pongan en marcha un trabajo de articulación con otros sectores organizados para ir incorporando más fuerzas al trabajo territorial propio de zonales y comunales. La clase trabajadora también está en los territorios y estamos seguros(as) que de allí provienen activos contingentes que se incorporan a la lucha. Todo este esfuerzo debe estar dirigido hacia el Congreso Nacional de la CNT-No+AFP, el que debe realizarse sí o sí, por tanto debemos impulsar esa posición desde las bases y no dar el brazo a torcer. Debemos redefinir nuestra hoja de ruta, la táctica y el plan de lucha a seguir. Hay que tener en consideración también que la algarabía electoralista de algunos sectores al interior de la Coordinadora producto de la coyuntura ya habrá pasado el próximo año, y la alta probabilidad que la derecha llegue al gobierno, y junto a ella la contención de las luchas populares bajo una lógica represiva, autoritaria y excluyente. Por eso creemos necesario debatir, proyectar y acordar de forma democrática y orgánica, desde las bases hacia las dirigencias. Hay experiencia de lucha y organización acumulada y claridad en torno a un planteamiento programático en torno al sistema previsional que queremos. Hace falta acordar las formas en que lucharemos para lograrlo.
  2. Enraizamiento de la propuesta: Tenemos una propuesta seria y técnicamente viable, pero debemos darle mucha más visibilidad. Una tarea medular para zonales y comunales es difundir, educar, explicar nuestra propuesta en asambleas de sindicatos, juntas de vecinos, clubes deportivos, en jornadas de participación vecinal o en cualquier espacio que congregue a nuestros pares. Tenemos que despejar y aclarar dudas, debatir y salir a contrastar nuestra propuesta con la del gobierno-empresarios. Hacer robusto y visible las razones de nuestro rechazo a cualquier cambio superfluo e improvisado de la actual administración de Bachelet. Realizar un trabajo de enraizamiento de la propuesta, supone a su vez la re-articulación del tejido social y sindical, por tanto, está por encima de cualquier coyuntura electoral.
  3. Revalidación de los métodos tradicionales de lucha del movimiento popular: Nuestra postura debe ser tajante y sin medias tintas: ante cualquier anuncio en materia de pensiones que legitime el actual modelo y resguarde los intereses de las AFP y sus beneficiarios, debe tener como respuesta la protesta y movilización de masas. Salir a rechazar de forma pública la improvisación con la que el gobierno busca darle respuesta a la miseria en la que se ven enfrentados nuestros jubilados y jubiladas todos los meses. Debemos ir preparando el terreno y concentrando nuestras fuerzas desde ya, de cara al paro nacional acordado en la Conferencia Nacional de enero pasado.

Estos son algunos lineamientos, sometidos a debate y modificación, para fortalecer nuestro movimiento. Pensamos que el desarrollo político de la clase trabajadora pasa necesariamente por profundizar la capacidad decisional de las organizaciones con que nos enfrentamos a las fuerzas políticas y económicas que han gobernado Chile y resguardamos nuestros intereses. Sabemos que esta lucha toca uno de los pilares del capitalismo en Chile y, por lo mismo, entendemos que se requieren aún más fuerzas de cambio para transformar el sistema previsional. La oposición a las AFP debe clarificarse, robustecerse y potenciar la principal organización que lucha por otro sistema previsional. Es tiempo de seguir en la calle, pero también de proyectar los siguientes pasos que daremos.

 

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