Frank Zappa: un pensador con traje de músico – Gustavo Grazioli

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El siglo XX ha tenido un pensador con traje de músico. Una persona que desde sus composiciones, letras y un discurso que no se doblegó ante nada, se ha enfrentado a los medios, al sentido común, a la industria del entretenimiento y a diferentes acusaciones que fueron en detrimento de su trabajo. Pese a eso, muchos han determinado un único adjetivo para definirlo a Frank Zappa: genio.

Tal vez por asombro y una pereza que no permitió ir un poco más allá de la materialidad del mensaje. Su sarcasmo, con esa definición hacia su persona, se mete dentro del cajón de un museo y eso no es algo que el fundador de Mothers of invention haya aceptado de una manera muy amable. Esa caracterización lo puso en las estanterías de inalcanzable y, tal como uno entra a Borges, en este caso la escucha ya viene deglutida por especialistas que establecen connotaciones de aspectos mágicos, que ponen fuera de juego una integridad artística que le habla por todos los costados a la sociedad americana – sobre todo a los jóvenes -, a la política y a una cultura rock que no paró de reproducirse dentro de las lógicas capitalistas de la letra, el estribillo y la canción salida de una máquina fordista.

No se trata de un intento por entrar en consonancia con la imagen de un activista, pero sí hay que dejar claro que su paso no fue en vano ni quedó soterrado en la fría definición de genio. Los tiempos que vivimos hoy dan posibilidades de expandir los anclajes de las tradiciones que antecedieron y se pueden someter esas estacas a una interpelación un poco mayor. No solo los libros y los discos dieron esa posibilidad, desde hace rato también lo viene haciendo You Tube. En esa plataforma se encuentra un programa que se llama Freeman Report de 1981, conducido por la periodista Sandi Freeman. Una pionera en la CNN a través de sus reportajes.

Allí se lo ve a Zappa responder distintas preguntas que están relacionadas principalmente con política, educación, música y su familia. Pero lo que se resalta entre todas esas respuestas es su desarrollo sobre el concepto de “américa sindicalizada”, porque de alguna manera desenmascara las burocracias tal como se conocen hoy en día.

“Creo que esto es una de las peores cosas que le pasa a América. Es la manera en cómo los sindicatos, de todos los diferentes rubros, han afectado la calidad de vida en los EUA. La manera en cómo los sindicatos están representados en la TV, y las organizaciones de relaciones públicas a los que pagan tratan de perpetuar el mito de que América es un país sindicalizado y cuando algo malo pasa, los sindicatos están allí para luchar por el pobre trabajador. Puede que en el inicio los sindicatos estuvieran allí para apoyar el punto de vista del obrero… pero hoy en día se han convertido en una organización que le saca el dinero a los pobres trabajadores, que lo invierten en tratos turbios…y que no ayudan realmente al trabajador”.

Sus virtudes no quedan solamente en lo musical. El pensamiento es algo que recorre a lo largo y a lo ancho de su obra. No le teme a la reflexión ni a que sus actos impliquen esa acción. A veces, es más fácil cerrar algunas cuestiones en el arte con adjetivaciones de carácter divino y seguir detrás de un mecenazgo que reproduce artefactos que no incurren en molestia alguna para el consumidor. Pues así cierra perfecto la ecuación de la industria del entretenimiento. Por eso las piezas desestimadas que despertaron ruido o fueron clasificadas de esa manera son las que Zappa suministró en casi todos sus discos. En cada uno de ellos hay una función que hace a la totalidad de la canción.

Tal es así que el autor de Hot Rats lo deja en claro en su libro de memorias La verdadera historia de Frank Zappa. En uno de los pasajes cuenta una anécdota de cuando se encontró un artículo en la revista Look que hablaba de una tienda de discos que vendía de todo y que entre todas esas cosas se había vendido un disco que contenía la pieza Ionisation del compositor francés Edgar Varese. Ese artículo lo definió como algo menor. “En este álbum no hay nada más que batería, es disonante y horrible, la peor música del mundo”. Eso despertó interés en Zappa y esa pieza de Varese lo llevó a buscar el disco por todas partes hasta que lo encontró en una disquería alejada de su pueblo. “Cuando cumplí quince años, mi madre me dijo que me iba a hacer un regalo de cinco dólares (era mucho dinero) y me preguntó que quería. Yo le dije: bueno, en vez de comprarme algo ¿podría hacer una llamada de larga distancia? Y así fue que llamé a Edgar Varese”, cuenta en el mismo capítulo, que en el libro se define como “Vida de barrio”.

En su carácter de poner en evidencia las lógicas que tratan de llevar adelante una conciencia homogénea, aparece otra acción rupturista del músico americano. Combatió contra las “buenas conductas” que se llevaron a cabo por una etiqueta que ahora aparece en casi todos los discos que uno va a comprar o podía llegar hacerlo en otra época. La referencia va directo hacia las siglas PMRC (Centro de Recursos Musicales para Padres), una especie de departamento creado por Tipper Gore – esposa de Al Gore, aquel vicepresidente estadounidense desde principio de los 90 – , junto con otras esposas de políticos, para intervenir en esas letras que incurrían en violencia o sexo explícito. Desde esa creación, que funcionaba de una manera similar al COMFER, se depuró una etiqueta que acompañó a los discos de contenidos explícitos: “Parental advisory: explicit content”. ¿Qué hizo Zappa? En 1985 testificó en el Senado de los EE. UU. contra la censura del PMRC. Y luego mandó a poner esa etiqueta en uno de sus discos instrumentales que titula “Jazz From Hell” (Jazz desde el Infierno, con el que ganó su primer Grammy en 1987).

Pero también Zappa escribió una “advertencia” de su propia autoría, que etiquetó en sus lanzamientos:

“¡ADVERTENCIA! Este álbum contiene material que una sociedad verdaderamente libre no temería ni suprimiría. El lenguaje y los conceptos contenidos aquí están garantizados para no causar tormento eterno en el lugar donde el tipo de los cuernos y palo puntiagudo lleva a cabo sus negocios. Esta garantía es tan real como las amenazas de los fundamentalistas que utilizan ataques a la música rock en su intento de transformar a Estados Unidos en una nación de pánfilos (en nombre de Jesucristo). Si hay un infierno, sus fuegos los esperan a ellos, no nosotros.”

Acerca de cómo la ignorancia se expande y se festeja

“(…) se celebra en todos los discos que llegan a amplias audiencias en la radio, todas las series de humor en la TV, la mayoría de las películas y en la mayoría de anuncios publicitarios…y también en las escuelas. Las escuelas preparan a la gente para ser ignorantes con estilo. Te dan el equipamiento que necesitas para ser un ignorante funcional (…)”, dice Zappa en aquel programa de Sandi Freeman, acerca de lo que detesta y sobre la exaltación de la ignorancia.
La música de Zappa, o más bien su personalidad, se lleva a la rastra cualquier especulación. Su obsesión por los sonidos o por compositores como Igor Stravinski dejó en claro que sus canciones no estarían del lado de la condescendencia.

Su acento de lo que pensaba del rock y los periodistas especializados sobre ese género tampoco se fracturó en dosificaciones. “Si hay algo que hace que el rock and roll sea aburrido, aparte de los programadores de las emisoras de radio y los ejecutivos de las compañías discográficas, no es otra cosa que los textos de los periodistas de rock. Ellos deciden si un grupo es bueno tras escuchar un par de cortes del primer álbum. Si el segundo disco es diferente, entonces escriben que el grupo la está cagando porque no es consistente”, acecha el músico de los bigotes tupidos en el capítulo “Palos y piedras” de sus memorias, co-escritas con Peter Occhiogrosso.

PD: No creo haber dicho nada nuevo, pero siempre es bueno recordar el paso de estas personas por un mundo que cada vez se despersonaliza más.

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