Gramsci, Marx & Trotsky – Sobre un trabajo de Fabio Frosini

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Este trabajo de Fabio Frosini, Time and Revolution in Gramsci’s Prison Notebooks, está centrado en la reflexión sobre pasado y presente en los Cuadernos de la Cárcel y la diferencia entre los conceptos de revolución de Marx y Gramsci, retoma la final la cuestión de las relaciones entre revolución permanente, revolución pasiva y hegemonía, a las que hicimos referencia en el artículo Revolución pasiva, revolución permanente y hegemonía, escrito junto con Fernando Rosso el año pasado.

Una crítica que podría hacerse al trabajo, por demás interesante, es que deduce el concepto de revolución en Marx solamente del Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política, pero no del Manifiesto Comunista o de la Carta al Comité Central de la Liga de los Comunistas (que paradójicamente cita implícitamente cuando retoma la reflexiones de Gramsci sobre el “grito de guerra” de Marx en 1848).

Efectivamente, mientras para Frosini la explicación de cómo surge una época de revolución social en el Prólogo, expresaría una primacía del pasado por sobre el presente, en el Manifiesto Comunista tanto como en la Carta al Comité Central de la Liga de los Comunistas, esa relación se invierte claramente, primando en uno las contradicciones de un presente en el que “todo lo sólido se desvanece en el aire”  y en la otra una concepción estratégica que busca trascender no sólo los límites impuestos por el pasado sino los del propio presente, prefigurando una revolución proletaria que todavía no encuentra “maduras” sus “condiciones”.
Se podría objetar que el Prólogo es un momento posterior a los textos citados y por ende más complejo de la elaboración marxiana, pero sus escritos sobre la Comuna de París o la cuestión rusa, podrían darnos la razón acerca de la necesidad de un enfoque más de conjunto.
No obstante estas críticas, también discutibles, los temas abordados coinciden en parte con algunas reflexiones que venimos intentando hacer en este blog, especialmente la parte del final sobre revolución permanente y revolución pasiva en relación con la interpretación del Prólogo de Marx.
En Gramsci y la revolución permanente había comentado los mismos pasajes que retoma Frosini, intentando establecer una relación entre las dos afirmaciones que hace Gramsci en el C13 §17, sobre la revolución permanente como mediación dialéctica de los “dos principios” del Prólogo rescatados por el comunista italiano:

Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.

Luego de una discusión sobre cómo periodizar los acontecimientos de la revolución francesa y los posteriores hasta 1870, concluye:

Se puede decir entre tanto que la mediación dialéctica entre los dos principios metodológicos enunciados al comienzo de esta nota se puede encontrar en la fórmula político-histórica de revolución permanente.

Posteriormente, en el C15 § 17 , plantea:

El concepto de revolución pasiva debe ser deducido rigurosamente de los dos principios fundamentales de ciencia política. 1] que ninguna formación social desaparece mientras las fuerzas productivas que se han desarrollado en ella encuentran todavía lugar para su ulterior movimiento progresivo; 2] que la sociedad no se impone tareas para cuya solución no se hayan incubado las condiciones necesarias, etcétera.

En este post, concluíamos:

En definitiva, en la historia de las revoluciones burguesas, la revolución permanente se opone a la revolución pasiva y en las categorías explicativas del materialismo histórico, los conceptos de revolución permanente y revolución pasiva se utilizan  para comprender las relaciones entre estructura y superestructura en la constitución de los Estados modernos, a partir de la comparación entre Francia e Italia. Explicación que por su parte alude a la dinámica de los acontecimientos, combinando cuestiones objetivas y subjetivas, cuya expresión se sintetiza en la existencia o ausencia de una fuerza “jacobina” capaz de hacerse con el mando e impulsar el proceso revolucionario más allá de los límites que buscan imponerle los sectores más moderados.

Frosini precisa este debate, señalando que la “mediación dialéctica” de la revolución permanente debe entenderse como proyecto estratégico que tiene su expresión en el Príncipe moderno y su lucha por la hegemonía, mientras que la teoría de la revolución pasiva, sería la forma de advertir contra los riesgos de una comprensión del Prólogo en clave economicista o mecanicista.
Agrego, que esta problemática está relacionada con una temática gramsciana característica que es la que se resume en la pregunta: ¿Cómo surge el movimiento histórico sobre la base de la estructura?
Respecto de esta reflexión, vuelve a plantearse la relación entre revolución permanente y hegemonía, hasta dónde en Gramsci la primera es superada por la segunda, hasta dónde serían equivalentes con distintos contextos históricos (sociedad fluida en formación vs. sociedad de masas) hasta dónde se pueden establecer relaciones que permitan comprender en última instancia la dinámica de ambas cuestiones en la actualidad, como se conquista hegemonía y cómo se articula una dinámica permanentista de la revolución.
En este sentido, retomando algunas cuestiones ya escritas en los artículos y citados más arriba, considero que una línea de reflexión podría ser la siguiente:
-Considerar en primer lugar a la revolución permanente no como solamente una teoría, sino como la dinámica propia de las revoluciones modernas, incluidas las revoluciones burguesas. Esta dinámica reside en la imposibilidad de contener dentro del pueblo el desarrollo de los antagonismos de clase y con ellos de la constitución de la clase obrera como clase.
-En este sentido, el “grito de guerra” de Marx en 1848 es una bandera para que la clase obrera interviniera de modo independiente en las revoluciones burguesas posteriores a la restauración, pero también una bandera para avanzar lo más posible en radicalizar la dinámica del proceso de una revolución democrático-burguesa que completa algunas de sus tareas pendientes a una revolución propiamente obrera. En este sentido, las concepciones de la revolución permanente en Marx y Trotsky tienen un fuerte elemento de continuidad.
-Si tomamos entonces que la revolución permanente tiene que ver con la tendencia a la desagregación del bloque conocido como pueblo y la constitución de las clases y sus antagonismos, esto tiene, desde el punto de vista de las tareas, su correlato en la combinación de tareas democráticas y socialistas, cuestión que destaca, junto con el internacionalismo, la teoría de Trotsky. En este contexto, se plantea el lugar de la hegemonía dentro de una dinámica “permanente”, sintetizada por Trotsky de la siguiente forma, que habíamos rescatado en el artículo Una vez más sobre la ‘hegemonía’ | Gramsci abrió la puerta a distintas interpretaciones o deformaciones.
La mecánica política de la revolución consiste en el paso del poder de una a otra clase. La transformación violenta se efectúa generalmente en un lapso de tiempo muy corto. Pero no hay ninguna clase histórica que pase de la situación de subordinada a la de dominadora súbitamente, de la noche a la mañana, aunque esta noche sea la de la revolución. Es necesario que ya en la víspera ocupe una situación de extraordinaria independencia con respecto a la clase oficialmente dominante; más aún, es preciso que en ella se concentren las esperanzas de las clases y de las capas intermedias, descontentas con lo existente, pero incapaces de desempeñar un papel propio. La preparación histórica de la revolución conduce, en el período prerrevolucionario, a una situación en la cual la clase llamada a implantar el nuevo sistema social, si bien no es aún dueña del país, reúne de hecho en sus manos una parte considerable del poder del Estado, mientras que el aparato oficial de este último sigue aún en manos de sus antiguos detentadores. De aquí arranca la dualidad de poderes de toda revolución.
-En este sentido, la constitución de la clase obrera como clase hegemónica es parte de la dinámica permanente de la revolución que describíamos más arriba.
Si bien para pensar la cuestión de la dualidad de poderes desde Gramsci, deberíamos remitirnos al período conciliar, las Tesis de Lyon o practicar un lectura en clave más “luxemburguista” del Príncipe Moderno como partido-proceso, incorporando la cuestión de la hegemonía como inherente al desarrollo de la revolución permanente, se puede establecer una interpretación que supere la contraposición estática entre la teoría de la hegemonía y la teoría de la revolución permanente, para contraponer a las estrategias de pasivización que imperan en distintos procesos actuales.

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