Nepal: Vía libre a contratistas sin escrúpulos para explotar a personas migrantes

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El gobierno de Nepal no está abordando las prácticas generalizadas de engaño y extorsión por parte de las empresas de contratación laboral del país, que ponen a los trabajadores migrantes en riesgo de trabajo forzoso en el extranjero y les crean una deuda insuperable; así lo afirma Amnistía Internacional en un informe que ha publicado hoy.

 

“En todo Nepal, contratistas sin escrúpulos están destruyendo vidas con impunidad, cobrando ilegalmente tasas exorbitantes a los aspirantes a un puesto de trabajo en el extranjero, y después abandonándolos allí cuando las cosas van mal”, ha afirmado James Lynch, director adjunto del Programa de Asuntos Globales de Amnistía Internacional.

Los trabajadores migrantes no descubren hasta que salen de Nepal que han sido engañados en todos los aspectos, desde la cuantía del sueldo hasta las condiciones de trabajo. Para entonces ya es demasiado tarde, y muchos terminan con deudas por contratación que podrían requerir el resto de su vida laboral para saldarlas.

Las remesas de dinero enviado al país por los trabajadores migrantes representan casi un tercio del PIB nepalí; sin embargo, el gobierno sólo dedica una fracción minúscula de su presupuesto a cubrir sus necesidades. Ya es hora de introducir cambios en esta ecuación y de que los trabajadores migrantes reciban la protección a la que tienen derecho.”

En 2016 y 2017, investigadores de Amnistía Internacional entrevistaron a 127 trabajadores migrantes nepalíes
 y a decenas de cargos públicos en ocho distritos de Nepal para documentar el informe Turning People into Profits: Abusive Recruitment, Trafficking and Forced Labour of Nepali Migrant Workers. Casi todas las personas con las que habló la organización habían sufrido abusos de una u otra clase a manos de contratistas privados.
Deudas de por vida

Suresh, del distrito de Saptari, contó a Amnistía Internacional que había pedido un préstamo de 250.000 rupias nepalíes (2.416 dólares estadounidenses) a un prestamista local, a un interés del 36%, para poder pagar a un agente de contratación. Su agente y la agencia de contratación le aseguraron que sus ingresos en el extranjero le permitirían liquidar la deuda rápidamente.

Pero en la fábrica de guantes de Malasia donde habían colocado a Suresh, a veces no le pagaron su sueldo durante tres meses seguidos. Cuando finalmente cobró sus pagas mensuales, eran inferiores en 354 dólares a las que la agencia de contratación le había prometido.

No podía dejar su trabajo ni irse de Malasia porque su empleador le había confiscado el pasaporte a su llegada y se negaba a disolver su contrato. Suresh pidió ayuda a su agencia de contratación en repetidas ocasiones, pero ésta nunca respondió.

Cuando al fin consiguió irse de Malasia dos años después, Suresh había acumulado la escalofriante deuda de 550.000 rupias nepalíes (5.317 dólares estadounidenses). En su pueblo de Nepal gana entre 50 y 100 dólares al mes, lo que significa que podría llevarle hasta cinco decenios liquidar sus deudas de migración.

“La actitud de los contratistas es la de quien compra y vende personas. Y nuestra gente termina sufriendo abusos, porque el gobierno no impide que se comercie con ella como si fuera ganado”, dijo Suresh.

Trabajadores migrantes que habían ido a trabajar a otros países antes de 2015 afirmaron que habían pagado 1.346 dólares estadounidenses (137.000 rupias nepalíes), por término medio, a agentes y agencias de contratación por sus puestos de trabajo en el extranjero. Esta cantidad supera en 549 dólares el límite establecido en la legislación nepalí vigente entonces.

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