Syriza y los resultados del “socialismo” burgués – Rolando Astarita

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El gobierno de Tsipras ha llevado al movimiento progresista y de izquierda, y a las masas trabajadoras, a un callejón sin salida. Es que en la sociedad capitalista las crisis solo se superan si se restablecen las condiciones apropiadas para la inversión, que está en manos privadas. Se trata de una restricción objetiva; no puede superarse con buenos deseos o con discursos. El problema de fondo es que las condiciones apropiadas para la inversión pasan, fundamentalmente, por la rentabilidad del capital y la seguridad de la propiedad privada. En consecuencia, es imposible pretenderse “socialista” y administrar los asuntos públicos de manera que el capital esté satisfecho. Los intereses de los obreros y los intereses del capital son irreconciliables, y esto es lo que se muestra con toda agudeza en la crisis.

 

El 13 de julio de 2015 Alexis Tsipras, cabeza del gobierno de Syriza, aceptaba aplicar el programa de austeridad y privatizaciones que le imponían la Unión Europea, el FMI y el Banco Central Europeo. Fue la condición para otorgarle un crédito por 86.000 millones de euros y evitar el default de la deuda, o la salida del euro. Aunque apenas seis meses antes, en enero de 2015, Syriza había ganado las elecciones prometiendo acabar con las medidas de austeridad y recuperar la economía.

Más aún, ocho días antes de que Tsipras capitulara ante los acreedores y los ministros de finanzas, los griegos habían rechazado, en un referéndum, el programa de ajuste de Bruselas. En la noche victoriosa buena parte de la izquierda latinoamericana y europea saludó el resultado como “la derrota de los banqueros, el imperialismo y la patronal griega”.

Pero a los banqueros y el establishment económico el “triunfo popular” no les importó. “O se someten a nuestras condiciones, o salen del euro” fue su respuesta. Syriza aceptó. Y aunque en  la campaña electoral de septiembre de ese año todavía proclamó que “Grecia es sinónimo de lucha y dignidad”, ya no entusiasmó a sus seguidores. La opinión pública se hizo consciente de que Syriza no tenía alternativa programática frente a la “solución” capitalista de la crisis.

Lo de Syriza se convirtió así en un fracaso estrepitoso. Un fracaso que, por lo demás, interpela al progresismo izquierdista europeo –Podemos, de España; Die Linke, de Alemania; los partidos comunistas- y al nacionalismo e izquierdismo latinoamericano –castristas, chavistas, kirchneristas, PCs y variantes-. Como ha sucedido históricamente con la socialdemocracia y otros gestores “por izquierda” del capitalismo, las recetas frente a las crisis confluyen, invariablemente, con las que prescribe la denostada “derecha neoliberal”. A fin de tener en claro de qué hablamos, veamos la evolución de algunas variables.

Un balance en gráficos

Fte: Banco Mundial

Precisemos que en el primer trimestre de 2017 la economía volvió a la recesión, y el gobierno redujo su previsión de crecimiento en 2017 de 2,7% a 1,8%.

La caída en términos de acumulación fue profunda, y la inversión sigue sin levantar cabeza:

Fte: OCDE

El desempleo, si bien bajó algún punto con respecto a su pico entre 2013 y 2014, se mantiene por encima del 23%, y afecta a un millón de personas.

Fte: FMI

Agreguemos que la tasa de desempleo entre los jóvenes de entre 15 y 24 años llega al 48%.

A la par que retrocedió la economía durante la crisis, aumentó la deuda pública, como se muestra en el siguiente gráfico:

Fte: Tradingeconomics / National Statistical Service of Greece

En 2017 la deuda es de 326.500 millones de euros; el 67,6% está a tasa variable. Casi 255.000 millones corresponden a créditos recibidos principalmente del European Stability Mechanism por los planes de rescate. Los pagos por la deuda este año rondarán entre los 8.500 y 9.000 millones de euros.

Un dato significativo: la recapitalización de los bancos agregó, desde 2010, 43.000 millones de euros a la deuda pública; es el 24% del PBI. A pesar de estas inyecciones, los préstamos en problemas (non performing) continuaron aumentando y en diciembre de 2016 representaban el 44% del total de los préstamos.

Ajuste, miseria y privatizaciones

El programa de salida de la crisis pasa, básicamente, por bajar salarios, aumentar la presión sobre el trabajo (flexibilización y precarización laboral, disminución de derechos sindicales y laborales, y similares), recortar el gasto social por parte del Estado y someter, vía privatizaciones de activos estatales, a todas las ramas y sectores a la lógica del mercado y la ganancia. Según el FMI, el ajuste realizado en los siete años de recesión que arranca en 2009 equivale al 16% del PBI. Algunos gastos se redujeron dramáticamente. Por ejemplo, el gasto en salud pública se comprimió al 4,5% del PBI (el promedio en la zona del euro es del 7%). Las pensiones también bajaron. Por caso, según las reformas introducidas en 2016, los ingresos de los pensionados por discapacidad, o jubilados con 15 años de aportes a la seguridad social, se han reducido un 30%. Paralelamente, subieron los impuestos. Como resultado de estas medidas, el superávit primario (esto es, antes del servicio de la deuda) en 2016 fue del 3,9% del PBI. Pero la pobreza alcanza al 30% de la población.

En cuanto a las privatizaciones, está previsto que involucre activos por 50.000 millones de euros; aunque en los cinco años que van hasta 2016 se privatizó por solo 3.000 millones de euros. Por eso el gobierno está buscando acelerar el proceso. La operación se realiza a través del fondo estatal Hellenic Republic Asset Development Fund. El HRADF se ocupa de vender activos estatales, formar asociaciones con participación de capital privado y entregar concesiones para operar puertos, aeropuertos, desarrollos inmobiliarios en lugares turísticos y playas, marinas, empresas de agua, gas, correos, telecomunicaciones, activos de los Juegos Olímpicos, empresas de generación eléctrica, ferroviarias y construcción de autopistas, entre otros (véase http://www.hradf.com/en/portfolio). Una de sus operaciones más importantes ya concretadas fue la venta del 51% de la Autoridad del Puerto del Pireo a Cosco Shipping Corporation.

Más exigencias

Grecia sigue sumergida en la crisis. En la medida en que la inversión no se recupera, la reducción del gasto reduce la demanda, lo que a su vez afecta a la inversión, reproduciéndose un círculo contractivo de la economía. En medio de este panorama, los ministros de finanzas europeos, encabezados por el alemán Wolfgang Schäuble, exigen que el superávit primario de Grecia, a partir de 2018, debe ser de por lo menos el 3,5% del PBI durante unos 20 años.

El FMI objeta que eso es insostenible. Por eso, por ahora, el FMI, el BCE y los ministros de finanzas acordaron que el superávit del 3,5% será durante cinco años, a partir de 2018. En cualquier caso, hay consenso en exigirle a Grecia más reducción del gasto y aumento de impuestos. También en avanzar con las reformas laborales y las privatizaciones. Es la condición que ponen ahora para renovar los créditos. Es que en julio Grecia debe pagar 7.000 millones de euros al BCE y el FMI, y si los créditos no se renuevan, la deuda entrará en default.

Como corresponde, el gobierno de Syriza y el Parlamento responden haciendo los deberes. Recientemente se aprobaron medidas para eliminar subsidios a familias pobres con niños en edad escolar; a jóvenes con primer empleo en la eventualidad de que sean despedidos; a niños sin protección; y a gente que está en la pobreza absoluta. Se calcula que significarán un ahorro al Estado de 8.800 millones de euros en 2017. Aunque, como vimos, los acreedores van por más.

En conclusión, lo actuado por Syriza pone en evidencia las limitaciones insalvables del “socialismo burgués”. El gobierno de Tsipras ha llevado al movimiento progresista y de izquierda, y a las masas trabajadoras, a un callejón sin salida. Es que en la sociedad capitalista las crisis solo se superan si se restablecen las condiciones apropiadas para la inversión, que está en manos privadas. Se trata de una restricción objetiva; no puede superarse con buenos deseos o con discursos. El problema de fondo es que las condiciones apropiadas para la inversión pasan, fundamentalmente, por la rentabilidad del capital y la seguridad de la propiedad privada. En consecuencia, es imposible pretenderse “socialista” y administrar los asuntos públicos de manera que el capital esté satisfecho. Los intereses de los obreros y los intereses del capital son irreconciliables, y esto es lo que se muestra con toda agudeza en la crisis.

Como lo evidencian los números, el balance de lo actuado por Syriza es lapidario. Por supuesto, no se puede negar que en algún momento la economía griega ha de recuperarse (no hay crisis capitalista sin salida). Pero será a costa de infinitos padecimientos del pueblo trabajador y destrucción de fuerzas productivas. Bajo el actual sistema de explotación, la idea de que “la crisis la paguen los capitalistas” es una reivindicación imposible; más precisamente, es una cortina de humo que solo lleva a la frustración. Lo ocurrido en Grecia confirma, una vez más, que los reformismos burgueses terminan siendo válvulas de contención social funcional a la continuidad del modo de producción burguesa.

Rolando Astarita , Profesor de economía de la Universidad de Buenos Aires.

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