Las jornadas de julio – Gabriela Liszt

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Luego de una sucesión de distintos gobiernos, quedaron al frente los kadetes (un partido burgués) en coalición con ministros mencheviques y socialistas revolucionarios (que representaban al campesinado y la clase media de las ciudades). Desde la Revolución de Marzo, había vuelto a funcionar el soviet de Petrogrado integrado y dirigido en su mayoría por obreros mencheviques y socialistas revolucionarios (SR), los mismos que formaban parte del gobierno de coalición. Los bolcheviques participaban en minoría. La conciencia de las masas aún no había avanzado en su ruptura con la conciliación de clases. Pero durante junio, cinco meses después de la primera revolución, comienza la desilusión con el gobierno de coalición y sus partidos. No habían cumplido ninguna de sus promesas: la paz (salir de la Primera Guerra Mundial), el pan y la tierra para el pueblo. Aumentaba la crisis económica y con ella el descontento popular. En junio se realiza el Primer Congreso de los Soviets. Su composición y dirección reflejaba esta conciencia anterior, y por ello, salvo los bolcheviques y pocos más, defendía al gobierno de coalición. En este sentido, todavía no se había convertido en un organismo de “doble poder” (el de la burguesía y el de los obreros en pugna).
Pero en Petrogrado, los bolcheviques dirigían dos destacamentos de vanguardia: la fábrica Putilov y la barriada de Vyborg y una Organización militar basada en el primer regimiento de ametralladoras que a su vez dirigía al conjunto de la guarnición de la ciudad. Le decían la Organización militar de los bolcheviques aunque en realidad eran estos soldados armados que a su vez armaban a los obreros de Vyborg. Estas organizaciones bolcheviques llamaron a realizar una movilización armada al Palacio de Táurida donde se reunía el Soviet (no hacia el gobierno provisional) para exigir a los mencheviques y SR que rompieran con la burguesía y tomaran el poder en sus manos. Esto significaba la consigna de “¡Abajo los diez ministros capitalistas!”. El 21 de junio se reunió una Conferencia de las barriadas, allí se votó por mayoría realizar la movilización el 23. El Comité Ejecutivo del Soviet (haciendo las veces de gobierno) se declaró en contra y llamó a su suspensión, acusando a los bolcheviques de ir “contra la revolución”. Los obreros continuaban con sus mitines de preparación. Los delegados del Congreso mencheviques y SR tuvieron que salir de Táurida para convencerlos que cesen la marcha. Pero volvían desmoralizados dándose cuenta que estaban perdiendo la dirección de las masas y que éstas confiaban crecientemete en los bolcheviques y en la consigan “¡Todo el poder a los soviets”! Pero los bolcheviques dudaban de la confluencia entre la vanguardia de Petrogrado, el interior de Rusia y los soldados en el frente. Por ello el Comité Central y el regimiento militar llamaron a “aplazar la acción”.
El nuevo gobierno se comprometía con los Aliados a continuar la guerra contra Alemania. Los imperialismos europeos presionaban para que se paguen las deudas adquiridas bajo el zarismo y la misma guerra dilapidaba el abastecimiento de la población. Levantada la manifestación el gobierno lanzó una campaña contra los bolcheviques hablando de “complot”. Quisieron desarmar a los bolcheviques. Pero esto significaba desarmar al proletariado y a las tropas, lo que no estaba en condiciones de hacer.
Para canalizar el descontento, la dirección del Congreso convocó una manifestación sin armas para el 1 de julio. Fue un triunfo político para los bolcheviques, ya que los obreros concurrieron en su gran mayoría con las banderas que levantaban las consignas bolcheviques. Terminaban de entender que algo muy importante había cambiado en la conciencia de las masas.

 

La ofensiva del 1 de julio

Ese mismo día el gobierno, presionado por los Aliados y para despertar la moral patriótica de los soldados, lanzó la “ofensiva” militar del 1 de julio, intentando convencerlos de un triunfo seguro. Mientras, acusaba a los bolcheviques de “agentes del imperialismo alemán” por estar contra la guerra.
Las primeras noticias que llegaban del frente eran triunfalistas, pero pronto llegaron las de secciones enteras que se negaban a enfrentarse al enemigo, las pérdidas de vidas y de batallones de resistencia. El gobierno tambaleaba. El 15 de julio renunciaban los ministros kadetes contrarios a las negociaciones mencheviques y SR habían establecido con Ucrania.

Las jornadas del 16 al 18

Las masas vieron en estas renuncias la posibilidad de que la dirección de los soviets terminara con los gobiernos de coalición. Pero mencheviques y SR buscaron conformar uno nuevo. Los obreros y soldados de Petrogrado comenzaron a ir espontáneamente el 16 de julio al Palacio de Táurida para que se termine con esta política y tomaran el poder. Los bolcheviques teniendo en cuenta que no era una manifestación organizada y que los fracasos en el frente desilusionarían aún más a las masas con el gobierno, llamaron a la calma. Pero el 17, se interrumpe la producción industrial. Las fábricas sublevadas organizan sus escuadras y arman los destacamentos de la Guardia Roja. Una gran manifestación recorre las calles. Por el centro avanza el regimiento de ametralladoras, alrededor van las columnas de obreros, al frente camiones con ametralladoras y una pancarta donde se leía “todo el poder a los soviets”. Los marineros de Kronstadt anuncian su marcha a Petrogrado. Pero la dirección del Soviet se negaba a tomar el poder. Durante la noche se suceden enfrentamientos entre los manifestantes y sectores patriotas, hubo provocaciones y en la desorganización se cometieron robos y desmanes. Los bolcheviques deciden terminar con el movimiento, invitando a los obreros y soldados a poner fin a la acción.
El Comité Ejecutivo habló de una “rebelión armada”. La burguesía llamó a poner “orden”. Comenzó la represión, con detenciones, razzias y asesinatos. La prensa publicó “documentos” que “probaban” la alianza de los bolcheviques con los alemanes. Los bolcheviques exigieron al Comité Ejecutivo que se forme una comisión investigadora y se tomen medidas para enfrentar la campaña de acusación contra Lenin, a lo que el CE no respondió.
El 18 de julio las tropas leales al Gobierno Provisional ocupaban ya toda la ciudad. Los bolcheviques fueron desalojados de su local y su prensa suprimida. Los marineros y soldados rebeldes fueron desarmados y encarcelados. La manifestación terminaría en una derrota.
Lenin definió estos hechos como “más que una manifestación, menos que una insurrección”(1). Las masas habían salido a las calles, paralizando las fábricas y sublevando a los regimientos de la guarnición y estaban armadas. Movilizaron casi medio millón de personas con el saldo de 29 muertos y 114 heridos. Pero la manifestación presentaba una contradicción entre su consigna, la necesidad de un gobierno de los obreros, soldados y campesinos y su método. La manifestación si bien era armada, fue esencialmente pacífica. No tomó puntos estratégicos, como ferrocarriles y telégrafos, no ocupó palacios, ni apresó autoridades. Se dirigió insistentemente al Comité Ejecutivo del Soviet para solicitarle que éste tomara el poder.
Era en definitiva una acción extrema de presión de las masas sobre el Soviet. Pedían que antes de apostar a las medidas radicales planteadas por los bolcheviques, los partidos reformistas tomaran el poder.
Cuando la noticia del descalabro en el frente llegó a la capital, las masas estaban ya sitiadas por las fuerzas “leales” al gobierno de coalición. La situación pudo así ser enteramente aprovechada por la reacción para avanzar lo más posible sobre las libertades conquistadas, y contra su ala revolucionaria, el partido bolchevique. Se abrió un momento de reflujo y reflexión. Pero como dijo Trotsky, en julio se produjo un “semialzamiento” que marcó el fin de la primera etapa y un ensayo general de la segunda, es decir, la que permitirá el camino hacia la Revolución de Octubre.

Gabriela Liszt

Nota:
1. Lenin, V. I. Tres Crisis. Obras Completas, Tomo XXV, Ed. Cartago.

Fuente

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