Los ideólogos de la iglesia y la burguesía hablando sobre la mujer

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Tomás de Aquino, Napoleón, Nietzsche y Freud
Tomás de Aquino, Napoleón, Nietzsche y Freud

«Disculpad si me alejo algo del tema que tratamos, pero lo hago expresamente, para entrar en él. El sistema capitalista de la sagrada propiedad privada, de la explotación del hombre por el hombre, de la esclavitud económica» y espiritual del hombre, ha pesado sobre todos, pero, especialmente y con mayor brutalidad, sobre la, mujer. La mujer fue la primera esclava, lo era ya antes, de que el esclavismo apareciera en la humanidad. Durante toda la historia, sin entrar en la prehistoria, ya sea en la época de la civilización helénica, en la romana, en el medioevo, en la época del Renacimiento, en la moderna, o en la «refinada civilización» contemporánea burguesa, la mujer ha sido y es el ser humano más esclavizado, oprimido, explotado y desudado en todos los sentidos. Las leyes, las costumbres, religión, el sexo, masculino la oprimen la mantienen bajo su yugo.El primer antagonismo de clases en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer, en la monogamia, y la primera opresión clasista coincide con la esclavitud del sexo femenino por el masculino». (Friedrich Engels; El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, 1884)
«Descubrí que la mujer es más amarga que la muerte», dice en alguna parte el Eclesiastes. San Juan Crisostomo tenía otra opinión. Decía: «Entre las bestias, más feroces, no hay otra más dañina que la mujer». Santo Tomas de Aquino, el teólogo filósofo, uno de los filósofos dominantes del obscurantismo medieval, pensaba y profetizaba que: «El destino de la mujer es vivir bajo el yugo del hombre», y por último, para terminar con estas citas bárbaras. «La naturaleza ha hecho a las mujeres nuestras esclavas», ha dicho Napoleón.
Tales eran los conceptos de la iglesia y de la burguesía sobre la mujer tales siguen siendo todavía hoy. En Europa y en todo el mundo, innumerables filósofos y literatos han hecho un mito de la superioridad del hombre sobre la mujer. Para ellos el hombre es fuerte, luchador e intrépido y, por eso, más inteligente y, por consiguiente, predestinado a gobernar y dirigir. Mientras que la mujer, por naturaleza, es débil, indefensa, sin coraje y, por eso, debe ser gobernada y dirigida. Teóricos de la burguesía, como Nietzsche y Freud, sostienen la teoría de que el macho es un ser activo y la hembra un ser pasivo. Esta teoría reaccionaria y anticientífica, conduce, como en efecto ocurrió, en política, al nazismo, y en sexología, al sadismo.

El pensamiento machista y misógino de Nietzsche se pueden ver en sus obras claramente:

 «Los hombres deben ser adiestrados para la guerra y las mujeres para el recreo de los guerreros. Toda otra cosa es tontería». (Friedrich Nietzsche; Así hablaba Zarathustra, 1885)

Nietzsche a su vez un gran admirador de Schopenhauer influenció directamente a Nietzsche como este mismo reconocería, suponemos que también lo diría por su concepción de la mujer:

«La mujer, debido a la mayor debilidad de su razón, participa menos de las ventajas e inconvenientes que ello supone: es más bien una miope intelectual, ya que su entendimiento intuitivo ve nítidamente de cerca y, en cambio, tiene un estrecho campo de visión en el que no cae lo lejano; de ahí que todo lo ausente, pasado y futuro tenga un efecto sobre las mujeres mucho más débil que sobre nosotros, los varones; y de ahí nace también la tendencia al derroche, que es mucho más frecuente en ellas y a veces raya en la locura. (…) Las mujeres piensan en su interior que la misión de los hombres es ganar dinero, y la suya, en cambio, malgastarlo. (…) Si realmente los griegos no admitían a las mujeres en el teatro, tenían razón para ello». (Arthur Schopenhauer; Parerga y Paralipómena, Parerga y Paralipómena, 1851)

Así mismo otro de los iconos del siglo XX para la reacción ha sido Freud, creador de la teoría del psicoanálisis que tanto ha influenciado en la psicología burguesa:

«El complejo de castración de la niña se inicia, asimismo, con la visión de los genitales del otro sexo. Al punto nota la diferencia y —es preciso admitirlo— su significación. Se siente gravemente perjudicada, a menudo expresa que le gustaría «tener también algo así», y entonces cae presa de la envidia del pene, que deja huellas imborrables en el desarrollo y en la formación de su carácter, y aun en el caso más favorable no se superará sin un serio gasto psíquico.  (…) El deseo de obtener al fin el pene anhelado puede prestar todavía su contribución a los motivos que llevan a la mujer madura al análisis, y lo que razonablemente le cabe esperar de este último (p. ej., la aptitud para ejercer un oficio, intelectual) es discernible a menudo como una metamorfosis sublimada de ese deseo reprimido. (…) La importancia de la envidia del pene es indudable. Acaso lo juzguen un ejemplo de injusticia masculina si asevero que envidia y celos desempeñan en la vida anímica de las mujeres un papel todavía mayor que en la de los varones». (Sigmund Freud; Obras Completas, Tomo XXII, (1932-1936)

La lista de misoginia y machismo patriarcal en los llamados «grandes pensadores» de la política, literatura, religión y filosofía burguesa –o adoptados por ella– es realmente muy larga:

«Tal es la estupidez del carácter de la mujer que en todas las cuestiones le incumbe desconfiar de sí misma y obedecer al marido». ( Confucio, pensador chino, siglos VI-V a.C)
«En cualquier tipo de animal, siempre la hembra es de carácter más débil, más maliciosa, menos simple, más impulsiva y más atenta a ayudar a las crías». ( Aristóteles, filósofo griego del siglo IV a.C).
En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti». (Biblia; Epístola I a Timoteo 2:11, en adelante (escrito por San Pablo))
«Si un hombre toma a una mujer y se llega a ella, y después la aborrece, y la acusa de actos vergonzosos y la difama públicamente, diciendo: «Tomé a esta mujer, pero al llegarme a ella no la encontré virgen», entonces el padre y la madre de la joven tomarán las pruebas de la virginidad de la joven y las llevarán a los ancianos de la ciudad, a la puerta. Y el padre de la joven dirá a los ancianos: «Di mi hija por mujer a este hombre, pero él la aborreció; y he aquí, él le atribuye actos vergonzosos, diciendo: ‘No encontré virgen a tu hija.’ Pero esta es la prueba de la virginidad de mi hija». Y extenderán la ropa delante de los ancianos de la ciudad. Y los ancianos de la ciudad tomarán al hombre y lo castigarán, y le pondrán una multa de cien siclos de plata, que darán al padre de la joven, porque difamó públicamente a una virgen de Israel. Y ella seguirá siendo su mujer; no podrá despedirla en todos sus días. Pero si el asunto es verdad, que la joven no fue hallada virgen, entonces llevarán a la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán hasta que muera, porque ella ha cometido una infamia en Israel prostituyéndose en la casa de su padre; así quitarás el mal de en medio de ti». (Biblia; Levítico 12:1-2,5)
«Pero toda mujer que tiene la cabeza descubierta mientras ora o profetiza, deshonra su cabeza; porque se hace una con la que está rapada. Porque si la mujer no se cubre la cabeza, que también se corte el cabello; pero si es deshonroso para la mujer cortarse el cabello, o raparse, que se cubra. Pues el hombre no debe cubrirse la cabeza, ya que él es la imagen y gloria de Dios; pero la mujer es la gloria del hombre. Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre». (Biblia; Corintios 14:34)
«38. Los hombres son superiores a las mujeres, a causa de las cualidades por medio de las cuales Dios ha elevado a éstos por encima de aquéllas, y porque los hombres emplean sus bienes en dotar a las mujeres. Las mujeres virtuosas son obedientes y sumisas: conservan cuidadosamente, durante la ausencia de sus maridos, lo que Dios ha ordenado que se conserve intacto. Reprenderéis a aquellas cuya desobediencia temáis; las relegaréis en lechos aparte, las azotaréis; pero, tan pronto como ellas os obedezcan, no les busquéis camorra. Dios es elevado y grande». (Corán)
«Los fundamentos de la casa son la mujer y el buey: el buey para que are y la mujer para que guarde». ( Fray Luis de León, humanista y religioso español del siglo XVI)
«Es orden natural entre los humanos que las mujeres estén sometidas al hombre, porque es de justicia que la razón más débil se someta a la más fuerte». San Agustín.
«Dios creó a Adán dueño y señor de todas las criaturas, pero Eva lo estropeó todo». (Lutero, reformador religioso, siglos XVI).
«Si, por ventura, alguna mujer quisiera aparecer como sabia, únicamente lograría ser dos veces necia: sería como intentar llevar un buey al gimnasio». (Erasmo de Rotterdam, pensador de la iglesia)
«A las niñas no les gusta aprender a leer y escribir y, sin embargo, siempre están dispuestas para aprender a coser». ( Rousseau, filósofo francés del siglo XIX)
«La mujer no se traiciona fácilmente a sí misma y por eso no se emborracha. Cómo es débil tiene que ser astuta». (Kant, filósofo idealista del siglo XVIII)
«Las mujeres nunca tienen nada que decir pero lo dicen encantadoramente». (Oscar Wilde, escritor estadounidense del siglo XX)
«Siempre he creído que la bondad de las mujeres es todavía más efímera que su hermosura». ( Valle-Inclán, escritor español, siglos XIX y XX)
«El fuerte de la mujer no es saber sino sentir. Saber las cosas es tener conceptos y definiciones, y esto es obra del varón». (Ortega y Gasset, filósofo español del siglo XX)

Con esto se demuestra que la misoginia y el patriarcado es tan viejo como el origen de la propiedad privada.

Las figuras centrales del marxismo-leninismo han sido notables luchadores y precursores de las luchas en la cuestión de género, tanto los hombres como las mujeres marxistas:
«El partido siempre ha concedido una importancia al problema de la mujer, problema con suma importancia social, al que está ligado el destino del pueblo, del socialismo y del comunismo, el porvenir de nuestro país. El problema de la mujer no es, en sentido cabal, un problema particular y específico, un problema separado y aislado de los demás problemas de la sociedad, un problema que se pueda tratar y resolver fácilmente, y, lo que sería peor, ignorar. El problema de la mujer no es solo un problema de sentimientos y que por tanto deba ser tratado de manera sentimental y romántica. Es un gran problema de la vida, del desarrollo dialéctico materialista de la historia de la humanidad. Por esta razón Marx, Engels, Lenin y Stalin y todos sus discípulos han dado una primordial importancia al problema de la mujer, al problema de su liberación, de la emancipación y formación de su personalidad en una sociedad libre, sin opresores ni explotadores. (…) La gente debe comprender, de una vez por todas y profundamente, que la emancipación de la mujer, el respaldo y ayuda que se le debe dar para que ocupe el lugar que le corresponde en la sociedad socialista, no puede ser considerada como un regalo, sino como un deber imperativo. (…) La gente, pues, debe aplicar esta enseñanza del partido no solo porque la haya impartido él, debe comprender profundamente las razones ideológicas, políticas y económicas que han inducido al partido a insistir enérgicamente en este gran problema». (Enver Hoxha; Aspectos de los problemas de la mujer albanesa, 15 de junio de 1967)

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