Movimiento antiglobal: de la batalla de Seattle a las protestas de Hamburgo – Clara Mallo

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Desde Seattle, pasando por Praga, Genova y Davos hasta la cumbre de Hamburgo. ¿Revival del movimiento antiglobal?

El gobierno alemán ha desplegado un gigantesco operativo policial y militar para tratar de impedir las manifestaciones. La proporción del dispositivo preparado por el gobierno de Angela Merkel responde a la previsión del gobierno -ya confirmada- de que esta contracumbre será una de las más masivas y radicalizadas de los últimos años, en medio de una situación internacional convulsiva.
Después del gran retroceso que supusieron las últimas décadas de ataques neoliberales a escala planetaria, hoy la realidad está cambiando. La recomposición del movimiento de masas, y el avance en la subjetividad del movimiento obrero, con desigualdades por países, ha sido lenta pero es un hecho. Las últimas huelgas generales en Brasil o el movimiento anti Trump, la lucha de clases en Francia la primavera pasada, por nombrar las más recientes, son ejemplos de ello. Podemos decir que en las dos últimas décadas se vinieron desarrollando distintos fenómenos políticos y de lucha, que aunque con distinta dinámica y profundidad, expresaron y ayudaron a esta recomposición.
En los inicios, cuando las resistencias obreras aún eran demasiado incipientes, tuvo un mayor protagonismo el desarrollo de movimientos que con una fuerte “ilusión social” comenzaron a cuestionar el orden capitalista. Fundamentalmente fue el movimiento antiglobalización el que cuestionó la deriva neoliberal capitalista, dando origen a algunas resistencias y a un activismo identificado sentimentalmente con la idea del anticapitalismo.
Desde su surgimiento, el movimiento antiglobalización se fue desarrollado entorno a los grandes encuentros de las principales potencias mundiales o cumbres. Así la historia de este movimiento se desarrolla a través de las “contracumbres”, escenario de enfrentamientos con la policía y donde el movimiento antiglobal se expresa con todas sus fracciones y tendencias.
Desde el inicio del movimento en la contracumbre de Seatle de 1999, hasta hoy con la contracumbre de Hamburgo, se puede seguir un desarrollo del movimiento no lineal en el que influyeron distintos factores, incluidos los cambios en la subjetividad de la clase obrera en cada momento. Aunque cada una de las contracumbres supone una cita importante que mueve a grandes y muy distintas sectores, resulta interesante conocer aquella que dió origen al movimiento y una de las que tuvieron mayor fuerza y radicalización. En esa cita se expresaron las principales cuestiones que definieron al movimiento.

El origen de todo, la batalla de Seattle

El 30 de noviembre de 1999, tuvo lugar en Seattle la tercera de las reuniones organizadas por los delegados de la OMC (Organización Mundial del Comercio; WTO en inglés). La creación de la OMC supuso un paso más hacia el avance en el libre comercio demandado en aquellos años por las principales economias mundiales frente a los nuevos retos que suponía la globalización. Este tipo de reuniones significaron un salto en el control del comercio por parte de los estados más poderosos, que trataban de salvaguardar los intereses de las grandes empresas nacionales en el salto al mercado mundial.
Contra esa cita se convocó la conocida contracumbre de Seattle como respuesta a la forma que tomaba el desarrollo capitalista. Las manifestaciones comenzaron el 29 de noviembre y duraron 5 días. El segundo día de protestas se convocó una gran manifestación en la que participaron miles de personas para marchar hacia el lugar donde se celebraba la Cumbre. El objetivo de la marcha era romper el fuerte cerco policial, bloquear e impedir el acceso al centro de convenciones donde se realizaría la ceremonia inaugural tratando así de impedir la celebración del encuentro. La marcha fue convocada bajo el lema “contra la desigualdad económica y la deuda externa; contra el lucro por encima de la vida”. Este lema expresaba la oposición a los acuerdos que se venían gestando en la OMC y que avanzaban en el enriquecimiento de las grandes empresas en el escenario del nuevo orden mundial.
En esta contracumbre y en la manifestación tuvo presencia un amplísimo frente de organizaciones políticas, sindicales y sociales. En ella participaron desde sindicatos, ambientalistas, indigenistas, organizaciones cristianas, feministas, organismos de derechos humanos y un sinfin de organizaciones sociales. La heterogeneidad del frente llevó a que en su primera contracumbre el movimiento antiglobal quedara dividido: las posiciones separaban a los sectores que planteaban la disolución de la OMC y los que tan solo proponían la posibilidad de democratizar esa institución reaccionaria. A pesar de las distintas posiciones, la protesta contra la cumbre fue enorme y se enfrentó a una enorme represión.
Seattle se convirtió en una gran batalla. Los manifestantes resistieron el fuerte hostigamiento policial y mantuvieron los bloqueos al lugar de celebración, logrando así la cancelación del acto que daba inicio a la cumbre. Se declaró el estado de emergencia y se creó una zona de exclusión de la protesta militarizada con intención de aislar a los manifestantes, un recurso represivo que a partir de entonces se mantendrá en las siguientes cumbres, incluso hoy lo vemos en Hamburgo. La represión policial fue brutal y se saldó con más de 500 detenciones.
La contracumbre de Seattle supuso el acto fundacional del movimiento antiglobalización que continuará desarrollándose con distintas intensidades pero que marcó importantes momentos de resistencia, como las posteriores contracumbres de Davos, Washington, Praga, Génova. Además Seattle fue el punto de arranque de un nuevo activismo juvenil caracterizado por el rechazo a las políticas neoliberales y al dominio de las grandes multinacionales.
Esta primera gran resistencia al avance del capitalismo y del imperialismo quebró la idea de globalización armónica. El movimiento antiglobal contribuyó a deslegitimizar a las instituciones del capitalismo como la OMC y los posteriores G8, G20, el BM o el FMI. También contribuyó al desarrollo de la solidaridad internacional como respuesta al libre mercado y a la libre explotación. En algunos casos, ayudó a la unidad de este movimiento con los trabajadores. Ya en su primera puesta en escena en Seattle, la juventud se unió a una clase trabajadora que venía dando pequeñas señales de recuperación en algunos lugares como Francia y EE.UU. También en cumbres posteriores como Génova (2001), todo ello empujado por un contexto de mayor movilización de los trabajadores y la juventud. Esa unión pudo tejerse en mayor grado, pero las tendencias mayoritarias del movimiento antiglobalización nunca consideraron a la clase trabajadora y sus organizaciones como un sujeto clave en el desarrollo de la lucha contra el capitalismo, sino como parte de un conglomerado amplio definido como “multitud”.
El peso de las organizaciones reformistas y autonomistas dentro del movimiento, sin una estrategia revolucionaria, impidió que desarrollara un fenómeno más profundo verdaderamente anticapitalista, arraigado en la clase obrera. En cambio, diferentes fracciones abogaron por la idea de “humanizar” al capitalismo.
Después de la crisis capitalista de 2008, el desprestigio de las instituciones “globalizadoras” aumentó en todo el mundo. La lucha de clases estuvo presente, pero no logró frenar la nueva ofensiva del capital. Nuevos movimientos reformistas emergieron en varios países, reforzando la idea de “humanizar el capitalismo” con medidas cosméticas, llevando a experiencias trágicas para los trabajadores como Syriza en Grecia.
Las manifestaciones de Hamburgo hoy vuelven a traer el espíritu de la lucha callejera, que hoy más que nunca es necesario retomar. Por eso hoy podemos rescatar toda la herencia positiva del movimiento antiglobalización, uno de los primeros en cuestionar el capitalismo en los momentos en los que la paz social dominaba en los estados centrales, pero lo hacemos siendo conscientes de sus límites y reafimando la necesidad del avance de la clase obrera a nivel internacional. Es necesario impulsar un verdadero movimiento anticapitalista que se proponga la lucha contra el imperialismo y tenga como horizonte la expropiación de las grandes coorporaciones multinacionales, mediante la alianza con la clase obrera en todo el mundo.

Clara Mallo

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