¿Otra burbuja en el sector de las criptodivisas?

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Las ofertas iniciales de monedas, o ICO, recuerdan el frenesí de los años 1990. Equipos que no han demostrado nada están recibiendo mucha financiación.

Puede que la financiación de las startupstecnológicas esté burbujeando otra vez, pero esta vez de un modo novedoso. Las ofertas iniciales de monedas, o ICO, han despegado, recaudando 1,100 millones de euros en lo que va de año, según Autonomous Research: seis veces el total del año pasado y casi 50 veces lo que en 2014. Pero esta técnica de recaudación de fondos no está probada ni regulada, mientras que las ideas de las beneficiarias no tienen que estar pensadas detenidamente.

Los ICO son un poco un cruce entre crowdfunding y emisión de acciones sin derecho a voto. Una startup aporta un libro blanco sobre su idea de aplicación para una criptomoneda como bitcoin, o para la tecnología de contabilidad en red blockchain –que puede o no contener muchos detalles– y envía a los inversionistas entusiastas fichas, una especie de criptomonedas, a cambio de otras criptodivisas más líquidas que puede gastar o convertir en efectivo fácilmente, como la propia bitcoin o ether, la criptomoneda del proyecto Ethereum. Los inversionistas mantienen las fichas recibidas, ya sea con la esperanza de que aumenten de valor o en previsión del éxito de la startup.

La semana pasada, la empresa Tezos –que ya había hecho crowdfunding y que está trabajando en un nuevo tipo de blockchain– completó la mayor ICO hasta la fecha. Recaudó 200 millones de euros en bitcoin y ether.

Es un eco de los años noventa. Equipos de gestión que no han demostrado nada están recibiendo una fuerte financiación basada en poco, excepto un libro blanco, y raramente en perspectivas claras de rentabilidad futura. El aumento vertiginoso de los precios del bitcoin y del ether, que han subido este año más del 130% y del 2,300%, respectivamente, alimentan el frenesí. Y en lo que debería ser una señal de alarma para aquellos que usan ICO para recaudar dinero, es un mercado –a diferencia de las OPV de hace 20 años, por ejemplo– que no está en el ámbito de la SEC, a pesar de que se parece mucho a la emisión de cuasivalores.

A diferencia del crowdfunding, muchos inversionistas esperan grandes retornos. Cuando la mayoría de las startups en cuestión fracasen, podría convertirse en un gran problema.

 

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