Trotsky & Gramsci. En torno a la revolución en las democracias capitalistas — [V & VI]

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◆ En sus ‘Cuadernos de la Cárcel (1929-1935)’,  Antonio Gramsci definió la “teoría de la revolución permanente” de León Trotsky como la “teoría del ataque frontal”, es decir, como la máxima expresión de la “guerra de movimientos”. Esta definición no se corresponde con la desarrollada por el revolucionario ruso.

Gramsci y su definición de la revolución permanente

Leon Trotsky
Vicente Mellado   |   En el artículo anterior de esta sección, afirmamos que en sus Quaderni del Carcere (1929-1935) Antonio Gramsci vinculó la teoría de la revolución permanente de León Trotsky a las tendencias ultraizquierdistas del movimiento comunista internacional. En este artículo queremos realizar el intento por rastrear porqué Gramsci definió a la revolución permanente como teoría del ataque frontal.
Para el revolucionario ruso la revolución permanente sostiene que la resolución íntegra de las demandas democráticas levantadas por las masas solo puede lograrse mediante una revolución socialista. La premisa teórica de esto es que la burguesía o el empresariado nacional es incapaz de satisfacer las demandas democráticas y económicas de los explotados y oprimidos. El sujeto motor de la revolución lo constituye la clase obrera urbana que se levanta como dirigente de la alianza revolucionaria con el campesinado en la toma del poder político.

La revolución nace al interior de un país, pero no se detiene en las fronteras nacionales. La revolución proletaria, para sobrevivir debe transformarse en una revolución internacional. De este modo, la mantención de la revolución socialista al interior de una estructura nacional solo puede ser provisoria. Esta triunfa en la palestra nacional, se desarrolla en la internacional y llega a su término en el terreno mundial.
Por una cuestión de espacio, en este artículo no hemos privilegiado citas de Trotsky. Esta breve definición de la revolución permanente será profundizada a medida que vayamos contrastándola con los análisis de Gramsci. No obstante nos permite preguntarnos en qué línea del párrafo se encuentra una concepción ultra izquierdista o de teoría del ataque frontal.
¿Habrá sido la alusión a la toma del poder mediante la insurrección?, ¿habrá sido una lectura inmediatista y a corto plazo del paso de la escala nacional de la revolución a la escala internacional?, ¿fue el énfasis que hizo Trotsky en la revolución internacional lo que Gramsci interpretó como un desprecio de la “cultura nacional”, aspecto fundamental según el marxista italiano para lograr primero la revolución socialista en un país?, ¿habrá pensado Gramsci que era necesaria una etapa democrática de la revolución (la dictadura democrática de obreros y campesinos) separada de la etapa de la revolución socialista (dictadura del proletariado)?
Más adelante y en los siguientes artículos continuaremos interrogando a Gramsci de porqué concibió a la revolución permanente como una teoría ultra izquierdista de la revolución socialista no aplicable a la realidad de las formaciones sociales centro occidentales.
Para iniciar nuestro análisis queremos descartar algunas hipótesis acerca de la teoría revolucionaria de Gramsci. Según Ernest Mandel, no existe ni la más mínima evidencia empírica para afirmar que en sus escritos de la cárcel Gramsci abandonara la concepción de que la revolución socialista implica la destrucción del Estado burgués parlamentario y su reemplazo por una República de los Consejos obreros democráticamente electa (1). De este modo, descartamos de plano que Gramsci haya defendido la hipótesis de la vía pacífica al socialismo, como ya han planteado socialdemócratas, estalinistas, marxistas académicos y múltiples variantes populistas y autonomistas de izquierda.
Queremos partir de la premisa de que para Gramsci el problema no es la insurrección proletaria en sí. Por el contrario, el problema estratégico que no logró resolver Gramsci en sus Quaderni fue en qué condiciones históricas y bajo qué situación concreta de relaciones de fuerza se debe plantear la toma del poder. En otras palabras, cuándo pasar de la guerra de posiciones al ataque frontal. Como se centró en la fase preparatoria de la toma del poder —el momento de la hegemonía— y omitió el momento de la insurrección, este último terminó desapareciendo de sus escritos durante la década del 30.
La derrota de los Consejos de Turín en 1920, el ascenso del fascismo y la derrota de la revolución en Alemania en 1923 fueron fogueando una concepción estratégica en Gramsci, que no tenía por qué ser antagónica con el bolchevismo soviético. Entre 1922 y 1926 Gramsci fue dirigente de la Internacional Comunista (IC) y compartió con las figuras bolcheviques más conspicuas: Zinoviev, Radek, Bujarin y Trotsky. A partir de 1925 compartió con Stalin.
La problemática irresuelta de Gramsci —en qué situación histórica y bajo qué relaciones de fuerza plantear el momento de la insurrección— constituyó la principal pregunta problema que guió su construcción teórica de la revolución para occidente. Esto lo obligó a entrar en debate con uno de los teóricos marxistas de la insurrección proletaria: León Trotsky.
Entre 1931 y 1935, son frecuentes las alusiones de ultra izquierdismo a la revolución permanente en los Quaderni. Intentaremos rastrear el porqué de dichas afirmaciones.
Al respecto, en un famoso escrito de 1931, el revolucionario italiano afirmó que

“(…) Bronstein [Trotsky], que parecía un “occidentalista”, era por el contrario un cosmopolita, o sea superficialmente nacional y superficialmente occidentalista y europeo. Por el contrario, Ilich [Lenin] era profundamente nacional y profundamente europeo. (…) Me parece que Ilich comprendió que era preciso un cambio de la guerra de maniobras [movimientos], aplicada victoriosamente en Oriente en el 17, a la guerra de posiciones que era la única posible en Occidente, donde como observa Krasnov, en un breve espacio los ejércitos podían acumular inmensas cantidades de municiones, donde los cuadros sociales eran capaces todavía por sí solos de constituirse en trincheras bien aprovisionadas de municiones. Esto es lo que creo que significa la fórmula del “frente único” (…) En Oriente el Estado lo era todo, la sociedad civil era primitiva y gelatinosa; en Occidente, entre Estado y sociedad civil había una justa relación y en el temblor del Estado se discernía de inmediato una robusta estructura de la sociedad civil. El Estado era sólo una trinchera avanzada, tras la cual se hallaba una robusta cadena de fortalezas y de casamatas; en mayor o menor medida de un Estado a otro, se comprende, pero precisamente esto exigía un cuidadoso reconocimiento de carácter nacional.

La teoría de Bronstein puede ser comparada con la de ciertos sindicalistas franceses sobre la huelga general y con la teoría de Rosa en el opúsculo traducido por Alessandri: el opúsculo de Rosa y la teoría de Rosa han influido, por lo demás, a los sindicalistas franceses, como se desprende de ciertos artículos de Rosmer sobre Alemania en la Vie Ouvriere (primera serie en fascículos): depende en parte también de la teoría de la espontaneidad”. (2)
Según Frank Rosengarten, entre 1922 y 1924, Trotsky ejerció una gran influencia en la educación bolchevique de Gramsci, especialmente en lo concerniente a las tesis del frente único en la IC. Fue a partir de 1924 que el comunista italiano comenzó su alejamiento de Trotsky (3). La desafección se manifestó en una reevaluación confusa y contradictoria que realizó Gramsci del actuar del revolucionario bolchevique durante esos años. Nosotros creemos que el análisis contradictorio y confuso del pensamiento de Trotsky se agudizó en los Quaderni.
Los escritos de Gramsci de la década del 30 aparecen como la fundación de una teoría marxista adecuada a la revolución en occidente, opuesta a la teoría de Trotsky, reducida a Europa oriental. Esta dicotomía teórica entra en contradicción con la realidad de los escritos de ambos marxistas durante el mismo periodo. Tanto Trotsky como Gramsci plantearon la necesidad del frente único de la clase obrera para enfrentar al fascismo europeo. El problema es que el marxista sardo no contempló el momento insurreccional en sus escritos, mientras que Trotsky analizó el frente único en función de la conquista del poder. Vale agregar que no tenemos fuentes empíricas que nos permitan reconocer en Gramsci un conocimiento de los escritos de Trotsky acerca de Alemania y España, laboratorios de frente único, el primero defensivo, el segundo ofensivo en la toma del poder.
Nosotros proponemos como hipótesis tentativa que la definición de Gramsci acerca de la revolución permanente es el intento por entregar un fundamento teórico y estratégico de sus diferencias políticas con Trotsky acerca de cuándo plantear el momento de la insurrección en occidente. La omisión del momento insurreccional en Gramsci lo obligó a asimilar a Trotsky con las tendencias ultra izquierdistas de la IC y el movimiento obrero mundial. Ambas corrientes proclamaron en abstracto la necesidad inmediata de la toma del poder sin importar las circunstancias, y la huelga general revolucionaria, respectivamente. Tendencias que el mismo Trotsky combatió toda su vida.

¿A qué se debe la identificación que establece Gramsci de Trotsky con el ultra izquierdismo?

Existe una consideración y respeto de Gramsci hacia la figura de Trotsky como dirigente de la IC y uno de los máximos referentes bolcheviques desde 1917 (4). Mientras se encontraba en Viena, envió una carta al Comité Central del Partido Comunista de Italia (PCI) el 9 de febrero de 1924, donde analizó la situación política de la IC, con especial énfasis en el conflicto al interior del partido soviético. En la carta describió un elemento que incluso el marxista peruano José Carlos Mariátegui ha reconocido, y que fue utilizado por el triunvirato (Zinoviev-Kamenev-Stalin) para defenestrar tempranamente a Trotsky. Dice la carta: “Es, en efecto, sabido que en toda la historia del movimiento revolucionario ruso Trotsky estuvo políticamente más a la izquierda de los bolcheviques, mientras que en las cuestiones de organización se unía frecuentemente o hasta se confundía con los mencheviques”. (5)
Tenemos una pista: Trotsky más a la izquierda que el bolchevismo, ¿sería una especie de ultraizquierdista? Trotsky cercano a los mencheviques en las cuestiones de organización, ¿sería una señal de oportunismo?
El pasado político de su relación con los mencheviques —cargada de antagonismos y diferencias estratégicas—constituyó el gran argumento posterior del estalinismo para sostener la tesis de Trotsky el anti leninista. Este anti leninismo se transformó en 1924 en portador del oportunismo y el ultra izquierdismo, las dos caras del “trotskismo”. Por lo tanto, Trotsky fue tildado de lo uno o lo otro dependiendo de la situación concreta en la que se encontrara la IC. En 1924 (“putsch” en Estonia y por el desastre alemán de 1923) Trotsky fue un oportunista al advertir que ya no era el momento de pasar a la toma del poder. Por el contrario, era el momento del frente único defensivo para reconquistar a la clase obrera. Mientras que en 1926 (revolución china) fue un ultraizquierdista al plantear la necesidad de la insurrección en Cantón. Luego, durante el Tercer Periodo (1928-1934), Trotsky fue definido por Stalin como el teórico del oportunismo social patriota. No tomar en cuenta la lucha política ocurrida al interior del PCUS no permitirá comprender en rigor el porqué de la noción de Gramsci acerca de la revolución permanente.
Acerca del supuesto “menchevismo”de Trotsky, existe una amplia literatura que ha dejado en claro que este nunca tuvo acuerdo estratégico con los mencheviques en cómo hacer la revolución en Rusia. Para Trotsky era una revolución socialista. En cambio, para los mencheviques era una revolución democrático-burguesa. Ambas concepciones de la revolución son inconciliables. El mismo Trotsky salió a desmentir semejante afrenta una y otra vez después de 1924.
En la carta citada, Gramsci criticó la exageración que hizo la “vieja guardia” bolchevique de ese pasado político de Trotsky extrapolándolo al conjunto de los izquierdistas. El supuesto “pasado menchevique” no constituyó la esencia de lo que había que criticar al revolucionario ruso. Gramsci tampoco denunció la existencia de fracciones y tendencias en el partido bolchevique, como más tarde lo hará el estalinismo definiendo su existencia como contraria a la “tradición del partido”. En la misma carta Gramsci afirmó:

“Por lo que hace a Rusia, yo he sabido siempre que en la topografía las fracciones y tendencias, Radek, Trotski y Bujarin ocupaban una posición de izquierda, Zinoviev, Kamenev y Stalin una posición de derecha, mientras que Lenin estaba en el centro y actuaba de árbitro en toda la situación”. (6)

Para el comunista italiano no había problema en que existieran fracciones al interior del partido, siempre y cuando se mantuviera la unidad política de este. La historia del bolchevismo desde 1903 fue una historia de tendencias y fracciones cuya unidad política lo determinó su convicción estratégica por la revolución socialista.
Por el contrario, el punto que había que golpear en Trotsky y los bolcheviques izquierdistas era su concepción de la estrategia de la revolución socialista a seguir en occidente. Y esta concepción descansaba, según Gramsci, en su incapacidad de “estimar las reales correlaciones de fuerza” (7). Para el revolucionario italiano, lo que constituyó en un principio una perspectiva revolucionaria del ala izquierda bolchevique, pocos años después se convirtió en la concepción revolucionaria de Trotsky.

Notas

(1) Ernst Mandel. From Stalinism to Eurocommunism, 1978. Citado de Rosengarten, Frank, “The Gramsci-Trotsky Question (1922-1932)”, Social Text, No. 11 (Winter, 1984-1985), Duke University Press, p. 67.
(2) Gramsci, Antonio, “Guerra de posiciones y guerra de maniobras o frontal.” En Cuadernos de la Cárcel, tomo 3, editorial Era, pp. 156-157.
(3) Rosengarten, Frank, Op. cit, pp. 72-81.
(4) Ibid.
(5) Gramsci, Antonio, “Carta a Togliatti, Terracini y Otros”, [Viena, 9-II-1924; 2000 1 665-677], en Antología, siglo XXI, 1974, pp. 137-138. Al respecto Mariátegui afirmó: “Los hombres de la vieja guardia —Zinoviev, Kamenev, Stalin, Rykov, etc.— eran los que, al flanco de Lenin, habían preparado, a través de un trabajo tenaz y coherente de muchos años, la revolución comunista. Trotsky, en cambio, había sido menchevique (…) Trotsky, como casi nadie ignora, no ha sido nunca un bolchevique ortodoxo. Perteneció al menchevismo hasta la guerra mundial. Únicamente a partir de entonces se avecinó al programa y a la táctica leninistas. Y sólo en julio de 1917 se enroló en el bolchevismo. Lenin votó en contra de su admisión en la redacción de Pravda. El acercamiento de Lenin y Trotsky no quedó ratificado sino por las jornadas de octubre”. Mariátegui, José Carlos, Variedades, Lima, 31 de Enero de 1925, en: “Política revolucionaria Contribución a la crítica socialista. La escena contemporánea y otros escritos. Tomo 1, Centro Simón Bolívar, Venezuela, 2010, p. 211 y p. 212. Respecto a la afirmación de Mariátegui de que Lenin votó en contra de la participación de Trotsky en la redacción de Pravda, queda desmentida por la investigación de Isaac Deutscher basándose en la prensa soviética de la época. Según este, “[el 10 de mayo Lenin] les pidió a Trotsky y a sus amigos que ingresaran inmediatamente en el partido bolchevique. Les ofreció posiciones en los organismos de dirección y en el cuerpo de redacción de Pravda. No les puso ninguna condición. No le pidió a Trotsky que renunciara a nada de su pasado; ni siquiera hizo mención a las controversias pasadas”. Deutscher, Isaac, “Trotsky. El profeta armado (1879-1921)”, Lom ediciones, 2007, p. 232. No descartamos que la afirmación de Mariátegui ya estuviese filtrada por la campaña “contra el trotskismo” proveniente de la Rusia soviética.
(6) Gramsci, Antonio, “Carta a Togliatti…”, p. 137, Op. cit.
VI

Gramsci y su análisis de la derrota del “octubre alemán” de 1923

Antonio Gramsci
La derrota de la clase obrera alemana en octubre de 1923 fue determinante en el desarrollo teórico de Gramsci respecto a la revolución socialista en las formaciones sociales avanzadas. Su discrepancia con Trotsky de que el Partido Comunista Alemán (KPD en sus siglas en alemán) debía pasar a la ofensiva y conquistar el poder, constituyó un aliciente para ir modelando con mayor precisión sus definiciones teóricas.
Como ya vimos en el artículo anterior , en la carta del 9 de febrero de 1924 al Comité Central del Partido Comunista de Italia (PCI), Gramsci planteó que el problema del a la sazón ala izquierda bolchevique (Trotsky, Radek y Bujarin) era no saber “estimar las reales correlaciones de fuerza”. A su vez, el dirigente italiano desarrolló un análisis político de la situación en Alemania después de la derrota de octubre. Si tuviésemos que decir cuál es la esencia del contenido de la carta, nos atrevemos a afirmar que prevaleció la ambigüedad y la omisión ante problemas estratégicos fundamentales.
El contenido de la carta adolece de un aspecto fundamental: Gramsci omitió establecer una posición política clara acerca de los hechos ocurridos en Alemania en octubre de 1923. Establecer una posición clara era plantear si se tenía acuerdo con planificar la insurrección proletaria en Alemania o continuar con el frente único entre comunistas y socialdemócratas. Reproducimos en extenso la crítica realizada por el revolucionario al KPD:

“Los dos grupos que en Alemania se disputan la dirección del partido son ambos insuficientes e incapaces. El grupo de la llamada minoría (Fischer-Maslov) representa, sin duda, la mayoría del proletariado revolucionario; pero no tiene ni la capacidad organizativa necesaria para dirigir una revolución victoriosa en Alemania ni una dirección firme y segura que garantice contra catástrofes todavía peores que la de octubre. Se compone de elementos jóvenes en la actividad de partido, los cuales se han encontrado en cabeza de la oposición por la simple falta de dirigentes que es característica de Alemania. El grupo Brandler-Thalheimer es ideológicamente y en cuanto a preparación revolucionaria más fuerte que el anterior, pero también él tiene sus debilidades, mayores y más perniciosas en ciertos respectos que las del otro grupo. Brandler y Thalheimer se han convertido en talmudistas de la revolución. Queriendo encontrar a toda costa aliados para la clase obrera han acabado por descuidar la función de la clase obrera misma; queriendo conquistar a la aristocracia obrera controlada por los socialdemócratas, han creído poder hacerlo no ya mediante el desarrollo de un programa industrial que se basara en los Consejos de fábrica y en el control, sino concurriendo con los socialdemócratas en el terreno de la democracia, y llevando hasta la degeneración la línea del gobierno obrero y campesino [cursivas nuestras]. ¿Cuál de los dos grupos está a la derecha y cuál a la izquierda? La cuestión es algo bizantina. Es natural que Zinoviev, el cual no puede atacar a Brandler y Thalheimer por incapaces ni presentarlos como nulidades individuales, plantee la cuestión en un plano político y busque en sus errores los acentos suficientes para acusarlos de derechismo. Por lo demás, la cuestión se complica molestísimamente. Porque en ciertos respectos Brandler es un putchista, más que un derechista, y hasta se puede decir, al revés, que es un putchista porque es un derechista. Había asegurado que en octubre pasado era posible dar un golpe de Estado en Alemania, y había asegurado que el partido estaba técnicamente preparado para hacerlo. Zinoviev era, en cambio, muy pesimista y no pensaba que la situación estuviera políticamente madura. En las discusiones que se desarrollaron en la Central rusa, Zinoviev quedó en minoría, y contra su posición apareció entonces el artículo de Trotski titulado “Si la revolución puede hacerse en fecha fija” [ver artículo]. Zinoviev lo había dicho bastante claramente en una reunión del Presidium. Ahora bien: ¿en qué consiste el núcleo de la cuestión? En el mes de julio, tras la conferencia de la Paz de La Haya, Radek, que había vuelto a Moscú después de una tournée, presentó un informe catastrófico sobre la situación alemana. Resultaba del mismo que el Comité Central guiado por Brandler no gozaba ya de la confianza del partido; que la minoría, pese a estar constituida por elementos incapaces y algunas veces turbios, tenía consigo la mayoría del partido y podría conseguir en el Congreso de Leipzig la mayoría, de no impedírselo el centralismo y el apoyo del Komintern; que el Comité Central aplicaba sólo formalmente las decisiones de Moscú, que no se había hecho ninguna campaña sistemática en favor del frente único y del gobierno obrero, sino sólo alguna publicación de artículos de periódico de carácter teórico y abstruso, no leídos por los obreros.Es evidente que tras ese informe de Radek el grupo Brandler se puso en movimiento y, para evitar la victoria de la minoría, preparó un nuevo marzo de 1921 [cursivas nuestras]. . Si errores hubo, los cometieron los alemanes. Los camaradas rusos, concretamente Radek y Trotski, cometieron el error de creer en las vaciedades de Brandler y los demás, pero tampoco en este caso su posición era de derecha, sino más bien de izquierda, hasta el punto de incurrir en la acusación de putchismo.” (1)

Será recién en 1932, en su Cuaderno 13 (Borrador 24), que podemos vislumbrar una posición política más clara de Gramsci referente a la revolución en Alemania. Su posición política quedó de manifiesto en la crítica al balance de Trotsky en 1922 acerca de la próxima revolución alemana:

“Un intento de iniciar una revisión de los métodos tácticos habría debido ser el expuesto por L. Davidovich Bronstein en la cuarta reunión [IV Congreso de la IC] cuando hizo una comparación entre el frente oriental y el occidental, aquél cayó de inmediato pero fue seguido por luchas inauditas: en éste las luchas ocurrieron “antes”. O sea que se trataría de si la sociedad civil resiste antes o después del asalto, dónde sucede esto, etcétera. La cuestión, sin embargo, fue expuesta sólo en forma literaria brillante, pero sin indicaciones de carácter práctico”. (2)

Como afirmaron Emilio Albamonte y Matías Maielo:

“Esta afirmación no podría estar más lejos de la realidad, como queda plasmado en las propias intervenciones de Trotsky durante el IV Congreso de donde extrae su cita Gramsci, o en el informe sobre la táctica de frente único en Francia para el comité ejecutivo de la IC de febrero-marzo de 1922, o (…) en los debates sobre la revolución alemana de 1923, entre muchos otros que podía conocer Gramsci, y más allá de las sistematizaciones que realizó posteriormente. La cuestión estriba en realidad, en que aquello que el revolucionario italiano esperaba como “indicaciones prácticas” difiere de las que Trotsky efectivamente sostuvo”. (3)

Según Albamonte y Maiello, las diferencias entre Gramsci y Trotsky “sobre la revolución en “occidente” no surgen de la constatación de la mayor complejidad de las superestructuras políticas “occidentales”, sino de las diferentes conclusiones estratégicas que ambos extraen de ello”. (4)
Lo que nos interesa es dejar en evidencia que el revolucionario italiano, después de diez años de haber participado en el IV Congreso de la IC, hizo más clarividente su posición de que no tuvo acuerdo en lo esencial con el informe del marxista ruso acerca de la situación en Occidente y en particular Alemania. El IV Congreso fue clave en discutir las tácticas a emplear en las formaciones sociales avanzadas con regímenes democráticos parlamentarios. Uno de los puntos de discusión fue la situación en Alemania y la preparación de la insurrección. Por esto, nos remitiremos a la crítica de los planteamientos de Gramsci en su carta de 1924, por haberse realizado unos meses después del “desastre alemán”.
Después de leer el breve análisis de Gramsci acerca de la situación alemana en su carta de 1924, cabe hacernos las siguientes preguntas: ¿era correcta la situación descrita por el marxista sardo acerca de las condiciones objetivas en Alemania en 1923?, ¿fue el intento de llamar a la insurrección en octubre de 1923 una maniobra de Brandler para evitar el ascenso al interior del KPD del ala izquierdista?, ¿fue el llamado a la insurrección la reedición de un “nuevo marzo de 1921”?, ¿fueron vacuidades los informes entregados por Brandler acerca de que la situación política en Alemania estaba madura para la toma del poder?, ¿el frente único de los trabajadores y la consigna del gobierno obrero no fueron aplicados de manera sistemática para que el KPD conquistara influencia en la clase trabajadora?, ¿se basó Trotsky en premisas falsas para plantear la necesidad de planificar la insurrección proletaria en la Alemania central?
Estas preguntas se hacen necesarias para comprender si Trotsky fue un aventurero ultra izquierdista no conocedor de la realidad histórico política de occidente al analizar la situación alemana de 1923. Lo enriquecedor del análisis de Gramsci es que reconoció correctamente que el a la sazón secretario general del KPD, Heinrich Brandler llevó a la degeneración la táctica del gobierno obrero votada en el IV Congreso de la Internacional Comunista (IC).

La Resolución sobre la táctica de la Internacional Comunista (IV Congreso de 1922)

En la “Resolución sobre la táctica de la Internacional Comunista” del IV Congreso aparece un acápite titulado “Gobierno Obrero” el cual estableció lo siguiente:

“El gobierno obrero (eventualmente el gobierno campesino) deberá ser empleado en todas partes como una consigna de propaganda general. [En las sociedades capitalistas avanzadas como Alemania] la consigna del “gobierno obrero” es una consecuencia inevitable de toda la táctica del frente único (…)

Un gobierno de ese tipo sólo es posible si surge de la lucha de masas, si se apoya en organismos obreros aptos para el combate y creados por los más vastos sectores de las masas obreras oprimidas.

Un gobierno obrero surgido de una combinación parlamentaria también puede proporcionar la ocasión de contribuir a avivar el movimiento obrero revolucionario. Pero es evidente que el surgimiento de un gobierno verdaderamente obrero y la existencia de un gobierno que realice una política revolucionaria debe conducir a la lucha más encarnizada y, eventualmente, a la guerra civil contra la burguesía. La sola tentativa del proletariado de formar un gobierno obrero se enfrentará desde un comienzo con la resistencia más violenta de la burguesía. Por lo tanto, la consigna del gobierno obrero es susceptible de concentrar y desencadenar luchas revolucionarias.

En ciertas circunstancias, los comunistas deben declararse dispuestos a formar un gobierno con partidos y organizaciones obreras no comunistas. Pero sólo pueden hacerlo si cuentan con las suficientes garantías de que esos gobiernos obreros llevarán a cabo realmente la lucha contra la burguesía en el sentido indicado hace un momento.” (5)

La resolución sobre el gobierno obrero está clarísima. Solamente se formaría un gobierno de trabajadores entre comunistas y otros partidos proletarios no comunistas —bajo la estructura de la democracia parlamentaria burguesa— si los primeros cuentan con la garantía de que existen las condiciones objetivas para utilizar dicha posición para preparar a la clase obrera en la lucha por la toma del poder. De lo contrario, la táctica del gobierno obrero (y campesino) se convertirá en una posición conservadora y de bloqueo a la insurrección.
Gramsci planteó con claridad que el gobierno obrero en Sajonia y Turingia se desvirtuó al no apoyarse en los Consejos de Fábrica, que desde 1922 se habían recuperado en extensión y en 1923 llegaron a ejecutar las funciones de los sindicatos. Al momento de la formación en Sajonia del gobierno de trabajadores —el 9 de octubre— entre el ala izquierda del Partido Socialdemócrata y el KPD, los Consejos de Fábrica en Alemania se contabilizaron en 20 mil. Estos lograron ser hegemonizados por los comunistas. En la decisiva Conferencia de Chemnitz, el 22 de octubre de 1923, de 498 delegados, 140 pertenecieron a los Consejos, sin contar otros organismos y 66 delegados del KPD. La debilidad de los comunistas continuó siendo su presencia en los sindicatos donde la socialdemocracia era la predominante. A su vez, el dirigente italiano afirmó correctamente que Brandler adoptó una posición oportunista al hacer énfasis en buscar una alianza con la socialdemocracia en los marcos de la democracia burguesa en desmedro del desarrollo de los organismos de democracia proletaria como son los consejos de fábrica. (6)
No obstante estas afirmaciones, no encontramos ninguna alusión al problema de la insurrección, más que descripciones acerca de la posición de los bolcheviques y los comunistas alemanes al respecto. Los planteamientos del revolucionario italiano se sostuvieron en los informes entregados por el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista (CEIC) y del mismo KPD enviados a este. La Zentrale del KPD defendió la tesis de que el Comité Central del KPD llamó a la retirada por que la situación no estaba madura para la toma del poder. De este modo, se habría producido una sobrestimación de las propias fuerzas de los comunistas y de la clase obrera alemana y una subestimación de las fuerzas de la contra revolución. Eso explica porque Gramsci no dejó en claro si las condiciones objetivas en Alemania eran propicias o no para la insurrección. Nosotros queremos impugnar el balance del KPD que al parecer recibió el comunista sardo y preguntarnos: ¿la dirección del KPD llamó al repliegue de los obreros porque no estaban las condiciones para la insurrección o porque su dirección no aprovechó la oportunidad histórica de tomar la decisión de pasar a la ofensiva en Alemania Central?
Debemos mencionar otro aspecto relevante de la carta al CC del PCI. En ella Gramsci criticó a la fracción bordiguista del partido que no quería concretizar en Italia algunas de las resoluciones del III y IV Congreso de la IC necesarias para la construcción de un partido de masas en occidente. Unas de las tesis más importantes de estos congresos fueron el frente único obrero y la consigna del gobierno de trabajadores. Gramsci fue defensor de estas tesis en vista de la situación de la clase obrera y el campesinado en Italia, donde el fascismo estaba en pleno proceso de consolidación en la dirección del Estado. En síntesis, Gramsci era partidario de continuar el frente único proletario para que el partido comunista lograra una inserción en las masas. Dicha orientación es la que primó en Alemania desde fines de 1921 hasta el desastre de octubre de 1923. El KPD logró ampliar su influencia de manera considerable en sindicatos, consejos de fábrica, cooperativas y comités de desempleados. Incluso lograron llegar a ocupar cargos ministeriales y parlamentarios en algunos Landtag (gobiernos de los estados federales). La crítica de Gramsci a Brandler —el llamado a la insurrección en Alemania central fue un error porque al parecer las condiciones no eran propicias para ello—parte de su orientación de que todavía se debía fortalecer el frente único de los trabajadores, “la clase obrera misma”, para incrementar la influencia del KPD.
Sin embargo, creemos que la omisión del problema de la insurrección trae como consecuencia en el pensamiento político de Gramsci concebir el frente único como un proceso social y político de largo aliento en el tiempo, sin integrar la posibilidad inusitada de que se abrieran situaciones revolucionarias. ¿A caso no se produjo una inusitada situación revolucionaria en Alemania en 1923?, ¿es excluyente el frente único proletario con la lucha por la insurrección? En la carta de Gramsci, y en sus Cuadernos de la Cárcel, la relación frente único/insurrección está ausente.
¿Explica eso la crítica a Trotsky de “haber incurrido en putschismo” por haber planteado la necesidad de la insurrección a partir de la existencia del frente único que combinó el desarrollo de organismos de democracia proletaria con la presencia comunista en los Landtag de Sajonia y Turingia?
Si las condiciones objetivas existieron para la toma del poder en Sajonia (Sachsen) y Turingia (Thüringen) (ver mapa), eso significa que el análisis de Trotsky de que era necesario planificar la insurrección —como lección de la toma del poder en Petrogrado en 1917 (ver acá) —deja de ser un mero capricho ultra izquierdista basado en “vacuidades” y “premisas falsas” y en el desconocimiento de las superestructuras políticas de occidente.

Notas

(1) “Carta a Togliatti, Terracini y Otros”, [Viena, 9-II-1924; 2000 1 665-677], en Antología, pp. 137-138.
(2) Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, Tomo 5, Ediciones Era, 1975, p. 65.
(3) Al respecto ver el artículo de Emilio Albamonte y Matías Mahiello, “Trotsky y Gramsci: debates de estrategia sobre la revolución en “occidente””, Revista Estrategia Internacional Nº 28, septiembre de 2012, pp. 128-129.
(4) Ibid.
(5) “Resolución sobre la táctica de la Internacional Comunista. X. El Gobierno Obrero”, En: Los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista, Ediciones digitales Izquierda Revolucionaria, Transcripción de Celula2, Versión Mayo 2008, www.marxismo.org, pp. 383-385.
(6) Pierre Broué, The German Revolution. 1917-1923, Brill, 2005 [1971], p. 607, p. 718, p. 785 y p. 806.

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