Aunque los candidatos se opongan, el aborto es un derecho humano – Nair Castillo

Publicidad

En plena campaña, dos precandidatos a legisladores para estas PASO expresaron en sus declaraciones una posición antiabortista, demostrando que desconocen la legislación y jurisprudencia vigente y, a su vez, un total menosprecio hacia las mujeres.

 Mujer envase vs. mujer persona

“No defienden la vida, desprecian a las mujeres”. La frase fue uno de los puntos más contundentes del discurso de la Diputada Camila Vallejo en el debate parlamentario sobre la despenalización del aborto en Chile. Hace dos semanas, en plena sesión legislativa, la referente del Partido Comunista cuestionó a los parlamentarios que no saben diferenciar entre un cigoto, un embrión y un feto, señaló la carencia de argumentos de los denominados “pro vida”, y advirtió sobre la predominancia de sus agresiones permanentes hacia las mujeres que abortan clandestinamente en Chile – llamándolas prostitutas, irresponsables, asesinas, manipuladoras y faltas de criterio-. El proyecto de interrupción legal del embarazo en tres causales – cuando la vida o la salud de la mujer gestante corre peligro o cuando el embarazo es producto de una violación- que ahora pasó al Tribunal Constitucional, es ley en Argentina desde 1921 y fue ratificada por la Corte Suprema de la Nación en el fallo “F.A.L” del año 2012, que exhortó a implementar protocolos para la atención integral de estos casos.

Sin embargo, las declaraciones públicas realizadas por el ex ministro de Educación porteño y precandidato a senador por Cambiemos, Esteban Bullrich, en torno al derecho que tienen las mujeres en Argentina de practicarse un aborto, desconocen la legislación y jurisprudencia vigente y a su vez traducen un total menosprecio hacia las mujeres al no considerarlas titulares legítimas de Derechos Humanos. En diálogo con los periodistas del programa radial Ahora es cuando, de FM Blue, Bullrich afirmó que “la interrupción del embarazo es quitar una vida”, al tiempo que manifestó que el Estado tiene que hacer prevención a través de la educación sexual y la entrega de anticonceptivos. Casualmente, como responsable de la cartera de Educación de la Nación, el actual pre-candidato desjerarquizó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI), lo desfinanció y frenó las capacitaciones docentes. A ello se suman sus recientes manifestaciones a favor de incorporar la enseñanza religiosa en las escuelas públicas.

Al ser interpelado por el periodista Nicolás Guthmann sobre qué pasa con el derecho de las mujeres a realizarse un aborto, Esteban Bullrich sostuvo: “Ni una menos también es que si hay una beba adentro… Ni una menos. Porque también la están matando…eso es lo que yo creo, por eso mi posición en contra del aborto”. Con sus dichos, el ex ministro tergiversa el lema del movimiento de mujeres para justificar sus propias creencias religiosas, que sostienen la criminalización del aborto y que obligan a las mujeres gestantes a optar por la practica insegura de un aborto clandestino o la maternidad forzada. En las antípodas de esta postura ideológica, el #NiUnaMenos representa un grito colectivo en contra de todo tipo de violencia de género –y su forma más extrema, el femicidio- y a favor de la vida, la libertad, la autonomía y la ampliación de derechos de las mujeres (redoblando la apuesta con un ¡Vivas y libres nos queremos!), entre los que se destaca como demanda la despenalización y legalización del aborto.

En plena repercusión por las declaraciones del ex ministro de Educación, se sumaron las del precandidato a diputado por 1País, Felipe Solá, quien en el programa radial A los botes sentenció que “la mujer embarazada no es dueña de su cuerpo, hay otro ser también adentro”. Ambas declaraciones ponen de manifiesto que el debate público en Argentina aún sigue plagado de opiniones personales, creencias religiosas e ignorancia en la materia, que en definitiva traducen un profundo menosprecio hacia las mujeres al reducirlas a un instrumento de procreación sometida a fines que no son suyos, violando de esta manera su dignidad e integridad física y psíquica.

Estadísticas que traducen desigualdad

En el mundo, los abortos clandestinos constituyen el 30 por ciento de la tasa anual de mortalidad materna. Esto resulta alarmante si se tiene en cuenta que se trata de una de las muertes más fáciles de evitar si se promueve la despenalización de la interrupción del embarazo al tiempo que se democratiza el acceso al cuidado sanitario. Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), cerca de 200 mujeres mueren al día en todo el mundo al someterse a un aborto sin las mínimas condiciones de higiene y salubridad. Con más de 500.000 muertes de mujeres al año, las estadísticas sobre mortalidad materna están estancadas hace 20 años, evidenciando lo ineficaz y discriminatorio de la política criminal de los Estados en torno a la penalización del aborto.

Se estima que en Argentina se realizan entre 370 y 522 mil abortos clandestinos por año. Al tratarse justamente de una práctica clandestina, no se dispone de datos precisos y la estimación se calcula en función del número de hospitalizaciones en establecimientos públicos, producto de complicaciones relacionadas con la inseguridad de dicha práctica. El aborto realizado en estas condiciones es la principal causa de muerte de las mujeres gestantes. Se calcula que cada año más de 100 mujeres mueren producto de un aborto inseguro. La mayoría son jóvenes y pobres. Desde la recuperación democrática, estas estadísticas no han variado. Pese a la prohibición y penalización del aborto, las mujeres insistimos con ser soberanas de nuestros cuerpos y decisiones personalísimas. La denegación de este derecho ya acumula más de 3000 muertes absurdas y evitables, desde 1983 hasta la actualidad.

El aborto es un derecho humano

Los derechos humanos de las personas son intrínsecos, universales, igualitarios, absolutos, individualizados y no agregativos. Es decir, ninguna mayoría, ni el Estado, ni el bien común o valores de tipo religioso o metafísico como el “valor sagrado de la vida humana”, o el “valor abstracto de la vida potencial” pueden utilizarse para justificar su violación. Si adherimos a la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas (1), la pregunta en el debate público no debería girar en torno a si lxs candidatxs están personalmente a favor o en contra de la interrupción voluntaria del embarazo, sino qué hacer para evitar las cientos de muertes al año producidas por abortos inseguros y clandestinos.

“EL DEBATE PÚBLICO NO DEBERÍA GIRAR EN TORNO A SI LXS CANDIDATXS ESTÁN PERSONALMENTE A FAVOR O EN CONTRA DE LA INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO, SINO QUÉ HACER PARA EVITAR LAS CIENTOS DE MUERTES AL AÑO PRODUCIDAS POR ABORTOS INSEGUROS Y CLANDESTINOS”.

La teoría general de los Derechos Humanos presenta potentes argumentos para fundamentar, por un lado, reformas legislativas de despenalización, y por otro, desnudar en el debate público aquellas posturas cargadas de creencias religiosas, filosóficas y morales que en definitiva no hacen más que instrumentalizar a las mujeres, anulándolas como personas dotadas del derecho a la libertad, dignidad e igualdad. Está claro que quienes actualmente se manifiestan en contra de la despenalización del aborto lo hacen sobre la base de sostener que las mujeres una vez que quedan embarazadas pierden su condición de persona, y esto les permite exigirles el “acto heroico” que implica no sólo la prohibición de un acto (no abortar) sino la obligación a una opción de vida: la maternidad forzada. En este sentido, vale recordar que para el Comité contra la Tortura, la aplicación de las normas que penalizan el aborto constituye un acto violatorio de los Derechos Humanos básicos de las mujeres.

Por su parte, la evidencia científica que indica que el desarrollo del ser humano es un proceso gradual ha nutrido las legislaciones que regulan el aborto en el mundo desarrollado, estableciendo plazos en los que es legal practicarse un aborto. En la mayor parte de los países de Europa, el límite legal para realizarse un aborto es entre las 12 y las 22 semanas, considerando que recién en las últimas semanas de gestación se forman las estructuras cerebrales que permiten la percepción o la conciencia del dolor. En línea con la teoría de los Derechos Humanos, y teniendo en consideración los resultados de las investigaciones científicas, el debate público en torno a la regulación del aborto debe resolverse desde una perspectiva secular, con evidencias y estadísticas que exhiban la cantidad de muertes que se podrían evitar y la sistemática violación a los derechos humanos de las mujeres producto de sostener la criminalización del aborto en nuestro país.

Año a año, medio millón de mujeres se enfrentan con embarazos no deseados o que, habiendo sido buscados, luego no pueden llevar adelante. Los motivos son varios: proyectos de vida, razones económicas, familiares, emocionales, etcétera. La interrupción voluntaria del embarazo debe ser un derecho al que toda mujer pueda acceder, más allá de su condición social y económica. Lo que convierte a un aborto en una experiencia traumática y dolorosa es la clandestinidad y la inseguridad de su práctica. El acceso al aborto legal, seguro y gratuito es una cuestión de justicia social que desde el movimiento feminista reclamamos con urgencia para que NI UNA MUJER más muera en la Argentina por causas evitables.


(1) “El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”, Angela Davis.

Publicidad