Tecnología y lucha de clases – Cristian Galvan

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Con el desarrollo de la ciencia aplicada crece el debate de como las nuevas tecnologías llevadas a gran escala podrían impactar de manera sistémica sobre la producción y la sociedad.

Como consecuencia de una serie de procesos de transformaciones científicas y tecnológicas que se dieron a lo largo de la historia, tuvo lugar durante el siglo XVIII la transición de la producción manual a la producción mecanizada; emergiendo posteriormente nuevos tipos de tecnologías como la electrónica así como la tecnología digital y de la información.
En el transcurso de las décadas con el desarrollo de la biotecnología, la nanotecnología, las impresoras 3D, la inteligencia artificial y por la potencialidad de la robótica sobre la automatización masiva de la producción, diferentes corrientes fueron formulando sus posturas al respecto, basándose en la mayoría de los casos en alguna especie de determinismo tecnológico. Con una comunidad científica dividida por un lado entre críticos y por otro por positivistas y las variantes reduccionistas, entre tanto que en el plano de la política y la economia desde tecnócratas, liberales y social-demócratas hasta CEO’s de empresas tecnológicas; han propuesto aplicar de una u otra manera la tecnología a una escala sin precedentes esperando que sea por sí misma una salida a los conflictos sociales y económicos.
Actualmente con mayor repercusión a raíz del estancamiento de la productividad global a partir de la crisis económica y financiera internacional del 2008-2009.

La automatización de la producción y la clase obrera

Durante los años ’50 del siglo pasado el autor de obras de ciencia ficción y divulgación científica Isaac Asimov introducía en una saga de ficción una serie de términos científicos del que se deriva en parte el concepto de robótica, que se puede describir como formas tecnológicas de maquinas autómatas capaces de realizar diferentes tareas de la sociedad. Las “leyes” de la robótica y sus paradojas rigen desde entonces la vida entre robot y humanos en el mundo de la ciencia ficción de Asimov.
Varias décadas después ante el creciente debate a partir de los avances en el campo de la robótica y de la inteligencia artificial, la comisión de Asuntos Jurídicos del Parlamento Europeo aprobó un documento que sería una especie de “marco legal” para su regulación. El documento propone lo que serían las “Leyes civiles europeas para la robótica”.
Mientras tanto en el corazón de la producción global, los trabajadores protagonistas de enormes gestas revolucionarias, llevan adelante la continuidad de la lucha histórica por los derechos laborales y políticos desde los sindicatos y comisiones internas, y junto a las organizaciones obreras y de izquierda disputan el doble poder de los ritmos de producción y sobre los lugares de trabajo. La lucha de clases como motor de la historia que se desarrolla a la par del desarrollo de la ciencia y la técnica.
Según un análisis de 165 años de historia laboral estadounidense realizado por la Fundación de Tecnologías de la Información y la Innovación (ITIF) –apoyado por la industria tecnológica– , sostiene que Estados Unidos no experimenta en este momento niveles altos de rotación ocupacional (es decir, la generación de nuevas profesiones y la destrucción de otras existentes). La ITIF sugiere que la falta de rotación ocupacional del mercado de trabajo es uno de los factores que ha dado paso al lento crecimiento de la productividad –el valor del rendimiento de una hora de trabajo – durante la última década.

Los resultados indicarían que la tasa de rotación profesional se encuentra en un mínimo histórico. La ITIF sostiene que, puesto que la alteración laboral medida por esa métrica es pequeña, por lo tanto la tecnología no estaría teniendo un efecto tan profundo en el trabajo.
¿Es que el desarrollo de la tecnología no se vincula al modo de producción social y a las clases sociales productoras existentes de cada período histórico?
Las transformaciones tecnológicas pueden ser comprendidas como resultado del proceso de dominación del hombre sobre la naturaleza, donde las fuerzas productivas de la sociedad se desarrollan con una dinámica especial a partir de la lucha de clases y las contradicciones dadas en las relaciones sociales y técnicas de producción. Durante la producción social y el desarrollo de la técnica, las clases productoras son las que generan la materia de descubrimiento, conocimiento y transformación, las fuerzas y palancas que ponen en funcionamiento a la maquinaria civilizatoria. Si en el marco de la revolución industrial surgió la mecanización de la producción, la burguesía como clase explotadora “mecanizó” las leyes del capital como modo de producción social. Es decir que la relación del obrero con las máquinas y la producción se vieron condicionadas por la propiedad privada de la burguesía sobre los medios de producción, el aparato de represión del estado capitalista, la posición del obrero en el proceso de producción y las condiciones materiales y sociales de la producción.
En el modo capitalista de la producción la burguesía destruye fuerzas productivas, forma como producto del desempleo un ejército de reserva de mano de obra de bajo salario, sustituye con determinadas máquinas a obreros y reemplaza con nueva maquinaria las viejas líneas de producción según los intereses del capital, deteriora y controla a través de la represión y la precarización las condiciones de vida y de producción y provoca la degradación de los recursos naturales del planeta. De esta manera con el modo de producción capitalista se desarrollan también, las formas de explotación de las únicas fuentes de fuerzas de producción de la sociedad, la tierra y los trabajadores.
Actualmente hay una intensa competencia tecnológica principalmente entre Alemania, Japón y Estados Unidos. En cuanto al ratio de robots de estos países frente a trabajadores humanos, por ejemplo, en Corea del Sur sería de 478 robots por cada 10.000 trabajadores; en Japón esta cifra sería de 315; en Alemania de 292; en Estados Unidos de 164 y en China ese número sería de 36. A raíz de la crisis financiera del 2009 empresarios y funcionarios del Gobierno de China creen que una posible solución a los problemas de la economía, puede ser la transformación de los procesos de producción con el uso de la robótica y la automatización a una escala sin precedentes. En este marco, según la empresa Cambridge Industries Group (CIG) –con sede en Shangai– aspira a reemplazar a gran parte de los trabajadores con máquinas hasta que en algunos años las operaciones se ejecuten de forma prácticamente automatizada. De lograrlo, CIG conseguiría crear lo que se define como “fábrica oscura” o “fábricas de luces apagadas”, es decir una fábrica mayoritariamente automatizada. En la misma línea el gobierno de Alemania viene impulsando un proyecto de estrategia de alta tecnología con el que esperan llevar su producción a una total independencia de la mano de obra humana; de manera similar Japón y Estados unidos especulan alcanzar la automatización masiva para las próximas décadas.
En este sentido teniendo en cuenta las diferentes eventualidades, sería ilógico afirmar que con la integración a gran escala de formas de automatización de la producción habría un impedimento en la creación de nuevos puestos de trabajo; de la misma manera igual de ilógico sería negar que una gran cantidad de puestos de trabajo podrían eliminarse. Lo que implica, de todas maneras, la planificación por parte del conjunto de los trabajadores en la sociedad. Desde este punto de vista, dialécticamente, no está determinado que con el impulso de la robótica y de nuevas tecnologías se supere el modo de producción capitalista, la explotación y la sociedad dividida en clases.
Si la dirección política en la aplicación de la ciencia está limitada a las relaciones sociales de producción y propiedad, la clase trabajadora tiene el desafío de seguir desarrollando desde distintos niveles el control y el poder obrero. La tecnología como producto humano que puede transformar las condiciones de producción y también las del tiempo y la naturaleza, será de manera universal para la humanidad sólo sí la clase trabajadora emerge como clase dirigente de la sociedad; lo que depende del desarrollo revolucionario de la lucha de clases y la tendencia a la organización política y al control de los trabajadores sobre los medios de producción, la ciencia y la técnica.

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