Trump es hijo del Ku Klux Klan – Daniel Vilá

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Artículos de periódicos datados el 1 de junio de 1927 dan registro de que Fred Trump, padre del electo presidente de Estados Unidos, había sido arrestado tras una redada en un mitin del grupo supremacista blanco.

El apoyo implícito de Donald Trump a los supremacistas blancos es absolutamente coherente, si se consideran algunos elementos que los grandes medios internacionales se ocuparon de no divulgar. Solo el sitio web Fusion reprodujo artículos de periódicos datados el 1 de junio de 1927 y pulcramente fotocopiados, en los que se informa que  Fred Trump, padre del  electo presidente de Estados Unidos, había sido arrestado tras una redada en un mitin del Ku Klux Klanrealizado en Jamaica, Queens, Nueva York. El grupo había roto una promesa que le hizo a la policía: “no vestir ningún símbolo alusivo a este grupo mientras se marchaba”. Seis de los arrestados, entre los que se encontraba Trump, por entonces de 21 años, fueron representados por el mismo abogado y se les levantaron cargos por “rehusarse a dispersarse luego de recibir la orden policial”.

En verdad, la noticia -negada por el próximo mandatario estadounidense, quien alegó que su progenitor había sido confundido por los agentes actuantes- no debería causar asombro si se tiene en cuenta que David Duke, ex miembro de la Cámara de Representantes, conocido en Estados Unidos por haber sido el máximo líder de los Caballeros del Ku Klux Klan (KKK), la principal ramificación de ese grupo extremista, del que se separó formalmente a finales de la década de los 70, le otorgó un apoyo explícito en las últimas elecciones por considerarlo “por amplio margen el mejor candidato”. Consultado sobre el tema en una entrevista con la cadena CNN, Trump dijo desconocer la actividad de Duke y la de las organizaciones supremacistas blancas. Posteriormente declaró a la NBC que su respuesta se debía a que no había podido escuchar bien la pregunta del entrevistador y más tarde rechazó en Twitter  el respaldo de Duke.

Sin embargo, el candidato no podía desconocer que Duke había militado en agrupaciones neonazis. En una nota de la revista Newsweek, se lo describía con un pequeño bigotito y el cabello peinado como el de Adolfo Hitler, entre un grupo de jóvenes que lucían camisas pardas y brazaletes negros. Más tarde fundó la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente Blanca –una clara réplica a la organización negra fundada por Martin Luther King- que fue definida como “el Klan sin sábanas”.

Pero hay más aún, “The Crusader” (“El Cruzado”), periódico oficial del KKK que se define como “la voz política de la América blanca”, ha planteado abiertamente en un artículo del número previo a las elecciones y bajo el título “Make América great again” (Hacer América grande nuevamente”), lema de la campaña de Trump, su adhesión a las ideas del multimillonario racista. “¿Puede ocurrir? ¿Puede América volver a ser grande? ¡Es lo que vamos a descubrir pronto!”, dice el texto plagado de elogios a quienes fundaron una América blanca y cristiana y de diatribas contra el multiculturalismo, la inmigración, la homosexualidad. El autor de la nota, el pastor evangélico Thomas Robb, aseguró al diario Washington Post: “Por encima de todo, nos gustan sus ideas”.

No obstante, los expertos aseguran que los encapuchados presentan hoy una imagen virulenta pero han limitado –por lo menos hasta el momento- sus salvajes ceremonias y sus ataques violentos, tras la caída de muchos de sus integrantes que están presos por provocar incendios y promover golpizas o atentados con bombas. Sus agrupaciones todavía muestran cierta envergadura en el sur profundo de Estados Unidos, pero actúan de manera independiente. Empero, unirse al KKK no presenta complicaciones si se es blanco y cristiano, basta con llenar un formulario. También se pueden adquirir por Internet sus típicas batas blancas por 145 dólares. Si se las prefiere de satén, el precio se incrementa unos 20 dólares más.

 

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