Zapata, símbolo vivo de la revolución y la resistencia campesina

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En el marco del 138 aniversario del revolucionario mexicano, Emiliano Zapata, campesinos de las entidades del país recuerdan su historia y legado como un símbolo de la resistencia contra el despojo de tierras, la represión y el abuso del poder en el país, de tal manera que desde el 7 de agosto dieron inicio varias protestas y actos para manifestar sus exigencias agrarias, como presupuesto digno para el campo y la exclusión del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio.

Que el sector campesino conmemore el natalicio de Emiliano Zapata resalta la participación del caudillo en la Revolución mexicana de 1910, cuando, de acuerdo a las estimaciones, más de 90 por ciento del campesinado carecía de tierras por las leyes promulgadas durante el régimen de Porfirio Díaz.

Ante la injusticia agraria y la explotación de los campesinos, Zapata inició como defensor de las tierras comunales y destacó en Anenecuilco, donde, junto con un pequeño grupo armado, ocupó las tierras de la hacienda del Hospital y las entregó para la siembra, pues se había iniciado un litigio que prohibía a los campesinos cosechar mientras los tribunales resolvían el caso.

Al lanzarse el Plan de San Luis por Francisco I. Madero y estallar la Revolución, Zapata dudó en unirse por desconfiar de las promesas del tratado y preferir verificar que los repartos de las tierras que había efectuado como dirigente de la Junta de Villa de Ayala habían sido reconocidos y legitimados. Sin embargo, fue nombrado coronel por Pablo Torres Burgos, quien se encargaría de la dirección del movimiento en Morelos, y se adhirió al Plan.

Luego de la muerte de Torres Burgos, Zapata fue designado como el “Jefe supremo del movimiento revolucionario del Sur” e inició la toma de la ciudad de Cuautla para la repartición de las tierras y extenderse por el estado.

A pesar del éxito de la Revolución y con Francisco León de la Barra como presidente interino, en 1911 iniciaron los conflictos entre Zapata y Madero, quienes exigían la repartición de las tierras y la entrega de armas, respectivamente. Una vez Madero como presidente electo en noviembre y ante el incumplimiento de la entrega de tierras y el acoso a los campesinos, Zapata elaboró el Plan de Ayala para acusarlo de incapaz de cumplir con la reforma agraria y anunció la expropiación de un tercio de las tierras de los terratenientes, lo que originó nuevos enfrentamientos armados.

Con la derrota de Madero ante el militar porfirista Victoriano Huerta y la aparición de Venustiano Carranza y Pancho Villa al norte, la presión sobre los zapatistas aumentó, pero tras de la caída de Huerta, el país quedó en manos de los tres dirigentes, quienes no coincidían en sus ideales.

Luego de disputas por el poder, Zapata se retiró a Morelos para iniciar con la reconstrucción del estado y aplicar las reformas agrarias, mientras los villistas y carrancistas continuaban en conflicto. Sin embargo, la victoria de Carranza en 1915 provocó el recrudecimiento de los ataques contra Zapata y su ejército, quien no pudo recuperar el control del estado hasta enero de 1917.

A pesar de los intentos de Carranza de acabar con el movimiento zapatista, la lucha campesina continuaba y su dirigente se mantenía al frente, por lo que se llevó a cabo la planeación para su asesinato en la hacienda de Chinameca, donde fue acribillado por soldados.

No obstante, el campesinado no creyó que la muerte de Zapata fuera real y continuó bajo los ideales de repartición agraria y justicia para los trabajadores del campo, que, hasta el día de hoy, continúan bajo las consignas revolucionarias.

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