El regreso de “el asesino del láser”, el nacionalista blanco sueco que atacaba a inmigrantes e inspiró a Anders Breivik

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Han pasado más de 25 años desde que John Ausonius atacó a la primera de sus once víctimas en Suecia: todas migrantes o suecos con orígenes extranjeros.

Pero un cuarto de siglo después, “el asesino del láser” está de regreso en las noticias.

Ausonius cumple cadena perpetua en su país natal desde 1994 por una serie de ataques a inicios de esa década, pero un nuevo juicio en su contra empezó la semana pasada en Alemania.

El prisionero, de 64 años, es el principal sospechoso en el crimen sin resolver de Blanka Zmigrod, una sobreviviente de dos campos de concentración nazis asesinada en Frankfurt en febrero de 1992.

Y una nueva condena muy probablemente acabaría con las aspiraciones de libertad anticipada del hombre con el que Anders Breivik pareció compararse durante el juicio por la matanza de Oslo de 2011.

“Él (Ausonius) fue uno de los primeros en perpetrar ataques terroristas xenófobos de derecha, en tratar de crear miedo y caos por razones políticas”, le explica a BBC Mundo Gellert Tamas, el autor del bestseller internacionalLassermanen, traducido al español como “El asesino del láser”.

“Y hemos visto que los militantes de extrema derecha -como también pasa como los militantes islamistas- leen acerca de los que piensan como ellos, imitan sus métodos, se inspiran mutuamente”, agrega el periodista sueco.

Anders BreivikDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionSegún Breivik, las injusticias del multiculturalismo lo crearon a él y al asesino del láser.

De hecho, cuando Breivik dijo que las injusticias del multiculturalismo lo habían creado tanto a él como “al asesino del láser, en Suecia”, muchos no sabían si se estaba refiriendo a Ausonius o a Peter Mangs, un imitador que aterrorizó a la población inmigrante de la ciudad sueca de Malmo entre 2009 y 2010, heredando el apodo.

Pero si el juicio de Ausonius está siendo objeto de particular atención en Alemania, es porque se asume que el sueco también sirvió de inspiración para los asesinatos racistas cometidos en ese país por el grupo terrorista neonazi NSU entre 2000 y 2007.

Y, en su primera intervención ante el tribunal de Frankfurt, el acusado no dudó en abordar su supuesto rol en la masacre perpetrada por Breivik.

“Dijo que si Breivik efectivamente se había inspirado en él, entonces siente que tiene una responsabilidad moral“, contó Tamas.

“Si eso es verdad o sólo lo está diciendo, no lo sé”, admitió el periodista, quien lo visitó numerosas veces en la cárcel a inicios de siglo, acumulando entre 50 y 60 horas de entrevistas.

Hijo de migrantes

Entender el origen del apodo de Ausonius es fácil: para varios de los ataques que realizó en Estocolmo y Upsala entre agosto de 1991 y enero de 1992 utilizó un rifle equipado con una mirilla láser.

Cuando fue condenado, dos años más tarde, reconoció haber realizado un total de 11 ataques, incluyendo el que le costó la vida al estudiante iraní Jimmy Ranjbar.

Muchas otras de sus víctimas resultaron gravemente heridas; varias quedaron incapacitadas. Y todas compartían una característica: en palabras de Tamas, “no se veían como suecos típicos”.

Ausonius durante su juicio en Frankfurt.Derechos de autor de la imagenREUTERS
Image captionAusonius durante su juicio en Frankfurt.

Para el periodista sueco, parte de la explicación de los crímenes de Ausonius hay que buscarla en su propia historia personal, curiosamente marcada por su propia experiencia como hijo de inmigrantes.

“Su padre era suizo, su madre alemana y él es de complexión oscura, parece que fuera de Medio Oriente, lo que en la Suecia de la década de 1950 era poco común”, explica Tamas.

“Otros niños se burlaban de él, le decían negro, lo excluían de sus juegos. Así que él creció obsesionado con la idea de convertirse en un ‘verdadero sueco’“, cuenta del niño originalmente llamado Wolfgang Zaugg.

Para ello, el futuro “asesino del láser” se cambió el nombre, adoptó la nacionalidad sueca, hizo el servicio militar, compró lentes de contacto azules e incluso se tiñó el pelo de rubio.

“Y el último paso para ser ‘uno de nosotros’ en lugar de ‘uno de ellos’ parece haber sido la decisión de matar a gente que de hecho era como él, de origen inmigrante”, valora Tamas.

“Desde el punto de vista simbólico, los asesinatos fueron un intento de alejarse ‘de ellos’ para convertirse en ‘uno de nosotros’, de ser aceptado”, le dice a BBC Mundo el periodista.

Extrema derecha

El autor de Lasermannen, sin embargo, también destaca la importancia del contexto político de inicios de la década de 1990.

Para ese entonces Suecia vivía una profunda una crisis económica, marcada por la llegada al país de numerosos migrantes provenientes de la antigua Yugoslavia y la llegada al parlamento de los primeros partidos xenófobos de derecha.

Peter MangsDerechos de autor de la imagenAFP
Image captionPeter Mangs, acusado por el asesinato de tres migrantes en Malmo, también parece haberse inspirado en Ausonius.

“Ausonius fue muy claro, cuando lo entrevisté en prisión, de que a él lo inspiraron esos movimientos de derecha”, asegura Tamas.

“Me dijo que simplemente estaba haciendo lo que esos políticos decían que había que hacer: deshacerse de los inmigrantes y asustar a otros para que no vinieran“, recuerda.

Tamas considera que muchos de esos problemas siguen estando aquí, por lo que no destaca que la historia siga repitiéndose.

“Durante 10 años no tuvimos partidos populistas de derecha en el parlamento sueco y ahora los volvemos a tener, el número de ataques racistas ha aumentado hemos visto ataques contra refugios de inmigrantes. Y no sólo en Suecia”, advierte.

“Por eso me parece importante este juicio, especialmente por quién era la víctima”, dice del caso de Blanka Zmigrod, quien había sobrevivido a los campos de concentración de Auschwitz y Bergen-Belsen.

Entrada al campo de concentración de AuchwitzDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionBlanka Zmigrod había sobrevivido a los campos de concentración de Auschwitz y Bergen-Belsen.

En el momento de la muerte de Zmigrod, Ausonius se encontraba en Alemania, huyendo de la policía sueca, y reconoció haber tenido un altercado con la mujer, a la que acusaba de haberle robado un reloj marca Casio.

La pistola y municiones utilizadas en el asesinato también eran del mismo tipo de unas en poder del fugitivo sueco.

Y según la policía alemana, durante el interrogatorio al que lo sometieron en 1993 se alegró visiblemente cuando supo del origen judío de la muerta.

Sin sentimientos

Ausonius, sin embargo, niega cualquier vinculación con el caso por el que está siendo juzgado.

“Dice que admitió todos sus crímenes en 1991 y que no tiene nada que ver con este asesinato. Me lo dijo hace 10 años y lo repite ahora”, cuenta Tamas.

Pero el hombre que probablemente conoce al “asesino del láser” mejor que nadie no se atreve a emitir un juicio sobre su posible culpabilidad o inocencia.

John Ausonius en una foto de archivo de 1994.Derechos de autor de la imagenEPA
Image captionJohn Ausonius en una foto de archivo de 1994.

“La impresión que me dejó fue la de una persona completamente incapaz de empatía. Me describió sus crímenes como si me estuviera contando lo que había comprado en el supermercado”, cuenta Tamas.

“También le pregunté como se sentía con respecto a las victimas y me dijo que aunque sabía que debía sentir lastima por ellos, y que lo había intentado, pero que no podía, que no sentía absolutamente nada”, recuerda.

De la misma manera, los psicólogos que lo atendieron durante su juico en Suecia, también identificaron en Ausonius una severa falta de empatía y un pronunciado narcicismo.

“Esa una combinación tremendamente peligrosa, especialmente en una persona que sabe usar la fuerza”, dice Tamas del hombre que al momento de los asesinatos se ganaba la vida como asaltante de bancos.

“Robo aproximadamente unos 20 bancos, creo que tiene el récord de robos de bancos en Suecia“, le dice a BBC Mundo.

“Yo puedo sentir lastima por el niño que fue, sentir dolor por lo que ese niño pequeño tuvo que vivir, pero ese niño ya no existe”, concluye el periodista sueco.

Con información de BBC Mundo

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