Ucrania en 2017: aislada, con peleas internas y más alejada de Rusia

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Cuatro años después del último Maidán en Kiev, Ucrania cierra el 2017 con resultados negativos en su vida económica, política y social. El político polaco y publicista independiente Konrad Hand compartió con Sputnik su visión sobre qué es lo que no permite al país alcanzar su ‘sueño europeo’.

El 2017 comenzó en Ucrania bajo un sentimiento generalizado de preocupación debido a la llegada de Donald Trump al poder en EEUU. La entrada en vigor del régimen de viajes sin visas a la zona Schengen, presentada como la mayor victoria del Maidán, no pudo aliviar esa sensación durante todo el año, principalmente a causa de tres factores, estima Konrad Hand.

De la ‘guerra con Rusia’ a combates internos

Ucrania estuvo marcada en 2017 por una ruptura aún mayor de los lazos con Rusia. Los años anteriores, las autoridades en Kiev hicieron lo posible para romper los contactos económicos con su vecino.

El año que está a punto de terminar, ante la ausencia de victorias bélicas en el este del país, el presidente ucraniano, Petró Poroshenko, trató de ganarse el favor de grupos nacionalistas introduciendo regularmente en el país diferentes prohibiciones en el ámbito social y cultural: se cerró el acceso a las redes sociales rusas vk.com y ok.ru; se amplió la lista de películas y libros rusos vetados en el país; se endurecieron los controles fronterizos para los ciudadanos comunes rusos; e incluso se prohibió la cinta de San Jorge, símbolo de la resistencia contra el nazismo en el espacio postsoviético.

Mientras tanto, la verdadera amenaza para el actual mandatario provino de su antaño más leal aliado, el expresidente georgiano Mijaíl Saakashvili.

A Saakashvili, a quien Poroshenko invitó al país para gobernar la región de Odesa, le fue retirada la ciudadanía de Ucrania mientras se encontraba fuera del país. Dos años antes, la entrega del pasaporte ucraniano fue la razón por la que Saakashvili perdió también la nacionalidad georgiana.

En septiembre del 2017, el apátrida Saakashvili cruzó la frontera entre Polonia y Ucrania para reunir alrededor de su figura a prácticamente todas las fuerzas descontentas con la gestión del actual Gobierno.

“Debo admitir que me sorprendió la increíble falta de profesionalidad del equipo de Poroshenko. Teniendo a Saakashvili en el extranjero, lo dejan entrar en territorio de Ucrania; aislado en Leópolis, lo dejan aparecer en Kiev; detenido en Kiev, se le permitió salir y saltar por los tejados. ¿Qué hará Saakashvili a continuación? ¡Tiene que haber un límite de lo absurdo!”.

Si Poroshenko, “quien no teme bombardear a sus ciudadanos en el este del país”, no puede apresar a un indocumentado, eso significa que detrás de Saakashvili hay figuras poderosas, estima Konrad Hand. La pregunta es si esa historia es parte de un conflicto de poder interno o si se trata de intereses internacionales. En juego están las riquezas de un país en colapso, por lo que, según la valoración de Hand, los alemanes y estadounidenses estarían tratando de quedarse con la mejor parte, apostando cada cual por su respectivo favorito. Pero incluso dentro del establishment norteamericano se percibe esa división.

“Creo que en los próximos meses veremos quién ganará y qué objetivos logrará. (…) La desintegración del Estado progresará, pero muchos de los ucranianos no lo percibirán porque se han ido o están planeando abandonar el país, especialmente los jóvenes. Y esto no es para nada sorprendente”.

El incremento del saqueo del Estado

En el índice de prosperidad Legatum —que suma una variedad de factores como la riqueza, el crecimiento económico, el bienestar personal y la calidad de vida—, en el trascurso del 2017 el país perdió cinco puestos, colocándose en la posición 112 de los 149 del ‘ranking’ mundial. De esta manera, Ucrania sigue mostrando una tendencia contraria a los años previos al Maidán, cuando su posición pasó del 104 en 2009 al 97 en 2013.

Los peores resultados en este año saliente el país  los mostró en factores como la gobernanza (puesto 130 de 149), seguridad (135) y salud pública (135).

Según Konrad Hand, contrario a lo que se reclamaba en el Maidán de 2014, hoy día en Ucrania tiene lugar un mayor giro hacia la ‘oligarquización’ de la economía y el saqueo de las riquezas nacionales del Estado. En 2017 esa tendencia ha llegado hasta el punto de que miles de hectáreas de tierra han sido ocupadas por latifundistas, que “construyen sus propios imperios económicos” mientras distraen a la población con el supuesto peligro que proviene desde Rusia.

“En Kiev tiene lugar un juego de grandes capitales, de los intereses de grandes superpotencias. En estos momentos la mayoría de los políticos ucranianos son solo marionetas de las potencias occidentales y del gran capital, que juntos se dedican al saqueo del país. De ahí que el caos en Ucrania solo vaya en aumento. Hay alguien muy interesado en mantener una situación de constante caos”, pronosticó Hand.

Mientras tanto, la inminente ‘amenaza proveniente de Moscú’ estaría también destinada a camuflar y respaldar los numerosos recortes sociales que se introdujeron este año. La mayor resonancia la tuvo la reforma del sistema de pensiones y la sanidad pública, destinadas a privatizar esos ámbitos. En noviembre de 2017, la Rada Suprema —Parlamento unicameral de Ucrania— aprobó la ley de Vivienda y Servicios comunales, que otorga a los monopolios del sector más poder a la hora de establecer precios y cortar servicios a los ciudadanos.

Reducción del apoyo externo

La evolución de los sentimientos respecto a Ucrania en la opinión pública mundial tomó en 2017 una dirección poco favorable a Kiev. Desde el apoyo incondicional, la solidaridad y un gran crédito de confianza que tuvo lugar en 2014 y parecía inagotable: hoy día no quedaba rastro. Y el 2017 hizo el mayor aporte a esa tendencia.

La aprobación de la nueva ley de educación tuvo una repercusión muy fuerte entre los países vecinos. Según el documento, la totalidad de la educación en Ucrania debe realizarse exclusivamente en idioma ucraniano, lo que pone en riesgo la existencia de las escuelas de minorías nacionales. La iniciativa provocó un deterioro sustancial de las relaciones de Ucrania con países de la UE como Hungría, Rumanía o Grecia, por no decir de Rusia.

El renombramiento de calles, avenidas, parques e instituciones enteras en honor a los líderes del movimiento nacionalista ucraniano deterioró mucho las relaciones con el mayor aliado europeo de Kiev, Polonia, cuya población sufrió enormemente de manos de los nacionalistas ucranianos.

El Gobierno de Poroshenko, que se mostró partidario de Hillary Clinton durante la campaña presidencial estadounidense, parece haber perdido el favor de las autoridades actuales en Washington. Poco después de la entrada de Donald Trump en la Casa Blanca, se supo que EEUU reducirá la ayuda económica a Ucrania en un 68,8%. Tales cambios estaban previstos para el presupuesto del año 2018, introducido por la nueva Administración. A eso se le suma la decisión de Trump de suspender el régimen de comercio libre de impuestos con Ucrania, introducido en 2015 por su antecesor, Barack Obama.

Más que decepción, la comunidad occidental siente respecto al tema Ucraniano una cada vez mayor irritación, comparte Konrad Hand. Y este podría ser el combustible que alimenta las nuevas protestas en el país.

“En este caso, creo que [tras la protestas] hay un elemento que no vemos y que aseguró el éxito del Euromaidán en 2014. Yo estuve en Kiev y vi perfectamente ese circo. No era muy diferente de las protestas actuales de Saakashvili”, concluye el publicista.

Con información de Sputnik

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